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DEAD MAN DOWN

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Dead Man Down
  • Producción
    IM Global, WWE Studios, Automatik, Frequency Films y Original Film (EE.UU., 2013)
  • Dirección
    Niels Arden Oplev
  • Guión
    J.H. Wyman
  • Fotografía
    Paul Cameron
  • Música
    Jacob Groth
  • Montaje
    Timothy A. Good y Frédéric Thoraval
  • Distribuidora
    eOne Films
  • Estreno
    24 Mayo 2013
  • Duración
    118 min.
  • Intérpretes
    Colin Farrell (Victor), Noomi Rapace (Beatrice Louzon), Isabelle Huppert (Valentine Louzon), Terrence Howard (Alphonse), Dominic Cooper (Darcy).

dead-man-down2Dos personas deseosas de venganza se unen para conseguir sus propósitos.

La idea nuclear del guion recuerda vagamente a Extraños en un tren (Hitchcock, 1951). Aquí, Víctor, un emigrante húngaro en Nueva York, ha urdido un maquiavélico plan para llegar hasta Alphonse, el brutal jefe de unos gángsteres neoyorquinos, que se dedican a «desalojar» por las buenas o las malas pisos de alquiler en edificios que una compañía pretende comprar y rehabilitar. Primero acaban con su hija de cuatro años y, casi a continuación, con su mujer. Él también es dado por muerto, así que asume una nueva identidad y logra infiltrarse en la pandilla de asesinos con la finalidad de dar muerte a Alphonse y ver cumplida su ansiada venganza.

Víctor vive enfrente de Beatrice, una chica de madre francesa, a la que saluda por la ventana. Ésta ha visto cómo Víctor asesinaba a uno de los sicarios de Alphonse, así que se hace la encontradiza y lo chantajea. A cambio de su silencio le pide que mate al ricachón que la ha atropellado borracho, que ha burlado la Justicia con una condena de sólo tres días de cárcel y ella, en cambio, con unas cicatrices en la cara que la afean y le impiden trabajar en el salón de belleza donde estaba empleada. De esta forma podrán más fácilmente acabar con sus odiados enemigos y no ser descubiertos por la policía. Beatrice que, al principio sólo pretende hacerse con los servicios de un asesino gratis, muy pronto empieza a sentirse atraída por el húngaro.

El asunto podría haber sido interesante si se hubiera cambiado y estructurado un poco mejor el guión. Pero el escritor y productor J.H. Wyman, urdidor de la trama, no ha reparado en minucias psicológicas o plausibilidad de las conductas y así ha preparado un «artefacto» que funcionara siempre hacia adelante, sin darnos sino a brochazos (algunos muy poco consistentes) algunos elementos del pasado de los personajes principales. Si, al terminar la proyección, uno reflexiona sobre lo que acaba de ver, de inmediato percibe las numerosas inconsistencias dramáticas y psicológicas de que adolece el argumento. Es una pena porque con un poquito de trabajo adicional se podrían haber sorteado ciertas incongruencias e inverosimilitudes.

Pero, para remate, Niels Arden Oplev, el director de la primera entrega sueca de la trilogía Millennium, debuta en EEUU con este film para el que ha elegido como protagonista a la Noomi Rapace que dio rostro definitivo a la Lisbeth Salander del best-seller. La actriz, que no es joven, no parece la más adecuada para el papel, porque su rostro, ya de por sí anguloso y poco atractivo, no se ve «excesivamente» perjudicado por las cicatrices que la afean en su personaje de Beatrice. Por otra parte, no existe química alguna con Colin Farrell, su antagonista, hasta el punto que no te crees que entre ellos pueda surgir el idilio. Por último, Oplev da la impresión de querer demostrar que sabe rodar dentro de los actuales estándares de Hollywood y mete una balacera por aquí, una persecución en coches por allá, y la película, en vez profundizar en su dimensión «negra» de drama pasional, se mete en vericuetos de los que no sabe salir. Ésta no es una película de tiros y mamporros, ni de pandilleros, es la historia de una doble venganza. Y por eso, el film acaba por desmontarse él sólo. Es decir, a partir de un cierto momento, se deshace en pedazos… ante nuestros ojos. Hay otro error de casting: la presencia de Isabelle Huppert en el papel de madre de Beatrice. La gran actriz francesa está fuera de sitio y su papel de mujer sorda y cómplice de su hija es uno de los más desafortunados del reparto. Chirría a menudo, cuando debería estar ahí para dar realismo y verdad a un relato ya de por sí artificioso.

No ha comenzado con buen pie su carrera americana el sueco Oplev, pero es director de muchos seriales televisivos en su país, así que, de no encontrar acomodo en el cine, tiene a mano las series televisivas de corte criminal que abundan en los canales norteamericanos. 

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