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DE ÓXIDO Y HUESO

Escrito por Pedro Miguel Lamet
  • Titulo Original
    De rouille et d'os
  • Producción
    Why Not Productions, France 2 Cinéma, (Francia, Bélgica, 2012)
  • Dirección
    Jacques Audiard
  • Guión
    Jacques Audiard y Thomas Bidegain; basado en la novela “De rouille et d’os"
  • Fotografía
    Stéphane Fontaine
  • Música
    Alexandre Desplat
  • Montaje
    Juliette Welfling
  • Distribuidora
    Vértigo Films
  • Estreno
    14 Diciembre 2012
  • Duración
    120 min.
  • Intérpretes
    Marion Cotillard (Stéphanie), Matthias Schoenaerts (Alain van Versch), Céline Sallette (Louise), Bouli Lanners (Martial), Armand Verduse (Sam), Corinne Masiero (Anna), Jean-Michel Correia (Richard)

El sufrimiento une  líneas divergentes y, superado, convierte la materia en espíritu y el  mero sexo en amor.

de-oxido-y-hueso2El autor de Un profeta y De latir mi corazón se ha parado, Jacques Audiard, ha saltado tras veinte años como realizador del thriller puro y duro a un drama romántico a medio camino entre el film francés de culto y la película americana underground. Se ha enfrentando, en una palabra, con un tema casi tabú para la sociedad del bienestar: el amor que surge del dolor.

En base al cuento pup del estadounidense Craig Davidson De rouille e d’os, nos sitúa en un tren que viene del Norte hacia la Costa Azul con sólo dos pasajeros en el vagón, un padre atlético y  marginal y un niño, ambos hambrientos. El padre, Alí,  apenas conoce a su hijo, pero, como ha de cuidar de él, se lanza a buscar ubicación en el garaje de la casa de una hermana que vive en Antibes. Antiguo luchador, encuentra trabajo como vigilante de discoteca, donde se cruza con Stéphanie, una joven que trabaja como entrenadora de orcas amaestradas en un parque acuático. Parecen dos  figuras paralelas que nunca podrían llegar a encontrarse. Él, además de pobre, es elemental, casi simiode, sin más cultura que su instinto y su intuición primitiva y solitaria. Ella, fea-hermosa con  trabajo y pareja estables, llena de matices. Se intercambian los teléfonos y se separan, hasta que durante el espectáculo una orca amputa las piernas a Stéphanie.

La historia da un vuelco, Stéphanie, en silla de ruedas, pide auxilio. Entonces Li, desde su elementalidad de “buen salvaje” le da lo que puede: la trae y la lleva, la zambulle en el mar, le abre ventanas al mundo de fuera, sacándola poco a poco de la depresión. Del servicio amistoso de cuidador forzudo pasan a una relación sexual donde manda el desahogo, sin que se comprometan ni en apariencia brille amor alguno. Mientras Li mantiene una relación poco comprometida con su hijo, cuya educación cae sobre todo en las espaldas de su hermana, y lucha como un lobo salvaje y  solitario en peleas clandestinas se complica en otras circunstancias extralegales. Sólo una situación límite con el pequeño le hará despertar al amor. Entonces las líneas paralelas se juntan.

Lo que argumentalmente podría ser un melodrama bastante previsible es, en realidad, por la crudeza y materialidad de la realización de Audiard, un drama romántico, con diversas lecturas. Obviamente muestra una cara sociológica y olvidada de marginales de la Costa Azul; pero además se adentra en los matices de relaciones humanas muy de hoy. El padre inexperto, que tiene accidentalmente un hijo, que le supera, le saca a duras penas de su mundo egoísta y descomprometido. La penuria económica de supervivencia del inmigrante con trabajos basura y/o delincuencias baratas. El sexo como escape de una sociedad agobiada. La precariedad de las relaciones de pareja sin alma y ocasionales. Pero, sobre todo, el análisis poco común del dolor redentor. De óxido y hueso es un canto al sufrimiento como talismán secreto para crecer como persona y alcanzar la maduración del amor, o si se quiere, al dolor superado saca espíritu de la materia. El film no sólo hace converger a “la bella y la bestia”, sino dos amores casi impuestos e irreconciliables en triángulo con el  niño sobrevenido y la mujer imposible.

La película, que no arrancó aplausos en Cannes, desde el quehacer carcelario de su director, rompe los esquemas narrativos. Avanza a trompicones, se alarga, se acorta, parece que en momentos se desvía de su objetivo, como si tuviera fallos de guion. Quizá ese fallo sea su virtud narrativa para, con una mirada muy cósica, retratar la dureza de la vida sin concesiones, si no son las eróticas, que tampoco lo son por su dramatismo, pese a la morbosidad de la falta de piernas de la protagonista. Quizás por esa razón, De óxido y de hueso es una obra admirable, rigurosa, original, pero no redonda. La fotografía, la realización y sobre todo la interpretación, honda  en su minusvalía, de Marion Cotillard y, en su naturalidad, de Matthias Schoenaerts, consiguen hacer vivir a los personajes.

¿Qué falta? Emoción, pues la historia, en su crudeza no llega a conmover. El guion, en su planteamiento previsible. Y quizá un alargamiento innecesario del metraje que diluye la historia. Por lo demás alcanza momentos cumbre, como la reconciliación de Stéphanie con la orca tras el cristal del gran acuario, o su liberación al encuentro del mar en la playa. En todo caso es un film distinto, a no perder, sobre los caminos insospechados del amor  y la superación del ser humano en medio de una sociedad que, a decir verdad,  mayoritariamente los desprecia.

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