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52 MARTES

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Titulo Original
    52 Tuesdays
  • Producción
    Closer Productions (Australia, 2013)
  • Dirección
    Sophie Hyde
  • Guión
    Matthew Cormack, Sophie Hyde
  • Fotografía
    Bryan Mason
  • Música
    Benjamin Speed
  • Montaje
    Bryan Mason
  • Distribuidora
    CineBinario
  • Estreno
    22 Mayo 2015
  • Duración
    109 min.
  • Intérpretes
    Tilda Cobham-Hervey, Del Herbert-Jane, Beau Travis Williams, Imogen Archer, Mario Spate, Sam Althuizen, Danica Moors

52martes2Crecer para conocer al ser humano

Todo parece indicar que esta película curiosa responde a un proyecto muy personal (y, en buena medida, autobiográfico), pues se informa que ha sido rodada por su directora, Sophie Hyde, a lo largo de los 52 martes que tiene un año y hasta se han elaborado unas reglas al efecto al modo de Dogma 95. Un rótulo va indicando el día del mes y el número ordinal del martes en cuestión al inicio de cada secuencia o, mejor, pequeño capítulo en que se estructura la película. Este pie forzado queda justificado en la ficción porque en su prólogo se cuenta cómo se entera Billie, la chica de 16 años protagonista, de que su madre se va a someter a un proceso de cambio de sexo. La madre exige que la chica se vaya de casa y marche a vivir con su padre, aunque se citarán todos los martes para pasar la tarde juntas. Billie va grabando con una cámara doméstica las reflexiones que le surgen, sus dudas e incertidumbres, los encuentros con su madre y con una pareja de amigos con quienes tiene sus primeras experiencias sexuales.

            La cineasta Hyde aborda este su primer largo de ficción con más voluntad de discurso que capacidad para su construcción, lo que tiene como lastre un filme premioso y titubeante en la exposición; quizá ello se deba a las citadas normas que, según indica la producción, además de rodar un día a la semana durante un año, exigen hacerlo en orden cronológico y excluyen otro día (“será lo que suceda el martes”), deberá aparecer algo de cada uno de los martes, se permiten variaciones del guion previsto, los actores no profesionales han de tener un vínculo con los personajes y pueden influir sobre su evolución, la historia ha de progresar a medida que se rueda... Concebido como puzzle que va recogiendo los retazos de vida de los martes, confía en la fragmentación y el apunte a vuelapluma (como se indica no hay un guion cerrado), pero el espectador no queda satisfecho por las reiteraciones, la falta de progresión dramática y la escritura de guion deshilachada. Algunos espectadores se pueden sentir atraídos por este estilo que, quizá, trata de plasmar en la construcción cinematográfica cómo en nuestra relación con las cosas que suceden hay redundancias, inconexiones y lagunas. Pero otros sentimos que falta precisión en lo que se quiere contar (por ejemplo, la relación de Billie con su amiga y amigo, del todo punto indefinida) y que las omisiones y silencios no siempre alcanzan un valor poético.

El eje narrativo central es el cambio de sexo de la madre, con el tratamiento de hormonas, las alteraciones físicas, los problemas médicos derivados de la testosterona y la operación de extirpación de las mamas; se va dando cuenta de ese proceso y de cómo la adolescente lo vive con muchos pormenores, quizá demasiados, aunque se evidencian los miedos de la chica por perder a su madre, pérdida en este caso derivada de la falta de aceptación de su nueva identidad sexual.

Cierto que la transexualidad y las identidades sexuales no convencionales están siendo tratadas en el cine en los últimos años con bastante amplitud, en una exploración con evidente interés sociológico y cierto valor de diagnóstico sobre nuestro tiempo, donde las incertidumbres de todo tipo (económicas, nacionales, científicas, médicas...) acaban afectando a la identidad personal en la raíz del cuerpo. Pero me temo que el tema del cambio de sexo visto desde otro (y no desde quien lo protagoniza o experimenta en sus carnes) no da de sí para un relato de empaque, al menos en este caso no lo da. De hecho, en realidad, en los márgenes del eje narrativo indicado figura un asunto tan universal como el acceso a la edad adulta, y cuestiones asociadas al mismo como la seguridad emocional de la adolescente y el aprendizaje sentimental y sexual. El problema es que en este punto la película no hace más que enunciarlos someramente y queda en segundo plano lo que, en realidad, debería ser el meollo de la cuestión. Por todo ello, 52 martes es una propuesta con voluntad de originalidad y algunos apuntes interesantes, pero titubeante e incapaz de darle cuerpo a sus intuiciones, de manera que acaba defraudando y, a la postre, el artificio del pie forzado de filmar los martes resulta más un capricho que un aliciente para la creatividad.

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