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ÄRTICO

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Producción
    Gabriel Velázquez para Escorado Producción (España, 2014)
  • Dirección
    Gabriel Velázquez
  • Guión
    Gabri Velázquez, Carlos Unamuno, Manuel García y Blanca Torres
  • Fotografía
    David Azcano
  • Música
    Eusebio Mayalde y Pablo Crespo
  • Montaje
    Blanca Torres
  • Distribuidora
    Pirámide Films
  • Estreno
    27 Junio 2014
  • Duración
    78 min.
  • Intérpretes
    Víctor García (Jota), Juanlu Sevillano (Simón), Débora Borges (Debi), Lucía Martínez (Lucía), Alba Nieto (Alba)

artico-cartelMirada certera sobre jóvenes desnortados y diagnóstico de la crisis con el riesgo de no sintonizar con muchos espectadores.

            Fiel a su estilo frugal –en diálogos, en música, en explicitudes- y a su espacio de la ciudad de Salamanca en los márgenes del Tormes, Gabriel Velázquez acentúa las aristas ya presentes en Iceberg o en Amateur de soledad y pesimismo para decantarse por el drama trágico en su retrato de jóvenes prófugos del autoritarismo paterno y supervivientes a duras penas con huidas hacia delante. El director considera que, con las dos citadas, Ärtico forma una trilogía “sobre uno de los grandes dilemas de la vida ‘Familia versus soledad’” y, aunque este tipo de clasificaciones siempre haya que tomarlo con reservas, ciertamente hay en los tres títulos una mirada y una preocupación sobre la soledad de jóvenes desnortados.

            El relato es un semidocumental de observación de las vidas de dos jóvenes amigos (Jota y Simón, ya presentes en Iceberg) y sus novias Debi y Alba, respectivamente. Jota malvive junto al río, carece de familia cerca, pero encuentra un horizonte en la vida cuando se enamora de Alba y se ilusiona ante la posible paternidad, por ello prepara una casita en el campo; por el contrario, Simón vive con su novia y con un niño común, pero no está enamorado, se encuentra incómodo en casa de sus padres y, como enuncia su retrato, “Tener un hijo a los 16 me arruinó la vida”. Todos se buscan la vida con trapicheos, trabajos esporádicos (conducción de caballos o de cerdos ibéricos) y actividades legales o ilegales; y sus relaciones siempre son deficitarias, pues la violencia (del padre hacia el hijo, del novio hacia la novia) asoma en cualquier momento. Mucho más allá de contar una historia, a Velázquez le interesa hacer un retrato de esos jóvenes, por ello el relato se fragmenta en partes encabezadas por un rótulo con el nombre propio de cada uno de ellos. En ese retrato, que destila autenticidad por los cuatro costados, queda patente la pobreza económica, la falta de horizontes profesionales, de ilusiones o de cualquier futuro mínimamente planificado. Y, por el contrario, se subraya la pobreza cultural (educativa, intelectual) que les impide darse cuenta del callejón sin salida en que viven, del error a medio plazo de las actividades delictivas y de la necesidad de alguna salida a la situación tan miserable en que se encuentran. Pero, sobre todo, lo que queda patente en Ärtico es el déficit afectivo, la falta de autoestima y el agujero en las tripas de quienes no se sienten queridos o carecen de apoyo sentimental en sus vidas. Estos dos elementos –la condición de retrato y los jóvenes con formación deficiente como protagonistas- son comunes a Hermosa juventud, la película de Jaime Rosales que hace, también, un retrato amargo de la generación de la crisis.

            El director conoce bien el medio social y el territorio de barriadas próximas a la capital salmantina y de grupos sociales (mercheros, quinquis…) de vidas a salto de mata en que se inspira. Los temas de canción flamenca y esos espacios con el río y las catedrales al fondo otorgan fuerza dramática al relato. Por ello señala Velázquez que “Esta película es una admiración por el cine “quinqui” de los años ochenta, cuando en España empezó a trascender la delincuencia juvenil y se convirtió en un gran problema social. Un homenaje personal a las películas de Carlos Saura, Eloy de la Iglesia o Juan Antonio de la Loma, entre otros. Y al gran Pirri, mi personaje favorito. Y también es una ofrenda a mi tierra, a mis raíces, a Salamanca. Ahí van sus paisajes, sus personajes y su música más ancestral.”

Con el estilo minimalista seña de identidad de cineastas de su generación (Guerín, Villamediana, Morais, Rebollo, Recha, Serra, Miñarro…) tiende al plano secuencia y abunda en los planos generales, como si la distancia fuera requisito de respeto a los retratados a la vez que condición para una perspectiva que resulte elocuente de esas vidas. El encuadre es muy preciso y elegante, a un punto del preciosismo que evita en todo momento; el fuera de campo alcanza un valor estético importante, sobre todo en las secuencias con violencia, donde se emplea como mecanismo de elipsis. El diálogo es escaso y no hay música, al margen del ritmo de percusión con las manos que recuerda la música de procesión de Semana Santa. El resultado final de Ärtico es una película ante la que el espectador tiene la sensación de que exhala verdad, de que hay una mirada certera sobre esos personajes desnortados e, incluso, un diagnóstico de la crisis. Pero tiene el riesgo de no sintonizar con muchos espectadores para quienes la película comunica poco y no ven el sentido oculto de arbitrariedades, como la grafía que sustituye en los créditos las tildes por diéresis o que hace firmar al director como “Gabri”.  

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