.

7 CAJAS

Escrito por Francisco M. Benavent
  • Producción
    Maneglia – Schémbori Realizadores (Paraguay, 2012)
  • Dirección
    Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori
  • Guión
    Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori
  • Fotografía
    Richard Careaga
  • Música
    Fran Villalba
  • Montaje
    Juan Carlos Maneglia y Juan Sebastián Zelada.
  • Distribuidora
    Vértigo
  • Intérpretes
    Celso Franco (Víctor), Lali Gonzalez (Liz), Nico García (Luis), Mario Toñanez (sargento Osorio), Nelly Davalos (Tamara), Roberto Cardozo (Gus).

7-cajas2En la gastronomía hay tres placeres: comprar, cocinar y comer. El mercado de abastos alberga al primero de ellos, siendo un lugar de encuentro vivo, frenético y competitivo. Un mercado y todo lo que engloba refleja bien la idiosincrasia de cualquier comunidad, convirtiéndose en un recurso muy cinematográfico por sus posibilidades visuales y dramáticas. Algunos de ellos han alcanzado la categoría de "dramatis personae” en diversas producciones de ficción: el bonaerense de la avenida Corrientes en Mercado de abasto (1954); el de Les Halles, glosado por Zola en "El vientre de París" (y barrio donde nació René Clair, cuyos padres eran tenderos), es un decorado indisociable de Irma la Dulce (Irma la Douce, 1963); el igualmente desaparecido Covent Garden de Londres sirvió a Hitchcock para ambientar Frenesí (Frenzy, 1972) (su padre por cierto tuvo en él una pollería cuando el cineasta era aún un niño); el barcelonés de La Boquería era un escenario destacado en Nudos (2002); por el atestado Gran Bazar de Estambul se movían los protagonistas de Un toque de canela (Politiki Kouzina, 2003) o los de The International: dinero en la sombra (The International, 2009)... Es un recinto que aparece igualmente retratado en varios documentales culinarios: los latinoamericanos de Qué culpa tiene el tomate (2009), el gigantesco mercado de pescado Tsukiji en Tokyo al que se alude en Jiro sueños de Sushi (Jiro Dreams of Sushi, 2011), etc. Lugares tradicionales que por desgracia el paso del tiempo los lleva a ser demolidos –Ferreri utilizó el solar de Les Halles para rodar No tocar a la mujer blanca (Touche pas a la femme blanche, 1974)- o a reconvertirse para otros usos, arrinconados por los modernos centros comerciales y las grandes superficies.

            Este thriller, formato al que también recurre la reciente y parecida cinta colombiana Sanandresito (2012), se desarrolla por las entrañas de uno de los más bulliciosos y populares de Sudamérica, el Mercado Municipal número 4 de Asunción, conocido simplemente como el Mercado 4. Es el más grande y concurrido de la capital paraguaya (aunque los cercanos de Ciudad del Este tampoco le van a la zaga), ocho manzanas de calles abigarradas y laberínticas, abarrotadas por puestos de comerciantes que venden de todo lo imaginable, desde remedios ancestrales hasta el último aparato tecnológico. Un tráfago que concita cada día a miles y miles de compradores, de mirones, de marginados, de gentes de toda procedencia incluídos coreanos o árabes, no faltando la prostitución y el tráfico de drogas en sus rincones más lóbregos.

            En abril de 2005 (año que en el que Paraguay vio salir los primeros teléfonos celulares con cámara), Víctor es un muchacho que trabaja de carretillero por ese caótico Mercado 4, esperando ganar unas monedas a cambio de acarrear bultos. Quiere el dinero para comprarse uno de esos novedosos móviles, y sueña también con dejar atrás sus orígenes humildes, salir en televisión y ser famoso. La ocasión irrumpe cuando los hombres de una carnicería le ofrecen cien dólares a cambio de una labor sencilla: cargar en su carretilla siete cajas y dar vueltas por el mercado a la espera de que la policía deje de husmear por el lugar. Las complicaciones no tardan en aparecer: le roban parte de la mercancía, los policías andan al acecho, se desata un incendio, el carretillero que en principio se iba a encargar del trabajo lo pone en su punto de mira, los propios carniceros que estallan en ira al ver la forma en que sus oscuros negocios se pueden venir abajo… Como sucedía en Corre, Lola, corre (Lola Rennt, 1998), el chaval se ve obligado a salir por piernas y sobrevivir en esa jungla de asfalto, huída hacia adelante a lo largo de una larga e intensa noche en la que apenas contará con la compañía de una joven amiga.

Tan intrincado como las angostas calles por las que discurre, el guión de la película se va abriendo paulatinamente, aprovechando ese McGuffin sobre ruedas que son las misteriosas cajas para ir desvelando las relaciones entre todos los personajes. Fue rodado en plan guerrilla a lo largo de 2010 en las galerías del propio mercado asunceño, sobre todo de noche (la luz es natural en casi todos los planos), con actores no profesionales y la propia gente haciendo de extras involuntarios, captando con agilidad y realismo la vida cotidiana del lugar. Algunos momentos, como el de la furgoneta con el cadáver y el travestido, son dignos de Buñuel o de los hermanos Coen. En el otro lado de la balanza, la película se resiente de su falta de medios (el presupuesto fue escasamente de 600.000 dólares), de personajes que aparecen en el último rollo, de transiciones débiles para alcanzar la siguiente secuencia (cercanas al "deus ex machina") y de un protagonista que no llega a alcanzar la talla de otros en la misma tesitura, v.g. el de la magnífica Fresh (1994), cinta con la que la presente mantiene muchos puntos de contacto. Se echa en falta también una mayor profundidad en la descripción de ese peculiar microcosmos sobre el alma paraguaya, decantándose la historia más por el artificio del thriller en vez de ahondar en la descripción de los comportamientos humanos más sórdidos, elevando a categoría universal la anécdota vernácula.

7 cajas la han dirigido en comandita Juan Carlos Maneglia (1966) y Tana Schémbori (1970). Ambos son licenciados en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Católica de Asunción. En 1996 fundaron Maneglia-Schémbori Realizadores, una productora audiovisual dedicada a la creación de anuncios, cortos y series para televisión. Ella, procedente del teatro, se ha encargado de la parte actoral, mientras que su compañero se ha dedicado al trabajo visual y de cámara. El origen de su proyecto lo sitúan en 1991, con ocasión de un trabajo de investigación periodística que consistió en pasar una noche en el Mercado 4, un escenario que encontraron "fascinante para hacer una película". Su historia ha tenido bastante éxito, no sólo el comprensible en su país, sino a nivel internacional. Ello a pesar del impedimento de los subtítulos, ya que está hablada en yopará, mezcla del guaraní con el castellano. Quedo finalista a los Premios Goya en la categoría de mejor película iberoamericana, y ha pasado por varios festivales -Miami, Palm Springs, Toronto, Chicago- y sobre todo por el de San Sebastián, certamen cuya sección "Cine en Construcción" aportó los fondos necesarios para hacer la postproducción. Una vez terminada, los cineastas volvieron con ella, ganando el Premio de la Juventud.

Su estreno ha servido para resaltar la cinematografía del Paraguay, país de escasa producción audiovisual y apenas reflejado por el cine. Desde fuera, por sus tierras se han ambientado películas como Un hombre en guerra (One Man's War, 1990), de Sergio Toledo, con Anthony Hopkins en el papel de un médico estadounidense que denuncia las atrocidades cometidas por la dictadura del general Stroessner; Desencuentros (1992), cinta helvética dirigida por Leandro Manfrini sobre la vida del sabio suizo Moisés Bertoni; o La mision (The Mission, 1996) de Roland Joffé.

Sacar adelante allí una película es una labor paciente y titánica, ya que no hay infraestructura, ni ayudas del gobierno, ni legislación, ni laboratorios, ni escuelas de cine. Paraguay ha producido a lo largo de su historia 45 largos, treinta de ellos de ficción y el resto documentales, a cargo de un puñado de realizadores entusiastas: Paz Encina, Galia Giménez, Hugo Gamarra, Ramón Ramoa Salcedo, Manuel Cuenca, Darío Cardona, Gustavo Delgado, Enrique Collar, Hugo Cataldo, Renate Costa, Leticia Coronel, Luis Aguirre, Mauricio Rial,... Dejando atrás los filmes mudos de Ernesto Gunche e Hipólito Carrón, Cerro Corá (1978) de Guillermo Vera, fue el primer largo de producción integramente paraguaya. Rodado en 35 milímetros, su visión sobre la guerra de la Triple Alianza contó con el beneplácito unánime de la dictadura estronista. Le seguiría El secreto de la señora (1989), de Hugo Gamarra, y Miss Ameriguá (1994), de Luis R. Vera. El éxito comercial de María Escobar (2002) de Galia Giménez ha supuesto el inicio de la etapa de continuidad en el cine del país, descollando en los últimos años títulos como La hamaca paraguaya (2006) de Paz Encina, Felipe Canasto (2010) de Dario Cardona Herreros, Semana capital (2010) de Hugo Cataldo o Libertad (2012) de Gustavo Delgado.

 

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.