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YO, DANIEL BLAKE

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    I, Daniel Blake
  • Producción
    BBC / BFI / Sixteen Films (Reino Unido, 2016)
  • Dirección
    Ken Loach
  • Guión
    Paul Laverty
  • Fotografía
    Robbie Ryan
  • Música
    George Fenton
  • Montaje
    Jonathan Morris
  • Distribuidora
    Caramel Films
  • Estreno
    28 Octubre 2016
  • Duración
    100 min.
  • Intérpretes
    Dave Johns (Daniel), Hayley Squires (Katie), Sharon Percy (Sheila), Briana Shann (Daisy), Dylan McKiernan (Dylan).

blake2Víctima de los Servicios Sociales

Un ebanista cincuentón, viudo y sin hijos, sufre un infarto y está de baja laboral en tratamiento. Sus médicos le recomiendan que pida una incapacidad parcial o temporal a la Seguridad Social. La burocracia oficinesca le pone sucesivas trabas y convierte el proceso de obtención del subsidio en un auténtico calvario que acaba con la paciencia y la salud de Daniel Blake, un trabajador bien intencionado, que ayuda desinteresadamente a una madre soltera con dos hijos pequeños que se encuentran también en una situación difícil.

Ken Loach, el indiscutido cineasta social inglés, vuelve a arremeter contra los Servicios Sociales del Reino Unido (y, por extensión, también a nuestro INEM y organismos similares) por su falta de sensibilidad ante los casos que han de atender. Excepto una funcionaria, las personas que tratan a Daniel Blake y a Katie hacen gala de un formalismo y formulismo capaces de agotar la paciencia del santo Job. El protocolo está siempre por encima de la persona, no se admiten objeciones, ni matices. Toda lógica reclamación es derivada a un sistema de impresos y formularios que desvirtúa el valor de la queja. Puede parecer exagerada la historia que cuenta Loach, pero los usuarios saben de sobra que los organismos oficiales, aunque lleven el piadoso nombre de Bienestar Social, cometen a diario tropelías por aplicar estrictamente unos reglamentos que están para evitar abusos, pero no para confundir y aturullar a las personas, por lo general, de bajo nivel cultural, pero con necesidades acuciantes.

En el film que nos ocupa su protagonista desconoce el uso del ordenador y, sin embargo, los funcionarios le hablan de continuo de rellenar impresos o quejas on line cuando Blake es analfabeto digital (si se me permite esta expresión), un rasgo de personas mayores o de media edad que nunca han estudiado o aprendido lo básico de la informática. Lo grave de la denuncia de Loach es que Daniel Blake y su amiga nunca se sienten protegidos por los Servicios Sociales sino en lucha con ellos para obtener algo que se les debe por ley, más aún, a veces les faltan claramente al respeto suponiendo (se sobreentiende) que son unos pícaros que tratan de vivir a costa de los demás sin dar golpe. No resultan más estimulantes los comedores sociales o el mismo banco de alimentos. En suma, una película que denuncia las malas prácticas de los sistemas europeos de protección social, que lo hace con la autenticidad de quien conoce a gente que ha sido beneficiaria de esas ayudas y que le ha narrado el calvario por el que han pasado y siguen pasando, pues si cometen cualquier tipo de equivocación, son penalizados con mermas en su pensión o subsidio, como si fueran unos niños caprichosos a quien el Estado-papá castiga por díscolos.

El estilo narrativo de Loach es de sobra conocido. No se permite virguerías lingüísticas o estéticas. Va al grano directamente y sin ambages. Llama a las cosas por su nombre y retrata con justeza las calles y lugares de ese Newcastle inhóspito que no ofrece trabajo a un ebanista al que obligan a repartir currículums, no para que le contraten, sino para le paguen el subsidio al que tiene derecho.

Como en otras ocasiones, Loach consigue de sus actores una interpretación deslumbrante a base de ser ellos mismos, de no necesitar de muecas ni gestos altisonantes para mostrar la injusticia de la situación que viven, unas peripecias que recuerdan a los protagonistas de El proceso y El castillo de Kafka, el literato que mejor ha retratado la maldad de la burocracia y del funcionariado formalista y protocolario. Recordemos asimismo el suplicio de los protagonistas de Ladybird Ladybird (1994) a manos de trabajadoras sociales que se asemejaban más a miembros de la Gestapo que a personas compasivas. Porque, en definitiva, la denuncia de Loach es contra la falta de una genuina compasión, es el leitmotiv de prácticamente toda su ya extensa obra. Vivimos en un mundo despiadado en que está ausente la misericordia por el otro, sea emigrante, parado, enfermo, loco… o ciudadano normal. Falta misericordia y… sobre todo, justicia.

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