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EL BUEN PASTOR

Escrito por Manuel Alcalá

De Niro acierta en el enfoque, el reparto estelar y el ritmo de su narración, extensa y honda a la par

Robert Mario de Niro jr (1943), neoyorkino de ascendencia italiana e hijo de artistas no necesita presentación. Su sólida formación dramática, lograda entre la calle y la escuela, lo acreditó, como intérprete y protagonista, en películas de numerosos maestros del cine: M. Scorsese, B. De Palma, F. F.Coppola, R. Joffé, B. Bertolucci, E. Kazan, S. Leone, M. Cimino, M. Mann, B. Levinson, H. Ramis, J. Mangold, Q. Tarantino y J. Roach, etc. Obtuvo dos “oscars” (El padrino II, 1974 y Toro salvaje, 1980) y un “León de Oro” a su producción (Venecia, 1993). Aquel mismo año se lanzó, además, a la dirección con Una historia del Bronx, donde reflejó con acierto y ternura su difícil infancia y adolescencia. Ahora retoma la aventura con una obra arriesgada, sobre la CIA, el centro de espionaje más admirado y odiado del mundo con sus 30.000 empleados, su ambigüedad moral, sus métodos y su pertenencia a la primera potencia militar del globo. El director neoyorkino salió airoso de la empresa, sobre todo por el acierto de su enfoque, el manejo de un reparto estelar y el ritmo espléndido de su narración, extensa y honda a la par.

Una película de espionaje total corre riesgos de acción genérica y confusa. De Niro obvió el problema, centrándose en la vida de E. Wilson, uno de los fundadores y futuro director de la CIA. Estudiante en Yale, dotado de una enorme intuición, nervios de acero, fe ciega en la patria y fidelidad radical al silencio y disimulo, ingresó en la fraternidad secreta Skull and Bones Society, pensada para reclutar nuevos dirigentes políticos. De ella surgiría, durante la IIª guerra mundial, el OSS (Centro de Servicios estratégicos) del espionaje USA y luego la CIA. A lo largo de toda la guerra fría, fue la institución, contrincante a muerte, de la KGB soviética, en la lucha por el dominio geoestratégico del mundo. .

La metodología del espionaje, se basa en la tesis implícita de “el fin justifica los medios”, tanto más cuando se trata de defender a la patria. Tal enfoque medular se plasma en la película, al contarse la vida de Wilson rotando en torno a una pirámide axiológica de vértice casi religioso. De ahí, el irónico icono bíblico del Buen Pastor que, aunque pierda a veces ovejas del rebaño lo sigue muy de cerca con su vigilancia. El argumento, admirablemente encajado por el logrado protagonista Matt Damon, narra su proceso de ensimismamiento y de soledad interna, como hombre enmascarado, aunque siempre protegido por su secreto impenetrable. Todo lo demás claudica y ahí radica su tragedia humana interior, clave exegética de un film que es mucho más que una obra de espionaje.

Para subrayar aún más tal proceso, De Niro ha escogido un reparto de un valor excepcional. Es probablemente una de las películas norteamericanas con más actores secundarios de la mejor calidad. Basta ojear la ficha técnica para hallar el estrellato femenino de Angeline Jolie o Martine Gedeck, junto a la una serie de veteranos acreditados a lo largo de brillantes carreras, en infinidad de películas. Se necesitaba una fuerte personalidad, como la De Niro, para poder “pastorear” cinematográficamente a todos ellos, en papeles tan diversos y con el constante riesgo de solaparse argumentalmente sin producir confusión. Esto lo consigue el director mediante la habilidosa sucesión de la gran antología de anécdotas significativas que no distraen al espectador, ni le apartan de la línea medular. En tal sentido, es también ejemplar el guión de Eric Roth que ya se había revelado su maestría en Munich (Steven Spielberg, 2005), película que en el fondo guarda cierto parentesco con el presente, tanto por su estructura, como por el vaivén que ambas han producido en la opinión pública.

En el pasada 57 Berlínale El buen pastor fue el film mejor valorado en todo su conjunto por la crítica especializada. El jurado de siete miembros, presidido por Paul Schrader (USA), no quiso otorgarle ningún premio sectorial. Prefirió entregarle un “oso de plata” a todo el equipo artístico y técnico del film, por sus extraordinarios logros. Un acierto, indudablemente.

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