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ADIÓS AL LENGUAJE

Escrito por Ángel Luis Inurria
  • Titulo Original
    Adieu au langage.
  • Producción
    Alain Sarde y Wind Bunch (Francia, 2014)
  • Dirección
    Jean-Luc Godard
  • Guión
    Jean-Luc Godard
  • Fotografía
    Fabrice Aragno
  • Montaje
    Jean-Luc Godard.
  • Estreno
    28 Noviembre 2014
  • Duración
    102 min.
  • Intérpretes
    Héloïse Godet, Kamel Abdelli, Richard Chevallier, Zoé Bruneau, Christian Gregori, Jessica Erickson

 

adiosallenguaje2Nueva entrega del último y reiterado universo de Godard, donde la estética supera al contendido, pues su poso ético ya está asumido.

 

Adiós al lenguaje, Premio de la Crítica en Cannes, es el último ejemplo de la colaboración de Jean-Luc Godard con el suizo Fabrice Aragno, realizador, montador y director de fotografía, esencial para enjuiciar los últimos trabajos del director de Al final de la escapada, el anterior corto Les Trois Désastres, inédito en nuestras pantallas – está en YouTube- filmado en 3D, y el largometraje, reseñado a su tiempo en nuestro anuario, Filme Socialisme, más complejo y trabajado que el presente. Si reseñamos que Aragno ha colaborado con Greenaway (Sorte a temps) y con Edgar Péra (Cienasapiens, otro proyecto en 3D), podremos comprender mejor el ideario de influencia que intenta aportar al producto godardiano.

Adiós al lenguaje, curiosamente, no ha despertado grandes críticas ni descalificaciones. La mayor parte de los más relevantes críticos, en función de donde publican, no se atreven a criticarle y asumen su autoridad y el legado incontestable de su obra. Lejanos están los tiempos en los que su creatividad, insolente experimentación y radicalismo levantaban ampollas y fomentaban malestar. Tal vez, como decía Marcurse, la sociedad de consumo digiere los anticuerpos que produce. El caso es que hoy, mientras otros cineasta próximos a su generación, el desparecido Raúl Ruiz, Kiarostami, y no digamos el centenario Oliveira, mientras Allen se debate entre el autohomenaje y el paso al frente, ofrecen una renovada, fresca y magistral creatividad, Godard permanece estancado y sin nada nuevo que decir.

Dicen que la sinopsis argumental de Adiós al lenguaje consiste en la relación que mantienen una mujer casada y un hombre soltero en presencia de un perro: pues vale, pero tampoco significa nada. Veamos: la película se inicia con una especie de prólogo donde un cóctel de citas arropará a la presentación de los personajes, y nos iniciarán para la estructuración estética a la que vamos a asistir mientras los habituales intertítulos  presentes en su obra nos prepararán para un discurso metafórico, en que el perro deambula como un humano hastiado, el hombre peludo y de pies deformes recuerda a un hombre lobo y una mujer que reitera su bosquimano pubis y no disimula la cicatriz de su labio partido, se presta a participar en un discursito propio a debatir sobre el lenguaje y las conductas, el poder y el engaño de la palabra y de la propia imagen, y cómo no, la relación hombre mujer. La guerra, la vida y la muerte, el cero y el infinito, la creación de los monstruos, el asesinato para acabar con el paro, y otras “preocupaciones” recurrentes del autor están presentes, como es propio de su cine, repleto de citas, cuyos autores figurarán, como últimamente es habitual, en sus finales títulos de crédito.

Pero lo que imprime carácter a la cinta es su concepción visual y montaje, ignoramos cómo será en su versión 3D, pues ha visitado nuestras pantallas en una única sala y en 2D. Jean-Luc Godard sigue apegado a los colores rojo, blanco y azul, aunque aquí también están presentes las exageradas saturaciones forzadas en el laboratorio del amarillo-marrón y del verde y el cineasta se haya dejado querer por la paleta de los “Nenúfares” de Monet. Y, como no podía ser de otra forma, trabaja la banda sonora con fructífero resultado -recordemos a Godard pinchando reiteradamente a Brahms en Le Signe du Leon– lo mismo en ruidos de ambiente como en la elección de fragmentos sonoros, entre los que es modélica por su efectividad la inclusión del perteneciente al “Vals Triste”, de Sibelius, tan gratificante como la iluminación nocturna de los intermitentes y luces de posición de los automóviles bajo la lluvia, cuya belleza abstracta refleja episodios de la cotidianeidad de nuestra existencia, no menos valorable que el testimonio sobre la soledad del sobrevalorado Hopper.

Adiós al lenguaje, setenta minutos de placer o de fatiga, posee la virtud de que puede ser disfrutada visual y auditivamente, sin necesidad de entenderse, como si fuera un videoclip, lo que significa su propia carencia, lo mismo que alimentará la complicidad de los admiradores del cineasta con la misma certidumbre que defraudará a otra parte de los mismos, que siempre podrán entretenerse en reconocer los fragmentos que aparecen de otros filmes, entre los que están los pertenecientes a Sólo los ángeles tienen alas, Las tres luces, Les enfants du paradis y Las nieves del Kilimanjaro, que yo recuerde. Evidentemente, más allá del bien y del mal, el cine de Godard es menú para cinéfilos.

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