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CONDUCTA

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Producción
    Latino Films, ICAIC (Cuba, 2014)
  • Dirección
    Ernesto Daranas
  • Guión
    Ernesto Daranas
  • Fotografía
    Alejandro Pérez
  • Montaje
    Pedro Suárez
  • Distribuidora
    European Dreams Factory
  • Intérpretes
    Armando Valdés Freire (Chala), Alina Rodríguez (Carmela), Amaly Junco (Yeni), Miriel Cejas (María), Armando Miguel Gómez (Ignacio), Silvia Águila (Raquel), Yuliet Cruz (Sonia), Idalmis García (Mercedes).

conducta2Elogio de la maestra vocacional y leves críticas al régimen cubano

Premiado en el pasado festival de La Habana, el film ha sido presentado como muestra de la apertura censorial que se está produciendo en el cine cubano. Los que padecimos el régimen franquista y conocimos la famosa «apertura» que impulsó Fraga Iribarne –a la sazón ministro del dictador– en los años sesenta identificamos con cierto humor los levísimos apuntes críticos que aparecen en este modesto y bienintencionado film cubano. En realidad, Conducta es un homenaje a la profesión de maestro, cuando ésta no es un modus viviendi sino una verdadera vocación y, sea cual fuere el gobierno que esté en el poder, el docente trata de educar a sus alumnos en unos valores que trascienden las circunstancias coyunturales de un país concreto.

Carmela lleva años de maestra de primaria y se preocupa por sus alumnos no sólo en el aula sino fuera de ella. Reside en el mismo barrio que Chala, un muchacho de doce años que vive con su madre drogadicta, desconoce a su padre, y procura ganarse un dinero cuidando perros para un reñidero clandestino que lleva Ignacio, uno de los amantes de su madre y posible –si no probable– padre suyo. El chico tiene verdadera adoración por su profesora a la que ayuda con sus bolsas de la compra y en otros menesteres. Pero Chala, por su difícil situación familiar, es un muchacho un tanto bronco y pendenciero que se calienta con facilidad. Por eso, cuando la maestra está de baja por un infarto, la sustituta propone a la dirección del centro que envíen a Chala a un reformatorio, a una «escuela de conducta» en terminología cubana.

Por otra parte, dentro de la misma clase Yeni, la más lista del grupo, es una «palestina», es decir, hija de un habitante del Oriente cubano que sin permiso oficial se ha trasladado con su padre a la capital para que éste encuentre más trabajo y una mejor educación para su hija. Es otra «marginal» que trata de salir adelante en una sociedad socialista, que reconoce la miseria de algunos ciudadanos suyos, que sigue considerando una estampita de la Virgen de la Caridad como contraproducente en un aula, que no alcanza a regenerar situaciones familiares de difícil arreglo o que hace ojos ciegos a apuestas y riñas de perros. En el colegio las normas oficiales prevalecen por encima de cualquier situación que se sale de las mismas. Y cuando quieren jubilar a Carmela, dada su larga trayectoria de enseñante, ésta replica con ironía que los que gobiernan llevan mucho más tiempo en el poder y nadie habla de licenciarlos.

La realización de Daranas, desconocido como director entre nosotros, es correcta y pegada a la realidad de la calle. Abusa un tanto de algunos lugares comunes habaneros (los viejos trenes en cerradas curvas, el malecón, callejas y edificios decrépitos, trapicheos de todo tipo para salir adelante…). Se limita a contar con sencillez y ritmo sostenida la vida y milagros de Chala y, de paso, reflejar sin embozos una realidad ambivalente, con puntos fuertes y débiles, pero dejando al descubierto las costuras y desgarrones de un régimen político que se eterniza en el poder y que es incapaz de atender a las necesidades crecientes de una población que se ahoga ya en dichas contradicciones. La maestra Carmela se yergue así como una cubana, sensata y sabia, que demanda más libertad, más atención a las personas, menos estructura oficial y, en definitiva, menos ideología y más bienestar.

Los actores se desenvuelven con credibilidad. Destaca en el reparto Alina Rodríguez como esa entrañable Carmela, dispuesta a salir adelante con sus principios contra viento y marea. Los chicos, abundantes en el film, cumplen bien con sus papeles. Flojea un poquillo Amaly Junco haciendo de Yeni, la novieta del protagonista.

Conducta, sin ser un gran film, es digno y bien intencionado. Rompe lanzas por una sociedad más inclusiva y civil, donde los ciudadanos recuperen el protagonismo, se aflojen los corsés doctrinarios y, sobre todo, desaparezca el enfermizo control de las personas, siempre potencialmente sospechosas de «acciones contrarrevolucionarias».

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