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¿QUÉ INVADIMOS AHORA?

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Titulo Original
    Where To Invade Next
  • Producción
    Dog Eat Dog Films / IMG (Estados Unidos, 2015)
  • Dirección
    Michael Moore
  • Guión
    Michael Moore
  • Fotografía
    Jayme Roy, Richard Rowley
  • Montaje
    Pablo Proenza, Woody Richman, Tyler H. Walk
  • Distribuidora
    Avalon
  • Estreno
    27 Mayo 2016
  • Duración
    119 min.
  • Intérpretes
    Documental

queinvadimos2Mucho poderío y poca calidad de vida en EE UU

            Antes de que el cine documental consiguiera la enorme riqueza y variedad de lo que ahora llamamos no-ficción, Michael Moore (Flint, Michigan, 1954) ya practicaba un discurso audiovisual en primera persona, entre el ensayo y el equivalente en cine a la columna periodística. Son siempre películas comprometidas sobre cuestiones en las que se implica, y eso se plasma en el enunciado en primera persona y la propia presencia del cineasta dentro de los documentales interrogando, provocando, discutiendo… en interacción permanente con la realidad. La crisis de la industria automovilística de su ciudad natal tratada en Roger y yo (1989) marca el inicio de una carrera no muy extensa, pero enjundiosa, que alcanzó su punto culminante en Bowling for Columbine (2002), un trabajo de difusión mundial sobre una matanza en un instituto, también abordada por Gus van Sant en Elephant, y Farenheit 9/11 (2004), donde hace una crítica a la utilización del atentado de las Torres Gemelas para emprender una guerra por el petróleo. También me resulta muy convincente su último trabajo,  Capitalismo, una historia de amor (2009), que pone el dedo en la llaga de las heridas de la crisis económica señalando responsables y beneficiados.

            El irónico título ¿Qué invadimos ahora? da la vuelta a la justificación de la política exterior norteamericana que ha enviado tropas a otros países con el argumento de llevar la libertad y la democracia, para abogar por lo mucho que Estados Unidos tiene que aprender del extranjero. Moore plantea “invadir” distintos países de Europa (y Túnez) para llevarse diversos logros y conquistas sociales desde la convicción de que el país más rico no es donde mejor se vive ni el que disfruta de mayor justicia social. Menos combativo que en otras ocasiones y hasta cierto punto más elemental en su discurso, Moore subraya las deficiencias de la calidad de vida en su país, agravadas en los últimos años, en relación con una Europa que ha sabido trabajar para vivir en lugar de vivir para trabajar, y hacerlo desde la perspectiva de construir comunidad.

            La cámara con el cineasta abriéndose paso viaja por el Viejo Continente y recoge testimonios variados sobre los modos de vida y el bienestar existente. En concreto, en Italia toma nota de las vacaciones pagadas, los horarios laborales que permiten comer en casa y las buenas relaciones en las empresas; la visita a un colegio francés le sirve para contraponer la calidad del menú escolar, variado y equilibrado, a la bandeja de comida en los institutos USA y dar cuenta de una adecuada educación sexual que tiene como resultado la mitad de embarazos de adolescentes en relación con los de Estados Unidos. La visita a Finlandia, país que lidera los mejores resultados escolares, sirve para subrayar la eficacia de un buen sistema público de enseñanza; y en Eslovenia recoge testimonios sobre la universidad sostenida por el Estado incluso para estudiantes extranjeros. De Alemania nos muestra unas condiciones laborales con mecanismos antiestrés y se hace hincapié en la educación y sensibilización social de la memoria histórica que vacune contra el antisemitismo y el holocausto. La política antidroga de Portugal, que evita la criminalización del consumo y hace hincapié en la prevención, sirve para recordar la enorme población penitenciaria en Estados Unidos y su carácter racista, al estar sobrerrepresentados los negros a quienes, además, se les arrebatan los derechos políticos. Las cárceles de Noruega se presentan como ejemplo de reinserción social y de recuperación de los delincuentes, de manera que solo el 20 por ciento de los internos vuelven a delinquir, frente a un 80 en EE.UU. Túnez es la siguiente etapa de este viaje y se informa sobre los centros de planificación familiar y los derechos de la mujer en un país musulmán; y la reacción social para preservar esos derechos cuando llegó la tentación fundamentalista. Se recuerda, luego, que Islandia ha sido el primer país del mundo con una presidenta y su condición de vanguardia de la no discriminación de género; el papel de la mujer ha sido determinante en una crisis económica donde la justicia ha llevado a la cárcel a los banqueros responsables. Finaliza el periplo junto al muro de Berlín para recordar la propia presencia de Michael Moore en la caída del telón de acero y la lucha por las libertades.

            La tesis del cineasta es que en Estados Unidos surgieron las semillas de los derechos laborales, de la igualdad y no discriminación en razón de sexo o raza, de la prisión rehabilitadora, de la educación para una ciudadanía madura, de la liberación sexual… pero las últimas décadas han llevado a una sociedad con mayores diferencias sociales y más neurotizada por los peligros externos mientras la calidad de vida ha disminuido. Resulta casi imposible rebatir a Moore, aunque su argumentario peca de trazo grueso y en ocasiones se le va la mano, como cuando dice que en Italia hay ocho semanas de vacaciones al año… Cinematográficamente no hay novedades y hasta resulta mucho más convencional –carece de momentos fuertes, como aquella entrevista sin preparar a Charlton Heston en Bowling for Columbine- pero no deja de ser un trabajo valioso, sobre todo si creemos todavía en la capacidad de intervención social del cine. 

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