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DIAMANTE DE SANGRE

Escrito por Francisco Benavent
  • Titulo Original
    Blood Diamond
  • Producción
    Paula Weinstein, Edward Zwick, Marshall Herskovitz, Graham King, Gillian Gorfil para Bedford Falls Prods./ Initial Entertainment Group/ Spring Creek Prods./ Virtual Studios (Estados Unidos, 2006)
  • Dirección
    Edward Zwick
  • Guión
    Charles Leavitt
  • Fotografía
    Eduardo Serra
  • Música
    James Newton Howard
  • Montaje
    Steven Rosenblum
  • Duración
    143 min
  • Intérpretes
    Leonardo DiCaprio (Danny Archer), Jennifer Connelly (Maddy Bowen), Djimon Hounsou (Solomon Vandy), Michael Sheen (Simmons), Arnold Vosloo (Col. Coetzee), Kagiso Kuypers (Dia Vandy), David Harewood (Capt. Poison), Basil Wallace (Benjamin Kapanay), Ntare Mwine (Med)
  • Dirección Artistica
    Dan Weil

Filme de acción y melodrama sobre tráfico negro de diamantes como moneda de cambio para el pago de armas

Una serie de películas recientes -Traffic (2000), Amar peligrosamente (Beyond Borders, 2003), Syriana (2005), El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2005), El señor de la guerra (Lord of War, 2005)…- han sacado a la palestra la forma en la que el nivel de vida del acomodado mundo occidental se sustenta en unas raíces de corrupción, hundidas frecuentemente en los países del tercer mundo. Aludido en el último de esos títulos, el tráfico negro de diamantes como moneda de cambio para el pago de armas es el eje de esta historia, envuelta en un excipiente "made in Hollywood" de acción (tiros y explosiones por doquier) y melodrama conmovedor (padre que busca a su familia desaparecida en el caos de la guerra). Son diamantes envueltos en sangre, que sirven para comprar más armas y seguir matando a los opositores.

Sierra Leona, durante el sangriento conflicto "olvidado" que en los años noventa mantuvieron el gobierno y los rebeldes, es un buen ejemplo de esa corrupción, como muchos enfrentamientos similares que han asolado el continente africano. Dos tipos coinciden en una cárcel de Freetown. Uno de ellos (Leonardo Di Caprio, grave y voluntarioso) es un mercenario sudafricano, un contrabandista que trabaja para las organizaciones internacionales de venta de piedras preciosas. El otro es un pescador negro -Djimon Hounsou, el sufriente esclavo de Amistad (1997)- que ha perdido el contacto con su familia durante la revuelta que desgarra el país; mientras trabajaba esclavizado en los campos de diamantes, ha encontrado una gran piedra preciosa, un raro diamante de irisaciones rosadas. El contrabandista desea poseerlo, pero el pescador sólo quiere oír hablar de recuperar a su familia, ver de nuevo a su mujer, llevada a un campo de refugiados, y a su hijo, secuestrado y adiestrado para ser un niño- soldado. Es el inicio de un largo y arriesgado periplo por unas tierras anegadas en sangre y codicia, un muestrario de la barbarie humana que se resume en un "Esto es África". En su camino se cruzará una periodista norteamericana buena conocedora de estos conflictos (Jennifer Connelly, guapa e inerme como siempre, con un personaje arquetípico), cuya profesión les puede facilitar la movilidad por unos caminos donde en cualquier curva se dispara sin preguntar. Los intereses de los tres personajes están sincronizados. Ejemplo de insobornable dignidad, el pescador quiere volver a reunirse con los suyos. El cínico contrabandista ansía la sensacional piedra para salir de allí con el riñón cubierto (lo mismo que otros como Arnold Vosloo o David Harewood). Y ella, periodista idealista, con su habitual lucha interior entre ser una observadora imparcial o involucrarse ante el horror que ven sus ojos, busca la exclusiva para su publicación, desenmascarar lo que el tráfico de diamantes esconde, las empresas occidentales que los compran y los almacenan para que sigan siendo escasos y su valor permanezca artificialmente alto.

Previsible en sus esquemas, la película sin embargo se halla realizada por Edward Zwick -Tiempos de gloria (Glory, 1989), Leyendas de pasión (Legends of the Fall, 1997), El último samurai (The Last Samurai, 2003)- con un atenazante tono realista a la hora de mostrar la confusión y el salvajismo de la contienda, similar al que Terry George imprimía en Hotel Rwanda (2004). Rodada en escenarios naturales sudafricanos y mozambiqueños, tuvo como referencia Cry Freetown (1999), un estremecedor documental de Sorious Samura. Mientras la mayor parte del mundo elegía mirar hacia otro lado, este cineasta natural de la propia Sierra Leona se quedó a riesgo de su vida y filmó todas las atrocidades que tenían lugar en el país. Sus consejos también han servido de valiosa guía para la producción de la historia, en la que Zwick ha intentado combinar la concienciación con el espectáculo "para no echar al público de las salas" (todo lo contrario de lo que le sucedió a Samura: su documental es de tal crudeza que pocas televisiones se han atrevido a programarlo). Según declaró "Como cineasta, primera y principalmente quiero entretener al público. Si con ello se puede hacer una denuncia y hacer que la gente entienda un tiempo o una circunstancia, entonces hay esperanzas de que las cosas vayan a mejor. Obviamente, un solo trabajo no puede cambiar el mundo, pero lo que uno intenta es agregar su voz al coro". Esa esperanza de cambiar las cosas se parece a lo que el pescador negro le dice a la periodista: "cuando su reportaje se publique vendrán a ayudarnos ¿no?". "No, no lo creo" contesta ella resignada, aunque siguiendo al pie del cañón con la cámara fotográfica. Más sincero dentro de lo que cabe en un producto de Hollywood -más que por ejemplo Lágrimas del sol (Tears of the Sun, 2003)-, este drama recuerda esa realidad lacerante que se esconde tras los escaparates de las joyerías occidentales, las tragedias humanas y la inmundicia que esas piedras preciosas, símbolos de riqueza y amor, llevan tras de sí.

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