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ABRAHAM LINCOLN, CAZADOR DE VAMPIROS

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Abraham Lincoln: Vampire Hunter
  • Producción
    Bazelevs Prod., Tim Burton Prod. y Abraham Prod. para 20th Century Fox (USA, 2012).
  • Dirección
    Timur Bekmambetov
  • Guión
    Seth Grahame-Smith, basado en su libro homónimo
  • Fotografía
    Caleb Deschanel (2D y 3D).
  • Música
    Henry Jackman
  • Montaje
    William Hoy
  • Distribuidora
    Hispano Foxfilm
  • Estreno
    31 Agosto 2012
  • Duración
    105 min.
  • Intérpretes
    Benjamin Walker (Abraham Lincoln), Mary Elizabeth Winstead (Mary Todd Lincoln), Dominic Cooper (Henry Sturgess), Rufus Sewell (Adam), Marton Csokas (Jack Barts), Anthony Mackie (William), Erin Wasson (Vadoma).

En el cartel de esta película el nombre del decimosexto presidente de los EEUU se ha puesto en pequeñito para resaltar, en cambio, con letras grandes el calificativo de cazador de vampiros. La Fox ha entendido el producto que iba a vender a los espectadores españoles y, a la vez, les proporciona la clave para interpretarlo. Estamos ante una historia de vampiros tomada ‘prácticamente’ en serio, aunque el libro en que se inspira el guión (por cierto elaborado por su mismo autor), en realidad, fue best-seller en Estados Unidos por constituir un divertido entretenimiento, lleno de ironía política y de humor, que fantaseaba con el vampirismo y la vida de Abraham Lincoln, el austero, noble, honrado (y casi puritano) abolicionista y defensor de la dignidad humana, un mito para los norteamericanos que lo consideran el refundador de su país al impedir la secesión de los estados sureños.abraham2

Los cinéfilos entenderán que no recomiende a los admiradores de El joven Lincoln (John Ford, 1939) que vayan a ver la película de Timur Bekmambetov (Kazajastán, 1961), el director que se hizo famoso en Rusia y en el mundo entero con sus Guardianes de noche (2004) y Guardianes de día (2006), y que ha seguido carrera en Hollywod donde ha dirigido varios títulos no excesivamente relevantes. Tampoco éste pasará a la Historia del Cine aunque haya convertido a Lincoln en un atrabiliario y obsesivo mata-vampiros. El niño Abraham achaca la temprana muerte de su madre a la mordedura de un vampiro y, en venganza, busca primero al asesino de su progenitora y luego a cualquier miembro de la noctámbula caterva. Utiliza su hacha de leñador, cuya hoja ha recubierto de plata para que sus tajos resulten aniquiladores para los chupasangres. Y, a lo largo de toda su vida, combatirá con denuedo a cualquier miembro de la abominable legión.

El culmen se alcanza cuando descubre, ya presidente de los EEUU, que los sudistas son, en su mayoría, vampiros que desean que continúe la esclavitud para alimentarse de la sangre de los negros. Eso convierte la batalla de Gettysburg no sólo en la más sangrienta de la Guerra Civil estadounidense sino también en una matanza descomunal de autóctonas «criaturas de la noche»… gracias a que Lincoln consigue fundir numerosas bayonetas de plata para que cada soldado unionista las utilice contra sus enemigos del Sur.

Esta «pasada» histórico-burlesca tendría gracia si el punto de vista del film fuera más humorístico o sardónico, con un tono más jocoso del que, por ejemplo, hacía gala Roman Polanski en El baile de los vampiros (1967). Aunque Bekmambetov no se esfuerce en hacer creer al espectador que la historia que cuenta sea verdadera, el tratamiento es de un gore atenuado, lleno de estridencias, ataques pavorosos y transformaciones faciales a toda marcha, con exhibición de colmillos y pintura roja. Las levísimas alusiones políticas –incluyendo el final– no pasan de ser meros adornos en una cinta que habría que catalogar del montón dentro de su género. Dos escenas destacan en particular: una persecución en medio de una estampida de caballos y la del tren que supuestamente transporta las bayonetas (ésta, no demasiado brillante en sus efectos especiales). El resto es convencional. La dirección no pasa de discreta, al igual que la música, subrayona y utilitaria al cien por cien, y una fotografía de Caleb Deschanel (bastante mejor en otras ocasiones) que no sabe qué hacer con la filmación en 3 D (vi la copia en este formato esperando que el hacha me segara la yugular un montón de veces pero salí vivito y coleando…).

Tampoco la interpretación pasa de discreta. Encarna al héroe americano el actor Benjamin Walker que se parece mucho a Liam Neeson y es un poquito más gordito de lo que debió ser el autodidacta Lincoln. Al interpretarlo, de su juventud a su madurez, se nota demasiado que es un joven que aparenta ser viejo. Tampoco el maquillaje le ayuda mucho. La versión en 3D parece una imposición comercial del productor más que un recurso lingüístico al que sacar partido. En fin, un fiasco que no da ni… asco.

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