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14 KILÓMETROS

Escrito por Ángel Luis Inurria

Efectiva representación, entre el documento y la ficción, del fenómeno de las pateras.

El espacio físico que separa África de Europa es tan solo de unos pocos kilómetros, exactamente catorce, distancia inversamente proporcional a las diferencias políticas, sociales y económicas entre ambos continentes; por ello, cada año miles de africanos subsaharianos intentan emigrar clandestinamente a la dorada sociedad del bienestar, largo trayecto, cara e incierta aventura en la que muchos jóvenes intrépidos encuentran la muerte. Lamentable odisea, por muchos y diferentes motivos, diariamente presente en nuestros informativos, pero que no suele despertar como merece la atención del cine, a pesar de que otros acontecimientos menos imparables y determinantes y, desde luego más lejanos, sí lo consiguen.
 
Ahora, gracias al interés de Gerardo Olivares, realizador curtido en el documental cultural y antropológico, en una mezcla de ficción y documento (elección también presente en su anterior obra La gran final, posterior a su documental Caravana), se ofrece a nuestra mirada el camino que han de recorrer los africanos hasta ponerse a tiro de piedra de la soñada Europa. Los avatares de un complejo itinerario que narra el largo, duro y complicado viaje a través de Malí, Níger, Argelia y Marruecos, hasta llegar a la deseada patera  y tras vencer los definitivos y finales 14 kilómetros –título del filme-, llegar a la costa española, para ellos la puerta de Europa.
 
La narración fílmica, tras presentarnos la vida y el entorno de los protagonistas, sus razones para enfrascarse en la peligrosa y esperanzadora aventura, nos mostrará las complicaciones que encierra el viaje, la supeditación a las mafias que lo organizan, lo que no implica estar a salvo de la inseguridad, las incertidumbres que suponen las distintas fronteras que deberán burlar, impedimentos que, como otros, deberán superar alimentados por la ilusión que no entiende de fronteras.
 
Los escenarios naturales donde se dan cita el documento y la ficción, una fotografía luminosa con estilo propio, la complicidad de su efectiva banda sonora y unos actores no profesionales, como la acertada dirección, ayudan a la credibilidad de la realidad planteada, lo que no ocurre siempre en este tipo de empeños, en este filme que destila sinceridad, al tiempo que entretiene e ilustra sobre uno de los más importantes desafíos con que se enfrenta la rica (por el momento) y cada vez más vieja Europa.

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