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DIOS MÍO, ¿PERO QUÉ TE HEMOS HECHO?

Escrito por Fernando López Bejarano
  • Titulo Original
    Qu’est-ce qu’on a fait au bon Dieu?
  • Producción
    Romain Rojtman para UGC (Francia, 2014)
  • Dirección
    Philippe de Chauveron
  • Guión
    Philippe de Chauveron y Guy Laurent.
  • Fotografía
    Vincent Mathias
  • Música
    Marc Chouarain
  • Montaje
    Sandro Lavezzi
  • Distribuidora
    A Contracorriente
  • Estreno
    19 Diciembre 2014
  • Duración
    97 min.
  • Intérpretes
    Christian Clavier, Chantal Lauby, Ary Abittan, Medi Sadoun, Frédérique Bel

00diosmio2Contra racismo, tolerancia.

El título, tanto en francés como en español, da ya una idea de que el film busca la complicidad con un público mayoritario. Dice su director y coguionista, Philippe de Chauveron: “La comedia siempre ha sido un vehículo fantástico para hablar de asuntos que afectan a la sociedad”. Y se puede asegurar que Dios mío ¿pero qué te hemos hecho?, trata de un asunto tan esquinado como el racismo en una Europa (en este caso Francia) que envejece al mismo ritmo que se puebla de personas de diferentes etnias y colores de piel que quieren ¡vivir!

Imagínense un matrimonio español formado por un notario y una sumisa esposa ama de casa –clase media alta, católicos practicantes y de provincias–, que ha engendrado a cuatro hijas a las que ha procurado una buena educación en la capital, y que se casan con chicos de distinta raza ¡Buff!

Pero Francia tuvo su revolución y el biempensante padre es un convencido republicano admirador de Charles de Gaulle. Lo que no podía imaginar es que la grandeur está siendo socavada por la misma situación que Europa vivió en siglos anteriores: la emigración, ahora inmigración. La envejecida Unión Europea es un cruce de etnias y culturas. Y el honorable Claude Verneuil y su depresiva esposa asisten perplejos (y cumplen como personas muy bien educadas) a los sucesivos matrimonios de tres de su hijas con un judío, un árabe y un chino. Chauveron (y su coguionista), con una capacidad de síntesis admirable, resuelve esta información en apenas cinco minutos de metraje y crea el necesario clima que necesita una amenaza de conflicto. ¿Con quién se casará la menor de las hermanas? Mejor no lo desvelamos.

En las entrevistas de promoción de su película, el director (desconocido hasta ahora en España) debería haberle rendido un sentido homenaje al padre de la comedia de costumbres Aristófanes, porque el autor de Lisistrata (casi 500 años antes del nacimiento de Cristo, al que en este film se menciona como referencia religioso-socio-cultural imprescindible para entender de qué va el asunto) es como una musa referencial en el subtexto de Dios mío ¿pero qué te hemos hecho? (y en el texto, explícitamente, hay una mujer del entramado protagonista que amenaza con ponerse en huelga sexual si el belicoso marido destroza los planes de boda de su hijo). Es un film de gags verbales. Los diálogos y réplicas, en situaciones muy reconocibles para gente que sepa relacionarse y tenga la mente abierta, son la esencia de una película que aspira al “buen rollito” (como en cierto cine de Fernando Colomo), más que al vitriolo wilderiano (por el maestro de la comedia costumbrista-satírica Billy Wilder).

Quizás en los sueños de los productores se aparecía constantemente la taquilla que habían conseguido Bienvenidos al NorteoIntocable,pero la fluidez con la que está escrita y dirigida transmite una sensación de labor ingeniosa, más que una operación calculada para hacer caja. Las secuencias se suceden sin solución de continuidad. No hay tiempos muertos. El ritmo, como todo el tono del film, es tan suavizante como una crema contra las arrugas. Escuchamos chistes, soflamas, máximas y subrayados en un tono que no sobrepasa nunca la línea roja (como dicen los políticos) de la incorrección, la grosería o el mal gusto. Y eso que constantemente escuchamos comentarios expresamente racistas y xenófobos. En cuanto a la creatividad cinematográfica, arriesga muy poco, pero sabe sacarle toda la expresividad a las situaciones cotidianas como páginas de internet, video conferencias, utilización por los jóvenes del WhatsApp, clases de baile zumba por las mujeres que quieren hacer ejercicio–, y a localizaciones con varios momentos finales que parecen extraídos de la nostalgia de la historia del cine: una estación de tren en la que con el expreso partiendo la secuencia impresiona al expectante público; y un baile final al vibrante ritmo del mestizaje guitarreo eléctrico-percusión africana. Por mucho que pese a alguien, la selección de fútbol francesa aglutina a judíos, árabes y chinos en torno a La Marsellesa, lo cual emociona de tal manera al notario Verneuil que abraza la tolerancia como antídoto contra el racismo:

No hacen falta análisis sesudos para entender que hay un cine popular que transciende fronteras, en el que se inscribe la fórmula deBorja Cobeaga y Diego San José, Ocho apellidos vascos, con dirección de Emilio Martínez Lázaro. Hay quien le llama poligénesis, término que no figura en el diccionario de la RAE, pero que podríamos interpretar como aquello que se les ocurre a varias personas. Y ni es plagio ni copia. Dejémoslo en inspiración.

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