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A ROMA CON AMOR

Escrito por Ángel Luis Inurria
  • Titulo Original
    To Rome with love
  • Producción
    Letty Aronson, Stephen Tenenbaum, Giampaolo Letta y Faruk Alatan (España, USA e Italia, 2012)
  • Dirección
    Woody Allen
  • Guión
    Woody Allen
  • Fotografía
    Darius Khondji
  • Montaje
    Alisa Lepselter
  • Distribuidora
    Alta
  • Estreno
    21 Septiembre 2012
  • Duración
    112 min.
  • Intérpretes
    Woody Allen (Jerry), Alec Baldwin (John), Roberto Benigni (Leopoldo), Penélope Cruz (Anna), Judy Davis (Phyllis), Jesse Eisenberg (Jack), Greta Gerwig (Sally), Ellen Page (Monica), Riccardo Scamarcio (ladrón), Ornella Muti (Pia), Alessandro Tiberi (Antonio), Alison Pill /(Hayley)

Turista accidental en la producción fílmica europea Woody Allen (Nueva York, 1935) se niega a jubilarse e insiste en su lúdica voluntad de esforzado Sísifo, convencido de poder mantener su creatividad con el simple ejercicio de su magisterio, independientemente de los fines a los que sirva. Decisión que agradecen los espectadores y despista a cierta crítica cuyo paladar pierde sensibilidad por la degustación reiterativa del mismo delicatessen.

La ilusión, el deseo, es decir, la esencia misma del hombre, siempre es motivo conductor de la conducta de sus personajes, como sucede en el presente filme reseñado, en el que asistimos a los dispares y extraordinarios avatares puntuales que suceden temporal y puntualmente a los protagonistas de las distintas historias que conforman el guión del filme. La fantasía irrumpe en la cotidianeidad, el sueño se hace realidad, se cumple el deseo soñado, hasta que desaparece y se regresa a la vulgar realidad, que es donde está la tranquilidad, pues, como la cursilería -aquí la cursilería intelectual de algunas criaturas del autor- la vulgaridad también abriga. Historias en las junto al amor/desamor, infidelidades, arrepentimientos e incluso el amor en venta, aparece una paródica aproximación a la caprichosa, absurda y efímera fama. Historias que destilan el aroma con el que Allen embadurnó guiones anteriores, y que vuelve a exprimir/homenajear como el personaje de Mónica (Ellen Page), un alter ego del papel interpretado por Dianne Keaton en Manhattan,  cuya secuencia del Planetario inspira/plagia la tormenta que aquí se desencadena en las Termas romanas.a-roma-con-amor2

Antes de seguir, será bueno señalar que A Roma con amor es una comedia, la última por el momento de su fructífero trabajo en Europa, y que pertenece a aquellas obras en las que el realizador y guionista aparece también como actor. Lo que equivale a ver a Woody Allen haciendo de Woody Allen, motivo, pretexto y beneficio para la aparición de chistes y gags, tan fáciles como ingeniosos, que subrayan y definen su propia idiosincrasia, pues siempre se confiesa, define y justifica en sus apariciones, que aquí comparte con otros actores/personajes, siendo cada uno de ellos una parte de él mismo. En cuanto a las mujeres, pertenecen a su catálogo habitual de heroínas, donde una vez más cada actriz da el físico adecuado al espíritu que la mueve, al  igual que sus actores que andan y miran a tenor de sus momentáneas emociones: el andar es fundamental, pues es el tono del cuerpo, y W.A. lo utiliza.

La novedad de que la acción transcurra en Roma, “…en Roma todo es Historia”, se nos dice al comienzo de la narración, le brinda a W.A. la oportunidad de rendir homenaje a la comedia italiana, y naturalmente homenajear (?) a su querido Fellini, que junto a Antonioni y Bergman han echado raíces en su bagaje fílmico al igual que todo el cine clásico americano, sin olvidar el slapstick y el documental. En estas aventuras romanas la ciudad tiene protagonismo pero lejos del cliché turístico, que ha sabido evitar con el método opuesto al que utilizó en Medianoche en París, ciudad esta que en el cine de Allen parece condicionar a los parisinos, mientras en la “ciudad eterna” son los romanos quines han posibilitado a la ciudad. No en vano en una de sus historias aparece un futuro arquitecto, otro alter ego de Allen, que encuentra a otro ya consagrado, que en cierto modo hace con él el mismo papel que hacía el sosias de Bogart en Sueños de seductor. Todo ello no quiere decir que no se rinda homenaje a la monumentalidad de la ciudad, pero no estamos frente a Creemos en el amor o Vacaciones en  Roma, y cuando se hace se elige la obra actual de Renzo Piano, como cuando se citan ciudades se habla de Nápoles, la del carrusel napolitano del “yo te doy una cosa a ti y tu me das otra cosa a mí”, o se cita a Pordenone, localidad donde se celebra el más extenso festival del cine silente. W.A. tiene sus gustos, no suelen ser despreciables y los pregona también en la presente película que ofrece tantas referencias cinéfilas y culturales como amplia sea la memoria del espectador, que tendrá el privilegio de asistir a la visión de unas historias  romanas, pero no sólo con romanos, desde una total perspectiva, mientras que para el guardia de trafico introductor sólo es a ras de tierra y para el vecino que cierra el filme, será aérea desde su balcón: el acelerado tráfico dela Plaza Venecia (escenario que pretexta los queridos accidentes en “off” del director) opuesto a la quietud de las escaleras dela Plaza de España (¿alguien recuerda que se filmara en ella una secuencia nocturna similar?).

Principio y final subrayado por la misma canción, “Volare”, aunque en muy diferente versión al servicio del momento de las diferentes secuencias que ilustra. W. A. vuelve a demostrar su maestría para incluir las más adecuadas canciones en sus bandas sonoras, (saca lo mejor de ellas, como de sus actores) aquí éxitos del pop italiano, aunque no olvida la ópera, ahora con la complicidad del tenor Fabio Armiliato, al que no se conforma únicamente con presentárnoslo cantando bajo la hogareña ducha, sino que le traslada bajo ella a los mismísimos escenarios. Una de las gozosas secuencias presentes en este aparentemente ligero filme, uno más entre las amables comedias de Woody Allen, que no es culpable, aunque sí responsable, de cocinar el mismo pastel  con distintos ingredientes, al tiempo que puede utilizarlos para elaborar otro de gusto diferente. Todo depende del tiempo de cocción y la atmósfera del escenario elegido. ¡Salve, Woody!  

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