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EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Hundraåringen som klev ut genom fönstret och försvann
  • Dirección
    Felix Herngren
  • Guión
    Felix Herngren y Hans Ingemansson; basado en la novela de Jonas Jonasson
  • Fotografía
    Göran Hallberg
  • Montaje
    Henrik Källberg
  • Distribuidora
    A Contracorriente
  • Estreno
    11 Julio 2014
  • Duración
    114 min.
  • Intérpretes
    Robert Gustafsson (Allan Karlsson), Iwar Wiklander (Julius), David Wiberg (Benny), Mia Skäringer (Gunilla), Jens Hultén (Gäddan), Bianca Cruzeiro (Caracas), Alan Ford (Pim), Sven Lönn (Hinken), David Shackleton (Herbert Einstein), Georg Nikoloff (Popov).

Las aventuras de un anciano centenario.abuelo2

Los libros «más vendidos» acaban tarde o temprano trasladados a la gran pantalla. Casi siempre con resultados poco satisfactorios. Como en este caso. El «superventas» El abuelo que saltó por la ventana y se largó del sueco Jonas Jonasson se ha convertido en un film que ni fu ni fa. Me explico. El original literario está lleno de una sorna irónica que atraviesa no sólo la vida de su centenario protagonista sino los principales hechos históricos del siglo XX, vistos desde la perspectiva del dinamitero Allan Karlsson –por algo el inventor de la dinamita fue el sueco Alfred Nobel– que, por una serie de «casualidades» estuvo presente en la Guerra Civil española, en la invención de la bomba atómica, en un Gulag soviético, etc. Todo ello para demostrar que la estupidez humana alcanza incluso a los líderes mundiales más conspicuos y que la misma Historia se teje por insospechados caminos.

Todo esto se diluye en el film, que se ha quedado en una comedia de quiero y no puedo. Hubiera sido necesario el talento de Alexander Mackendrick (El quinteto de la muerte, 1955) o el ágil desenfado de Robert Zemeckis (Forrest Gump, 1994) para llevar a buen puerto un texto como éste. El voluntarioso Felix Herngren no da la talla. Es un director casi primerizo, aunque tenga detrás una larga trayectoria en la televisión sueca como actor, realizador y productor. Al film le falta ritmo y los flashes-back casi siempre lo ralentizan todavía más. Algunos de ellos están resueltos de manera grotesca cuando no bufa (los personajes de Franco, Stalin, Truman…). La sutileza brilla por su ausencia. La estructura y tempo del gag también se tambalean. Hay situaciones que deberían arrancar carcajadas y sólo provocan un esbozo de sonrisa. Tampoco la interpretación resulta convincente en sus principales papeles, incluido la del comisario cansado, un auténtico «petardo» (valga la expresión en una película en que la dinamita es protagonista).

No se crea, sin embargo, que defectos tan graves destruyen el film por completo. La película se sostiene por la ironía del texto original que permanece en el argumento, aunque desvaída. Eso contribuye a que, en la cinta, predomine más la alegría de vivir de ese anciano que, al cumplir cien años, decide echar una cana al aire y escaparse de un geriátrico-cárcel. Las andanzas en el presente se encadenan como una suma de despropósitos pero acordes con su edad y temperamento.

Entretiene si uno no es muy exigente y desconoce el libro. Para los buenos aficionados les resultará un fiasco y lamentarán una vez más que el estilo de la comedia clásica se haya perdido prácticamente en la actualidad, en el cine de hoy. Los maestros de la elipsis, de la sugerencia, del gag-sorpresa, del decir sin decir, de la complicidad con el espectador son parte de la Historia del siglo XX. Pero en ellos no sabe o no pudo inspirarse el director de El abuelo que saltó…

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