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CRUZANDO EL PUENTE. El sonido de Estambul

Escrito por José Antonio G. Juárez

La música es una puerta de acceso óptima, una piedra Rosetta del complejo multicultural de la vieja Bizancio.

De Taksim a Sultán Ahmed, de Besiktas a Solimán, Europa y Asia en un palmo de terreno, la tradición orientalista-otomana junto a las nuevas formas de vida que se dan la mano con Occidente, un microcosmos a caballo entre dos continentes, la ciudad de las 3000 mezquitas, los 12 millones de almas del Gran Estambul despiertan cada día entre el caos circulatorio de la urbe, los minaretes de Beyazit convocando a la oración, el murmullo del Gran Bazar o del Egipcio de las especias, la apacible presencia de las aguas del Cuerno de oro y del Bósforo, la barahúnda de turistas atestando Hagia Sophia o Topkapi. Y es que desde aquel meridiano los sonidos prevalecen, pueden ofrecer casi tanto como la imagen, tanto que esta y aquellos queden terriblemente huérfanos sin el concurso simultáneo del otro.

Así lo entienden Fatih Akin (Hamburgo 1973) y su alter ego, el bajista germano Alexander Hacke, quienes fijan su oído escuchante en la interpretación del mundo desde la mixtura enriquecedora de mil tradiciones que cohabitan el cosmopolitismo de la ciudad de Mármara, empapadas del atomizado musical de Occidente. El realizador de origen turco, autor de la exitosa cinta germana Contra la pared (2004), cambia de registro para acompañar en su inmersión turca a un Hacke ávido de formulaciones melódicas alternativas, de voces diferentes. Un seguimiento discreto, con un montaje sin estridencias, conmovido más por el reflejo de la expresión musical en los rostros de los artistas que en su habilidad arrancándole las notas al instrumento, y un guión en postproducción sin una ligazón nítida, algo descabalado, como la propia Estambul.

Interesado en tomar contacto con el universo rítmico de la vieja Constantinopla y la fusión obrada por sus naturales vínculos permanentes con lo foráneo, de uno y otro lado del Bósforo, considerando la música como elemento muy principal de comunicación entre culturas, de apertura y estampa inmediata de su armazón social, Hacke repasa en su medida visita melómana, tanto la expresión musical como la Historia, la compleja comunión entre el índole caótico y la ambición occidentalista-europeísta de una ciudad en vertiginosa evolución, dando voz también a estos efectos a los protagonistas del hecho musical. Estambul es la Turquía de la estrella y la medialuna brillando sobre la sangre de la legendaria batalla de Kannakale, en el estrecho de Dardanelos, pero es también la visión respetuosa, interesada y abierta a la colonización del resto de las civilizaciones con las que de manera ineludible toma contacto diario. Suena en la calle, zona neutral y para todos, donde la condición social queda diluida. Psicodelia, rock’n roll, rap y música negra, derviches rotando intermediarios en el camino entre la deidad y lo finito, la Rodopía búlgara, el break-dance, el jazz o las guitarras cíngaras, pero por encima de todo su herencia musical baña todos los estilos. No existen Oriente y Occidente, una clasificación caprichosa y humana para la que la estación de destino del Orient Express marca involuntaria un límite no excesivamente categórico.

Es la música una puerta de acceso óptima, una piedra Rosetta del complejo multicultural de la vieja Bizancio desde la que el cantautor otomano por excelencia Erkin Korey, el sonido turco-egipcio de Orhan Gencebay, la diva de Bursa Müzeyyen Senar o la pausa de Sezen Aksu y sus melodías de referentes más abiertamente tradicionales, conviven con el sonido de las bandas nacidas del Beig Lou, en la plaza Taksim, protagonista del cambio sociocultural de las últimas dos décadas.

Un espléndido paseo por una identidad, alternativa al turismo del tópico, la recuperación de cara a Occidente de una historia musical inexplorada y la demostración mayúscula y manifiesta de que los sones originarios de los más opuestos hábitats,  pueden encerrar una versión personal con sentido para cualquier individuo que sepa apreciar su esencia.

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