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CORAZÓN DE LEÓN

Escrito por Ernesto Pérez Morán
  • Producción
    Axel Kschevatzky para Aleph Media, Argentina Sono Film S.A.C.I., Claudio Corbelli Producciones Argentina-Brasil, 2013)
  • Dirección
    Marcos Carnevale
  • Guión
    Marcos Carnevale y Betiana Blum
  • Fotografía
    Horacio Maira
  • Música
    Emilio Kauderer
  • Montaje
    Ariel Frajnd
  • Distribuidora
    Wanda
  • Estreno
    18 Julio 2014
  • Duración
    94 min.
  • Intérpretes
    Julieta Díaz (Ivana), Guillermo Francella (León), Mauricio Dayub (Diego), Jorgelima Aruzzi (Corina), Nora Cárpena (Adriana), Nicolás Francella (Toto), María Nela Sinisterra (Glenda=, Claudia Fontán (Sabrina)

corazon de leon2Marcos Carnevale ofrece una nueva comedia romántica en esta coproducción entre Argentina y Brasil

Cuando un seductor desconocido llama a Ivana desde el teléfono móvil de ella para decirle que lo ha encontrado y quiere devolvérselo, la joven no sospecha que ese donjuán tiene una característica particular: su estatura. León mide 1’36, lo que genera en ella una sensación extraña en una primera y atípica cita que acaba con ambos haciendo paracaidismo. La fascinación que el acomodado y diminuto arquitecto ejerce sobre Ivana se va convirtiendo en una atracción mutua, aunque la diferencia de altura es un problema para ella. La relación avanza y se van solventando los primeros inconvenientes, aunque el entorno de la prometedora abogada juega a la contra del noviazgo: la madre pone el grito en el cielo y el exmarido se mofa de Ivana, hasta que la erosión produce sus efectos y ella decide terminar con León. Pero el amor lo puede todo y la chica decide enfrentarse a sus miedos…

Como bien se puede adivinar por esta sinopsis, estamos en los terrenos de la comedia romántica convencional, del relato de buenas intenciones que reconcilia al espectador con no se sabe qué, del cine que pretende romper barreras desde una óptica biempensante. Algo a caballo entre Intocable(Olivier Nakache y Eric Toledano, 2011)y Mi amigo Mr. Morgan (Sandra Nettelbeck, 2013), por poner sólo dos ejemplos de obras recientes. Si la primera daba una visión positiva de alguien en silla de ruedas y la segunda abordaba el amor intergeneracional, Corazón de León nos viene a decir que la altura no importa, que las personas ‘diferentes’ lo son porque el resto se empeña en verlos así, y que la ternura es el caballo de Troya para romper tabúes. El mecanismo, en los tres casos, consiste en crear personajes fascinantes con alguna dificultad, buenos a carta cabal y cuyas aristas sólo se deben a la visión sesgada de una sociedad que los margina. Protagonistas cándidos que compensan esa supuesta deficiencia con la perfección en el resto de ámbitos. La maniobra no puede ser más políticamente correcta y en la mayoría de las ocasiones desemboca en un final feliz que arregla todos los problemas en forma de canto almibarado. Eso es Corazón de León y eso era Intocable.

Lo que no parecen entender los responsables de estos azucarillos de conciencia es que esa es la vía más sencilla para perpetuar clichés y consolidar prejuicios, pues tan arbitrario es considerar ‘malo’ a alguien por ser distinto como tener por buenas a esas mismas personas, deshumanizando –ya en el terreno de la ficción– a los personajes. Esto lo han entendido hace tiempo guionistas como Stephen Merchant y Ricky Gervais, entre otros, que en 2011 estrenaban una serie televisiva de título suficientemente indicativo. Life's Too Short estaba protagonizada por Warwick Davis, aquel enano que en su día protagonizó Willow (Ron Howard, 1988), entre otros títulos. Él se interpretaba a sí mismo, pero no era un ser cálido y angelical, sino un cabrón redomado, un cínico impenitente que a veces mostraba su corazoncito… Un personaje con luces y sombras, humano, profundo y complejo que sufría, eso sí, la hipocresía de la sociedad. Es él quien la desvela, y no es necesariamente bueno por ser distinto. Hasta el punto de que su personaje es tan llamativo que pronto se nos olvida su estatura y pasa a ser un protagonista más. Algo parecido ocurre también en la serie Juego de tronos, donde el inteligente y sarcástico Tyrion Lannister no tiene empacho en intrigar sin límite hasta que admiramos su carácter caleidoscópico, al margen de que también sea muy bajito.

Ese, creemos, es el camino para normalizar la diferencia, y no estos discursos paternalistas que ponen en juego, además, todos los tópicos de la comedia romántica para, no nos engañemos, hacer dinero de la forma más artera. A quienes gusten de las comedias de sentimientos les interesará esta cinta de Marcos Carnevale, adicto a este tipo de mensajes blanditos, como demostró en la que tal vez sea una de sus mejores películas, Elsa y Fred (2005), que ya dejaba adivinar las bases de su cine, ternurista hasta la médula.

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