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DESPUÉS DE LA BODA

Escrito por J.L. Sánchez Noriega

Melodrama sólido y reconfortante de trasfondo moral.

Tras Te quiero para siempre (2002) y Hermanos (2004) esta tercera película que se estrena en nuestro país de Susanne Bier muestra una evidente continuidad con los títulos anteriores –melodramas desgarrados donde un suceso fortuito o un hecho sorprendente irrumpe con fuerza en las vidas de las gentes para ponerlas a prueba- a lo que no parece ajena la circunstancia de que sean filmes obra del mismo guionista, Anders Thomas Jensen. También se aprecia un notable parentesco con el movimiento Dogma 95, tanto porque asume algunas de sus propuestas –ausencia de saltos temporales, cámara en mano, renuncia al cine de género- y por el hincapié en el guión y la construcción dramática que, a fin de cuentas, constituye la reivindicación del movimiento, como por el tema del desvelamiento de los secretos familiares, tan presente en los títulos fundacionales Celebración (Festen, Thomas Vinterberg, 1998) y Los idiotas (Idioterne, Lars von Trier, 1998).

Jacob es un voluntario danés que regenta en la India un orfanato amenazado de cierre por falta de fondos. Viaja a su país para conseguir financiación para sus proyectos, pues hay posibilidad de ello con una fundación que se ha puesto en contacto con él. Se entrevista con el millonario Jorgen que antes de darle una respuesta, como por casualidad le invita a la boda de su hija Anna. En la ceremonia, Jacob se encuentra con la esposa de Jorgen, Helene, con quien mantuvo una relación sentimental tiempo atrás. Jacob termina descubriendo que Anna es hija suya y que todo ha sido un montaje. En efecto, Jorgen padece una enfermedad terminal y ha buscado a Jacob para que se ocupe de su familia cuando él falte.

La materia prima decididamente melodramática de Después de la boda y el resultado de una película tan contenida y convincente demuestra, una vez más, que la diferencia entre la obra de arte y el culebrón más manipulador no radica en el tema o en la naturaleza de la historia sino en el tratamiento dado. O, desde otro punto de vista, esta película nos hace ver que, por más que el mundo de Falcon Crest nos resulte caricaturesco con sus celos arrebatadores, pasiones desmedidas, engaños fratricidas, envidias criminales o amoríos desatados, la naturaleza humana y nuestras vidas no pueden hurtarse a esos sentimientos. Todo es cuestión de medida, de distancia emocional frente a lo que se cuenta, se trata de no confundir la realidad y su representación ya que la mera reproducción de lo real nunca adquiere la consistencia del objeto estético; mucho más cuando conlleva la manipulación de emociones y sentimientos, tan delicados como ingredientes de la obra artística.

Susanne Bier ha sabido calibrar muy bien esa distancia: ni tan cercana como para atrofiar los sentidos de un espectador enfangado en las pasiones representadas ni tan lejana que anule la necesaria empatía con los personajes y sus avatares. La cámara siempre cerca, en un relato muy ágil, sin más dilaciones que las imprescindibles, confiando en unos diálogos muy bien medidos, Después de la boda cuenta con convicción una historia muy melodramática, al borde de la inverosimilitud, pero que atrapa al espectador. Al fin y al cabo es la historia de Jacob y, mediante la adopción del punto de vista de este personaje –respetado en la mayoría del metraje- se consigue la solidaridad del espectador, de manera que más importante que los sucesos que desfilan por la pantalla, es el camino de sorpresas vivido por Jacob, cuyo presente comprometido con los niños sin hogar de la India no es necesariamente incoherente con un pasado de alcohol e infidelidades.

Puestos al borde del abismo –sobre todo Jorgen y Jacob, pero también las dos mujeres- la película viene a plantear una reflexión sobre la condición humana en situaciones excepcionales, esas que sacan lo mejor y lo peor de nosotros. El millonario Jorgen, feliz con su esposa, su hija adoptada y dos gemelos de unos ocho años, tiene la suficiente generosidad como para buscar un futuro para su familia en la persona de quien podría ser su rival (y no sabemos si realmente lo fue). Por supuesto que hay tragedia en la muerte anunciada, en negarse a contar esa verdad y conseguir la complicidad de quienes te rodean; incluso será discutible la estrategia de la mentira para involucrar a Jacob en ese futuro. Pero no cabe duda de la fortaleza moral que sitúa a quien la posee por encima de la misma muerte. La historia de Jacob es el itinerario de redención de un pasado convulso –apenas entrevisto por el espectador- que pasa por la India, donde este bebedor descubre la piedad y el amor hacia los niños y llega a la hija desconocida y a Helene, la mujer ahora reconocida como madre.

Merecida candidata al Óscar a la mejor película extranjera –aunque improbable ganadora por la dureza del tema y el tratamiento- Después de la boda es una película sólida y reconfortante. No deslumbra por su novedad ni provocará entusiasmos en el público, pero resuelve bien el tema que plantea y, en su peripecia argumental, se atreve con matices poco frecuentes en el cine melodramático.

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