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45 AÑOS

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    45 Years
  • Producción
    The Bureau (Reino Unido, 2015)
  • Dirección
    Andrew Haigh
  • Guión
    Andrew Haigh; basado en un relato corto de David Constantine
  • Fotografía
    Lol Crawley
  • Montaje
    Jonathan Alberts
  • Distribuidora
    Golem
  • Estreno
    18 Diciembre 2015
  • Duración
    95 min.
  • Intérpretes
    Charlotte Rampling (Kate Mercer), Tom Courtenay (Geoff Mercer), Dolly Wells (Charlotte), Geraldine James (Lena), Richard Cunningham (Watkins), Michelle Finch (Niece), Rufus Wright (Jake), David Sibley (George).

45-anos2Humo en los ojos

A falta de un lustro para alcanzar las bodas de oro, el matrimonio de Geoff y Kate Mercer va a celebrar por todo lo alto el cuadragésimo quinto aniversario de sus nupcias. Están ultimando los preparativos cuando el marido recibe una carta que le comunica que se ha encontrado en el hielo de un glaciar el cadáver de Katya, pareja sentimental, amor primero del esposo, cuya existencia prácticamente desconocía su actual cónyuge. Geoff le cuenta que formaban una pareja estable, aunque no se habían casado. Practicando el alpinismo en Suiza, la mujer cayó por una grieta de un glaciar y fue imposible entonces rescatar su cuerpo.

Esa grieta en el hielo va a ser una sima en la que se precipita Kate, a la que le asaltan unos celos retrospectivos respecto al primer romance de su marido, porque era algo que ignoraba y que le reprocha que no se lo dijera en su momento. Aumenta los recelos la fijación que su marido experimenta con el suceso, probablemente porque sus facultades mentales se han ido deteriorado con la edad y el pasado cobra una importancia que no había tenido hasta entonces. Kate, que es la protagonista absoluta (el film la sigue a ella en todo momento), sufre también los estragos del tiempo. Sus paseos por el campo con el perro, los viajes por los canales, sus miradas en el espejo o a través de los cristales denotan ese deterioro físico, que empieza a ser también anímico. Para una mujer ya entrada en la vejez una historia como la de Katya resulta perturbadora.

Por otra parte, el inexorable paso del tiempo está marcado en el film por las cartelas que indican los días de la semana que anteceden a la celebración del aniversario, por el repiqueteo de relojes públicos, las consultas y el regalo del reloj de pulsera, la decrepitud sexual del marido y mil pequeños detalles que acentúan la desolación inmisericorde que impone el desgaste vital (no hay fotografías en las paredes, ni en los aparadores, mesas o mesillas…). La campiña inglesa en época invernal añade un plus de pesadumbre al relato, al igual que las visitas a la ciudad (de Norwich, al parecer) que resultan tan frías como esa sala inmensa pero vacía que se le ofrece para la celebración matrimonial, metáfora del momento por el que pasan sus relaciones conyugales: un amor largo y grande, pero ¿hueco?

De un breve relato de David Constantine el director Andrew Haigh ha escrito un guion basado en pequeños detalles, en la leve intriga en torno a la historia del amor con Katya, los quehaceres diarios de la pareja, sus rituales, la relación con la hija y nieta, una comida de jubilados, unos pocos amigos. Es una introspección en el universo interior de Kate, en sus pulsiones e inquietudes más íntimas, en aquello que no se atreve a revelar a nadie excepto al espectador al que se hace confidente privilegiado de las alegrías y tristezas de una mujer de fuerte y sensible personalidad en el otoño de su vida.

La película, es evidente, no sería lo que es sin la presencia en el reparto de Charlotte Rampling, sencillamente genial, haciendo de esta Kate de apariencia frágil un volcán soterrado y contenido de pasión, de un amor posesivo que siente que le roban algo muy importante cuando creía que lo tenía todo controlado y a su favor. La actriz inglesa borda su papel y logra una actuación memorable, rubricada por numerosos premios de interpretación (en Berlín, EFA, Valladolid…). También Tom Courtena y (aquel inolvidable muchacho de La soledad del corredor de fondo) está muy bien como ese hombre ya mayor al que le empiezan a fallar algunos de sus registros vitales.

La dirección de Andrew Haigh, que trata de meterse en el corazón de Kate y, logra alcanzar su interior, a veces a través de los acuosos ojos azules de la actriz, a veces gracias a la persecución implacable de un rostro traslúcido como el cristal. El interés del film no reside en los avatares de la trama sino en la fascinación hipnótica de esa Charlotte Rampling insuperable. Los sones de Smoke Gets in Your Eyes, cantado por los Platters, llena de nostálgica emoción los últimos compases de este film que encumbra a su director e intérpretes principales.

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