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ZONA LIBRE

Escrito por Sergio F. Pinilla
Road movie feminista y estilosa, que atestigua el fenomenal momento por el que atraviesa su autor.
 
En esta excepcional y arriesgadísima última película del realizador israelita Amos Gitai puede apreciarse cómo la suma de talentos en ocasiones sirve para potenciar el resultado artístico. Es Zona libre una película de carretera protagonizada por mujeres (y, ¡qué actrices!: Natalie Portman, Carmen Maura, Hiam Abbas y Hanna Laslo, acreedora del Premio a la Mejor Actriz en Cannes 2005), en la que Gitai se atreve con espíritu suicida a explorar las posibilidades que le otorga el medio cinematográfico -es importante recordar que el israelita comenzó su carrera haciendo documentales, herencia que nunca ha dejado de vislumbrarse en su cine- para contar de manera libre uno de esos viajes donde lo que importa no es tanto a dónde se llegue, sino cuál ha sido el lugar de partida y cuál puede ser el sentido final de ese recorrido para cada uno de sus participantes.
 
Rebecca es una joven americana que lleva unos meses viviendo en Jerusalén, y que acaba de romper con su novio cuando coge el taxi de Hanna. Ésta es una mujer israelí, que debe ir a Jordania, a la Zona Franca (zona fronteriza, entre Jordania, Egipto, Irak, Siria e Israel, en la que los habitantes de estos países establecen relaciones de libre comercio) a recoger una importante cantidad de dinero.
Pero cuando llegan a su destino, Leila, una mujer palestina, les explica que el hombre con el que habían quedado no está, y que el dinero ha desaparecido. Este argumento encadenado, que se enmadeja a medida que progresa la narración y van entrando nuevos personajes en la misma, se va enriqueciendo con la descripción psicológica de cada uno de los personajes, para las que Gitai articula soluciones estilísticas sorpredentes, que merecen sin duda un análisis más pormenorizado.
 
La primera secuencia es un plano del perfil, sostenido durante más de cinco minutos, de Natalie Portman llorando en el interior de un coche, mientras fuera empieza a llover. Emocionalmente tan intenso (aunque mucho más enigmático) como el plano final de Viva el amor, de Tsai Ming-Liang, y extremadamente minimalista, al jugar con unos pocos elementos: el rostro (en uno de los puntos fuertes de la composición), la ventanilla que se abre y se cierra (en el otro), las lágrimas, las gotas de lluvia que se mezclan con éstas. Un manejo de los elementos presentes en el cuadro que se aproxima a la maestría del iraní Kiarostami (hablar de las similitudes de la primera parte de esta película con Ten es inevitable), y cuya continuación proporciona la explicación a lo que hemos visto por medio de unos pertinentes flash-backs. El pasado inmediato de Rebecca nos es revelado por Gitai a través de unas transparencias, que se conjugan con el viaje en taxi de una manera eficaz y lírica, constituyéndose en otra manifestación más de la audacia de Gitai en esta película, a la altura de sus mayores logros, como Kedma (quizás la película con la que Zona libre tenga más puntos en común), y Promised land. Sin embargo, los motivos del viaje de Hanna son mucho más traumáticos: en la relación de su pasado Gitai afronta de nuevo el horror del terrorismo, mediante unos planos de una negrura con parangón en el Leviatán que Michael Haneke ilumina para El tiempo del lobo. Es la visión de una encrucijada sin salida, de un mundo sin futuro, que se ofrece en contraste con la “Zona Libre”, lugar donde los enemigos comercian, metáfora del factible entendimiento entre los pueblos (curiosamente allí donde no hay impuestos ni aduanas, donde los poderes –económicos- no existen, más allá de la voluntad individual).
 
No es casual el relacionar al cineasta de Haifa con todos estos apóstatas de la modernidad cinematográfica, de hecho pienso que Gitai debería ser incluido entre los mismos, más aun cuando lleva su película mucho más allá, y no se decide a concluirla de una manera convencional, sino que lo hace mediante un presente continuo en el que las últimas dos ocupantes del taxi, la palestina Leila y la israelita Hanna, se pierden discutiendo en el horizonte del asfalto, en lo que debería servir como ejemplo para la solución de las controversias y de los odios entre los pueblos. Y es aquí donde el estilo libérrimo y ecléctico de Gitai confluye con un mensaje ultramoderno, pacifista, que ha servido incluso para que el Gobierno jordano haya permitido que una película israelí se ruede en su territorio, con la cooperación de la Comisión Real de Cinematografía; y que interpretado por mujeres le proporciona todavía un espíritu más trasgresor.
 
Zona libre es una película mayor, que no debería caer en el olvido ni por su contenido ni por su radical manera de contarse.

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