.

CUATRO MINUTOS

Escrito por Fernando Bejarano

Melodrama carcelario con ínfulas políticas y exceso de pirotecnia efectista

Que el piano es un hermoso instrumento musical lo puede percibir cualquiera que tenga una mínima sensibilidad estética; que manejadas por dedos virtuosos sus teclas blanquinegras pueden extraer los más bellos efectos sonoros, es también algo que embriagará el alma de espíritus cultivados. Lo que debe de ser más complicado es vislumbrar en el piano y en sus intérpretes una auténtica fuente de creación de historias dramáticas. A la archifamosa de Jane Campion, se han unido este año dos películas cuya médula narrativa parte de la capacidad para tocar este instrumento, como metáfora de la realización personal. Tras el estreno de la francesa La última nota, llegó a las pantallas españolas Cuatro minutos, otro de los grandes éxitos del cine alemán en este año. La última nota (cuya crítica se publicó en Cine para leer, 2007 Enero-Junio) narra la implacable venganza que se toma una joven que vio truncada su carrera musical contra la pianista por la que suspendió su examen cuando tenía diez años. Cuatro minutos puede leerse como una mera historia carcelaria, trufada de deseo lésbico, entre una octogenaria profesora de piano empeñada en que una presa redima su condición de asesina gracias a su genial interpretación al piano. Pero, posiblemente, el éxito de esta película en Alemania tiene más que ver con la apelación al inconsciente colectivo que puede extraerse de la lectura sociopolítica, mucho más rica y enrevesada que la sola percepción del melodrama penitenciario: la genialidad y la capacidad creativa no son nada sin la disciplina, el sacrificio y el esfuerzo continuo; la inocencia mancillada genera violencia; el arte no debe reverenciar al poder salvo a través de la ironía. En fin, como un ejercicio de expurgación en el que con cuatro minutos basta para que aflore la genialidad del auténtico artista.

El guionista y director Chris Kraus ha planteado Cuatro minutos como una intensa película de personajes con dos protagonistas fuertes: Traude Krüger, una octogenaria profesora de piano, con turbio pasado de lesbianismo y colaboración con los nazis, y Jenny von Loebe, una chica rebelde de veinte años que está en la cárcel por asesinato; fue una precoz pianista que ganaba premios hasta que se hartó y decidió que se retiraba, tras lo cual sufrió las vejaciones sexuales a cargo de su padre, quien negocia con la veterana profesora para que presente a su hija a un concurso de jóvenes promesas. A su alrededor aparecen como tópicos arquetipos el funcionario severo con quien tiene que bregar la anciana, el funcionario simplón que sale dañado circunstancialmente, la presa que no parará hasta maltratar a la joven pianista. Los pasajes de los secundarios funcionan a modo casi de transición, pues toda la trama está hilada en torno a la confrontación entre las dos personalidades contrapuestas. El guión es truculento, estridente como corresponde al género carcelario, pero la realización trata con pudor y sin exhibicionismo los aspectos más delicados del pasado nazi, el amor lésbico y la violencia carcelaria.

Con una puesta en escena tan nerviosa como la de los videoclips, y la utilización de fuerte contraste fotográfico desde el claroscuro sobre impresionado al negro más absoluto, es tan posmoderna como para no dejar la cámara quieta con movimientos caprichosos, encuadres y ángulos televisivos; y para utilizar la alteración del tiempo en el comienzo de la película de manera tan gratuita como confusa. Kraus ha construido un film muy sensitivo y expresionista, le interesa más la sensación que provoca la representación de los roles que el relato narrativo de dos personalidades enfrentadas. La mayoría de las secuencias están construidas con efectismo creciente para desembocar en un clímax desagradable. De tal manera que se afronta la siguiente con la prevención del que se pregunta sobre lo que vendrá después. Ante tanta descarga de adrenalina, el cuerpo y la mente se quedan cariacontecidos pensando que este melodrama con ínfulas políticas, en realidad se podría contar sin tanta pirotecnia efectista. Por supuesto, las interpretaciones de Monica Bleibtreu, como la resabiada profesora, y de Hannah Herzsprung, como la indómita pianista, son de las de las que ganan premios y se quedan en la retina.

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.