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AHORA SÍ, ANTES NO

Escrito por Diego Salgado
  • Titulo Original
    Right Now, Wrong Then (Ji-geum-eun-mat-go-geu-ddae-neun-teul-li-da)
  • Producción
    Jeonwonsa Film (Corea del Sur, 2015)
  • Dirección
    Hong Sang-soo
  • Guión
    Hong Sang-soo
  • Fotografía
    Park Hong-yeol
  • Música
    Jeong Yong-jin
  • Distribuidora
    Good Films
  • Estreno
    06 Mayo 2016
  • Duración
    121 min.
  • Intérpretes
    Jeong Jae-yeong, Kim Min-hee, Yoon Yeo-jeong, Gi Ju-bong, Choi Hwa-Jeong, Yoo Joon-sang, Seo Young-hwa, Ko Ah-sung

ahorasi2La opción de aspirar a una forma de nobleza

Salvo error por nuestra parte, Ahora sí, antes no es la segunda película del cineasta surcoreano Hong Sang-soo que llega a salas comerciales españolas. Si, en el caso de En otro país (2012), el estreno era achacable a protagonizar el film la célebre actriz francesa Isabelle Huppert, Ahora sí, antes no ha venido respaldada por los premios que obtuvo en los festivales de Locarno y Gijón. La paradoja estriba en que, para el espectador familiarizado tan solo con lo que ofertan la cartelera de nuestro país y los circuitos mayoritarios de distribución en formatos domésticos y exhibición en streaming, haberse interesado por estos dos títulos, garantiza poco o nada la aprehensión del universo creativo articulado por Sang-soo a lo largo de las casi veinte tragicomedias de costumbres que ha realizado desde mediados de los años noventa; y no porque estas hayan hecho gala de una variedad apabullante de recursos argumentales, porque cada una de ellas haya ambicionado tener un valor singular, unívoco y testamentario de cara a la posteridad. Sino, por el contrario, debido a que el eclecticismo como autor de Sang-soo se sustenta en unos pocos motivos expresivos, cuyo alcance discursivo pleno está marcado por las obsesivas variaciones y permutaciones formales que componen la madeja de cada una de sus películas, y que enredan a la vez todas ellas.

Aunque las comparaciones frecuentes de su cine con los de Woody Allen o Éric Rohmer no dejan de ser problemáticas, brindan una idea de hasta qué punto es relevante la cita periódica con las películas de Hong Sang-soo: pasos de una novela en marcha con matices diarísticos, orquestada por un flâneur que se abismase en el espejo de sus propias imágenes para que orientaran su rumbo vital, aunque acabe siempre por encontrar en ellas el reflejo facetado hasta el infinito de las posibilidades, las frustraciones, las ensoñaciones y los chascos de su existencia, de toda existencia. En este sentido y otros, su modelo bien podría ser Jean Renoir; a la reflexión enunciada en La regla del juego (1939), “solo hay una cosa realmente espantosa, y es que todo el mundo tiene sus razones”, Sang-soo podría añadir que el balance de una sola vida es el de las vidas del mundo entero, por cuanto todas comparten un principio de indeterminación fruto de los impulsos que nos asaltan a diario para ser una u otra persona, de las razones variopintas con que nos engañarnos para optar por ser una u otra. Si ello da lugar a algo espantoso o no, es algo que el director surcoreano deja a nuestra libre interpretación. Pero, viendo su cine, es perceptible que sus aspectos hedonistas y relativistas, su querencia por lo pasajero y el azar, se dan la mano con el desaliento, con una profunda melancolía. Como ha escrito un compatriota suyo, el ensayista Kyung Hyun Kim, “las películas de Sang-soo son demasiado posmodernas para ser existencialistas; demasiado rabiosas y sinceras para ser posmodernas; demasiado cínicas para ser románticas; y, quizás, demasiado apasionadas para ser nihilistas”.

Ahora sí, antes no es ejemplo paradigmático de ello; quizás, de una toma de conciencia más franca al respecto de lo habitual en el cineasta. Lo que cuenta en su primera hora la película, el relato sobre el que se volverá en la segunda mitad con cambios más sustanciales de lo que parece, es la breve estancia en la ciudad de Suwon de un conocido director de cine procedente de Seúl, cuyo nombre presenta sospechosas similitudes con el de nuestro autor: Ham Cheon-soo, invitado a una rueda de preguntas y respuestas en torno a una de sus obras. Haciendo tiempo hasta la celebración del evento en calles y recintos museísticos, Ham conoce a Yoon, una aspirante a artista; entre ambos se desarrollará a lo largo de ese día y en un puñado de escenarios –un templo al aire libre, la casa de la joven, un restaurante, el salón de unos amigos de Yoon, calles a última hora de la noche, un auditorio– un juego de seducción, confesiones y gestos equívocos que, en una y otra mitad de la cinta, se saldará con la separación.

Todo en Ahora sí, antes no,lo ha visto antes el fan de Sang-soo. Véase el supuesto naturalismo extremo de la puesta en escena –realzado por el uso desde hace un tiempo de la fotografía digital–, salvo en lo tocante al zoom y los giros de la cámara sobre un eje fijo. O ciertos temasdetectables ya en su ópera prima y título más singular de su filmografía, Daijiga umule pajinnal (1996), como el viaje desde la capital a la provincia que descoloca psicológicamente, y la necesidad de llenar un tiempo libre forzoso que se tiñe imprevistamente de connotaciones significativas. O la insistencia en los escarceos sentimentales de los protagonistas, mediados por el talante ora jovial, ora crítico, del cineasta hacia las relaciones humanas. O la meditativa voz en off de alguno de los personajes en esta ocasión, solo durante el fragmento inicial, empleada antes en Un cuento de cine (2005) y Oki’s Movie (2009). O la presencia del mundillo del cine y, por extensión, el artístico, con las reflexiones consiguientes en torno a sus imposturas, a su ligazón más o menos fructífera con la vida. Y, por supuesto, como ya se ha referido, la división recurrente del metraje en episodios o capítulos, que propician el solapamiento con efectos dialécticos de puntos de vista, tiempos, y hasta niveles metanarrativos vía el recurso a escritos, películas y otros guiños: en un momento dado de Ahora sí, antes no, Ham y Yoo debaten si fugarse juntos a la región de Gangwon, donde los actores que los interpretan, Jeong Jae-yeong y Kim Min-hee, han rodado posteriormente otra película a las órdenes de Sang-soo, aún en producción a la hora de escribir estas líneas; y, cuando, en los minutos postreros, Yoo se dispone a ver una película de Ham, será la realización previa de Sang-soo, Hill of Freedom (2014).

Como testimonia también ya desde su título Ahora sí, antes no, el cine de Hong Sang-soo es una afirmación excelsa de los puntos suspensivos hacia el ayer, el mañana, lo no llevado a cabo y lo abierto a infinitas contingencias, como filosofía creativa que traspasa la ficción para atañer a la condición misma del cineasta como tal y como ser humano. Ahora bien, en una película cuya producción ha vuelto a estar tan caracterizada por la experimentación y lo improvisado, resulta imposible no sorprenderse ante el claro juicio de valor que se deduce, no ya de su título en castellano, sino del original, “Acertado ahora, equivocado antes”; título otorgado además al relato último, mientras que el previo ha sido llamado “Acertado antes, equivocado ahora”. El intercambio de palabras, el subrayado en el carácter negativo del fragmento inicial frente al postrero, siembran las sospechas acerca de la arbitrariedad de todo ello; y una observación minuciosa confirma que no hay tal. No importa si en el primer relato entendemos por antes un pasado impreciso más inocente y fecundo o, en el segundo, un pasado asimismo inconcreto plagado de errores. Lo cierto es que, atendiendo a las estrategias formales de cada parte, resulta evidente que la primera funciona como borrador de la segunda, o la segunda como remake benevolente de la primera, algo que confirma el modo sucesivo y reactivo en que se filmaron una y otra.

Ahora sí, antes no se halla condicionada por la doble mirada subjetiva, arisca, inmadura, hasta ruin, que depositan el director de ficción, Ham, y el propio Sang-soo, sobre la vida recreada; en cambio, “Acertado ahora, equivocado antes” alumbra una declaración positiva de intenciones, un asomo de costumbrismo espiritual ligado curiosamente a un tratamiento más convencional de la ficción. Sería absurdo sacar conclusiones rotundas de ello. Es posible que Ahora sí, antes no responda a un estado anímico coyuntural de Hong Sang-soo. Pero, tras su contemplación, es inevitable pensar que el universo puede no hacer distingos si afrontamos la senda de la vida y la creatividad como se expresa en “Acertado antes, equivocado ahora”, “sin saber en qué sentido vas, confiando en tus sentidos y percepción”, o si lo hacemos, como se escucha en “Acertado ahora, equivocado antes”, “yendo más allá de lo reconfortante”; sin embargo, Sang-soo nos permite creer que no es obligado abandonarse a la autocomplacencia, la alienación en nuestra propia sensibilidad, el signo de la época; que existe la opción de aspirar a una forma de nobleza y honestidad que redima la volatilidad absoluta del mundo y de nuestro paso por el mismo.

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