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EL ABRAZO DE LA SERPIENTE

Escrito por Maria Vives
  • Producción
    Caracol Cine, Buffalo Films, Dago Producciones (Colombia, Venezuela, Argentina, 2015)
  • Dirección
    Ciro Guerra
  • Guión
    Jacques Toulemonde, Ciro Guerra
  • Fotografía
    David Gallego
  • Música
    Nascuy Linares
  • Montaje
    Etienne Boussac
  • Distribuidora
    Abordar Casa de Películas
  • Estreno
    19 Febrero 2016
  • Duración
    125 min.
  • Intérpretes
    Nilbio Torres (Karamakate joven), Antonio Bolivar (Karamakate anciano), Jan Bijvoet (Theo), Brionne Davis (Evan), Yauenkü Migue (Manduca).

abrazo2La esencia de las civilizaciones en el corazón del Amazonas.

El panorama cinematográfico suele presentar casi una hegemonía que hace que la introducción de temáticas exiguamente tratadas se agradezca especialmente. Es el caso de El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, que, al mismo tiempo que se adentra en el Amazonas, nos introduce en un viaje al recuerdo de las civilizaciones amazónicas y al lado más oscuro y salvaje de los resultados de la colonización. El guion, extraordinariamente bien construido, se basa en los diarios de Theodor Koch-Grünberg y Richard Evans Schultes, y alterna hábilmente pasado y presente. La primera de las dos historias se sitúa en 1909; la segunda, en los albores de la II Guerra Mundial, se deriva de la búsqueda de Estados Unidos de una alternativa a la importación de caucho que ya no podía conseguir en los territorios invadidos por Japón.

Ciro Guerra explora en la naturaleza humana y lo hace por medio de la confrontación de los dos científicos, Theo y Evans, que son contrastados alternativamente por Karamakate, un superviviente coihuano que ha visto todo el horror de la destrucción de su esencia. El panorama que muestra la cinta no puede ser más lúgubre: la ambición, la avaricia y la superchería han anclado en las culturas amazónicas, de manera que Karamakate puede encarar a Evans al ver el resultado: «Ahora son lo peor de ambos mundos». Una desoladora visión del paso del hombre blanco por la Amazonía colombiana que adquiere tintes míticos con la búsqueda de una planta que representa la esencia de la sabiduría de sus pueblos originarios: la yakruna.

El guion nos interpela constantemente, y a eso que llamamos civilización y progreso, con nuestras grandes lacras: el nativo toma de la tierra lo que le hace falta y respeta sus prohibiciones, y es por eso que se espanta del amor de los blancos hacia sus cosas, pues toda su ciencia conduce a la violencia y a la muerte, se lamenta.

El momento más bello de la película, sin embargo, es aquel en que Evans, instado por Karamakate como antes lo había sido Theo, arroja al agua todas sus cosas pero se niega a desprenderse de un giradiscos. En las siguientes escenas, lo mejor de las dos civilizaciones se funde en un abrazo inigualable: la indescriptible belleza de la música, que Evans llama la música de sus ancestros, y la salvaje belleza de la selva, hogar de Karamakate y su pueblo. La fotografía en blanco y negro dramatiza la selva en esta película impactante que atrapa al espectador desde el principio con el ritmo lento y cadencioso de la misma naturaleza. 

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