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DOS VIDAS

Escrito por Pedro Miguel Lamet
  • Titulo Original
    Zwei Leben
  • Producción
    B&T Film, Zinnober Film und Fernsehproduktion, Helgeland Film (Alemania 2012).
  • Dirección
    Georg Maas y Judith Kaufman
  • Guión
    Georg Maas, Christoph Tölle
  • Fotografía
    Judith Kaufman
  • Música
    Christoph Kaiser, Julian Maas
  • Montaje
    Hansjörg Weißbrich
  • Distribuidora
    Karma Films.
  • Estreno
    11 Julio 2014
  • Duración
    97 min.
  • Intérpretes
    Juliane Köhler (Katrine Evensen) , Ken Duken (Ase Evensen), Liv Ullmann , Ken Dunken (Abogado Sven Solbach), Rainer Bock, Dennis Storhøi.

dosvidas2Thriller psicológico sobre la doble vida, de espía y madre, de una noruega “hija de la vergüenza” del poder nazi, manipulada luego por la RDA.

Los desmanes de la Stasi, policía secreta de la desaparecida República Democrática Alemana, creada a imagen de la soviética KGB, son territorio cinematográfico aún por explotar. Por ejemplo, la sibilina forma de manipular como espías infiltrados a hijos de soldados alemanas y mujeres nórdicas, criados luego en orfanatos alemanes y reenviados a sus países de origen. El fenómeno tiene su raíz en la Lebensborn (en español "Fuente de vida"), organización fundada por Heinrich Himmler, líder de las SS, que tenía como objetivo la expansión de la raza aria. Entre las terribles acciones del programa —como el secuestro de niños en los países ocupados—, en Noruega tuvo especial auge la promoción del engendramiento de hijos, los hijos de la vergüenza, entre soldados alemanes y mujeres noruegas, apellidadas como las alemanas tristes, para aprovechar su herencia genética aria.

Después de la guerra habían nacido unos 12.000 niños de la Lebensborn, hijos sobre todo de miembros de las SS, que sufrieron la discriminación y exclusión de la sociedad. Esta circunstancia en los años sesenta les hizo especialmente interesantes para ejercer labores de espionaje. Tal es, con las consiguientes secuelas y cicatrices, la cantera argumental en que se basa el film Dos vidas, de Georg Maas, codirigida con Judith Kaufman, que también es directora de fotografía, y basada en hechos reales.

Tras la caída del muro de Berlín, ya en los años noventa, vemos a una mujer que cambia su aspecto endosándose una peluca en los lavabos del aeropuerto de Berlín. Luego se dirige a buscar sus datos en un antiguo orfanato nazi. Y es que Katrine está obligada a vivir dos vidas. Creció en la Alemania del Este, pero vive desde hace 20 años en Noruega. "Hija de la guerra" y fruto de una historia de amor entre una mujer noruega y un soldado alemán, disfruta de una familia feliz de la clase media junto a su madre, su marido, comandante de submarino, su hija y su nieta, en una casa a orillas del mar. Hasta que un joven abogado les pide a Katrine y a su madre que colaboren como testigos en un juicio contra el Estado noruego a favor de los niños de la guerra y ella se niega. Esta es la base del thriller político, que muestra dos mundos: el de los sentimientos de una familia normal que se quiere y vive en paz, en la que Katrine está ya completamente inserta, y las conexiones con la Stasi, cuyos miembros pretenden borrar toda huella de sus manejos para liberarse de las graves acusaciones judiciales contra los derechos humanos de las que son objeto.

 La película, además de recoger los dos mundos de Katrine, se desarrolla en el presente y el pasado de esta mujer -bien diferenciados por el tratamiento fotográfico- y mantiene en todo momento el interés tanto psicológico como el propio de una película de espías. Porque Dos vidas es sobre todo eso, un relato interesante para ocupar una tarde entretenida de fin de semana sobre datos históricos bastante desconocidos que rompen con el tópico y típico film de nazis. La adecuada interpretación y la excelente fotografía, no exenta de las brumas del norte en la que se desarrolla la vida familiar junto al inquietante oleaje de la villa costera en que habitan y las escenas del pasado, coadyuvan a la profesionalidad del film que atrapa eficazmente, sin caer nunca en el sentimentalismo.

Con todo, quizás le falta una vuelta de tuerca más para llegar a ser un film de denuncia política profunda, por ejemplo a lo Costa Gavras, pero tiene en su haber el valor de superar la mera trama e interés policiaco con una importante carga humana: el dilema personal de Katrine. Su vida está basada en una mentira prolongada, a la que se vio uncida involuntariamente desde niña; pero ¿qué es más verdad, ese pasado oscuro y sus antiguos manejos para suplantar una personalidad o la realidad de los vínculos creados con su familia actual? Este dilema psicológico presta al film un interés humano fuera de toda duda, que aflora sobre todo en los rostros de las dos mujeres encarnados por Julina Köhller y la simpar musa de Bergman Liv Ullman, la madre engañada que consigue una interpretación tan contenida y sobria como colmada de llama interior. Dos vidas parece concluir con la tesis de que la experiencia vital es más verdadera que la de la consanguineidad; y que el amor, cuando lo es o lo ha sido de veras, aun en coordenadas de tragedia y aparente mentira, puede más que la destructiva maquinaria del oscuro poder político.

 

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