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¿QUÉ HACEMOS CON MAISIE?

Escrito por José A. Planes Pedreño
  • Titulo Original
    What Maisie Knew.
  • Producción
    Daniela Taplin Lundberg, William Teitler, Charles Weinstock y Daniel Crown (Estados Unidos, 2012).
  • Dirección
    Scott McGehee y David Siegel.
  • Guión
    Carroll Cartwright y Nancy Doyne; basado en la novela de Henry James.
  • Fotografía
    Giles Nuttgens.
  • Música
    Nick Urata.
  • Montaje
    Madeleine Gavin.
  • Distribuidora
    Filmax.
  • Estreno
    24 Enero 2014
  • Duración
    99 min.
  • Intérpretes
    Julianne Moore (Susanna), Alexander Skarsgård (Lincoln), Steve Coogan (Beale), Onata Aprile (Maisie), Joanna Vanderham (Margo).

Lúcidas ráfagas e indicios de un desmoronamiento familiar desde el punto de vista de una niña

Hubiera bastado una traducción exacta del título original, What Maisie knew, es decir, Lo que Maisie sabía, mucho más sutil y sugerente que el explícito y elemental ¿Qué hacemos con Maise?, que puede generar equívocos en el potencial espectador, y más si pretende conceder una oportunidad a la película en función del interés que le pudiera despertar el planteamiento argumental. Como tantas veces sucede, nada más inútil para entrever la realidad de este film que efectuar una rápida lectura de su sinopsis, que gira en torno a los avatares de una niña de seis años tras el divorcio de sus padres y sobre la relación que establece con sus respectivos padrastros, pues –y este es un dato esencialísimo– sus progenitores no tardan ni un santiamén en buscarse nuevas parejas. Por tanto, la traducción oficial del título y sus líneas argumentales básicas arrojarían a este largometraje al cubo de los melodramas de la peor calaña, aquellos que se hacinan en las horas de sobremesa de los canales televisivos. El rostro fotogénico de los niños es, muy a menudo, la vía de muchas de estas películas para aventurarse con las artes más rastreras en el ámbito del terrorismo emocional, de la exaltación del sufrimiento y el ternurismo a cualquier precio. No es el caso, ni muchísimo menos, de esta producción dirigida al alimón por Scott McGehee y David Siegel, realizadores de cuatro trabajos anteriores no demasiado celebrados: Suture (1993), En lo más profundo (2001), Las huellas del silencio (2005) y Uncertainty (2009). A partir de ahora, sus nombres no volverán a pasarnos desapercibidos.

que hacemos con maisie-cartel-5161¿Qué hacemos con Maisie? se embarca en una empresa estilística que la aleja de los infames territorios antes señalados, pues guión y puesta en escena funcionan al unísono para acercarnos a unas peripecias siguiendo escrupulosamente el punto de vista de Maisie, de tal forma que nunca vemos en la pantalla un abordaje explícito y directo de los rasgos del difícil escenario de la pequeña tras el desmoronamiento del matrimonio de sus padres. Magníficamente ensamblados y ordenados en una narración de extraordinario pulso, la película resulta una conjunción de lúcidas ráfagas, indicios y acontecimientos que, siempre desde el ángulo de lo que presencia la protagonista, generan un paisaje familiar ante el que el espectador no puede dejar de enfurecerse.

Y no puede dejar de hacerlo no porque Maise devenga en depositaria de los excrementos verbales que los ex conyugues se arrojan recíprocamente –que también–, sino porque su vida ingresa en un tiovivo de personas que entran y salen, promesas incumplidas, largas y dolorosas esperas, y abundantes resquicios del mezquino comportamiento de sus padres. Pero, en medio de todo eso, el rostro de la protagonista, que da vida la extraordinaria Onata Aprile, no produce el más mínimo gesto de conmiseración; su mirada es, en cambio, la de una impávida observadora que atestigua la inmadurez de los adultos que la rodean. Y es, asimismo, la mirada de quien resiste contra viento y marea esta cadena de inclemencias sin rencor ni resignación. A su tierna edad, Maisie, como sugiere el film en dos escenas nucleares, es todavía una criatura que se deja llevar del mismo modo que esos pequeños veleros que navegan en el lago del parque al que acude asiduamente. En este punto son inevitables las reminiscencias de otras radiografías infantiles como Alemania, año cero (Roberto Rossellini, 1948), La noche del cazador (Charles Laughton, 1955), La piel dura (François Truffaut, 1976), La habitación silenciosa (Rolf de Heer, 1996), Ponette (Jacques Doillon, 1996), Secretos del corazón (Montxo Armendáriz, 1997) o la reciente Tomboy (2011). En todas ellas resulta fascinante observar la evolución en la expresión de los niños protagonistas, como también en ¿Qué hacemos con Maisie?

Pero la película nos reserva una sorpresa más cuando el interés empiece a extenderse hacia las nuevas parejas de los padres de Maisie, Lincoln y Margo. Inicialmente los creemos figuras fantasmales cuya función será insignificante en los derroteros de la historia, sin embargo, lo cierto es que empiezan a adquirir relieve y, con ellos, el film se abre a una inteligente dimensión metafórica acerca de los límites de eso que se viene llamando familia tradicional. Así pues, Lincoln y Margo van ganando grosor a medida que avanza el metraje y, en este sentido, resulta también fascinante observar cómo, con pequeñas pero certeras pinceladas, se van adueñando de la pantalla. Al igual que Maisie, también son víctimas de la inmadurez y la mezquindad. La pulcritud y la delicadeza de los cineastas son decisivas para evitar que el nuevo giro melodramático en que participan incurra en un desmelenamiento amoroso del tres al cuarto. La felicidad final, de hecho, será mucho más suya, nos tememos, que la de la pequeña. Huelga decir que, además de la citada Onata Aprile, la película no sería la misma sin el juego interpretativo que se establece entre Julianne Moore, Steve Coogan, Alexander Skarsgård y Joanna Vanderham. Los dos primeros, dotan de humanidad a sus antipáticos personajes; los segundos, siempre contenidos, dejan entrever, como Maisie, sus ocultas necesidades afectivas. 

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