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YO SERVÍ AL REY DE INGLATERRA

Escrito por Manuel Alcalá

Como en el mejor Menzel, un profundo humanismo y gran concentración artística

Jiri Menzel (1938), formado en la FAMU, escuela de cine de Praga, su ciudad natal, y con una amplia docena de largometrajes en su haber, es hoy tal vez el más acreditado representante del entonces nuevo cine checoslovaco que se revelaría durante la primavera de Praga (1968) que acaba de cumplir su cuarenta aniversario. De otra parte, Bohumil Hrabal (1914-1997) es sin discusión uno de los escritores más populares de la literatura checa del siglo pasado, por su estilo picaresco, muchas veces desenfadado, agudo y siempre rebosante de fina crítica sociológica. Ambos artistas fueron amigos y vivieron muchos momentos significativos de la alternante historia de su patria. El escritor era muy joven cuando se creó artificialmente Checoslovaquia, tras el desmembramiento del antiguo imperio austrohúngaro. El cineasta nació el mismo año de la ocupación de su patria por el ejército nacionalsocialista. Luego ambos sufrieron, en diversa medida, las dictaduras nazi y comunista, junto al trágico intermedio de la segunda guerra mundial. Tales acontecimientos, especialmente su repercusión en las antiguas zonas sudetes (de cultura y habla alemana) son el tema de la presente y, por ahora, última película del director de Bohemia.

J.Menzel, inspirándose en Hrabal, como ya lo había hecho antes en cinco ocasiones, reconstruye gran parte de la historia patria a través de la ficción. Esta vez se centra en un muchacho ambicioso y pícaro que sabe aprovechar cualquier situación para medrar. Da igual que la coyuntura política sea dictatorial o democrática; que los poderosos sean burgueses, honrados o desaprensivos, y que los instalados en el poder tengan la mentalidad nazi o comunista. El pícaro, siempre (o casi siempre), sale a flote, a base de doblez, flexibilidad, concesiones en una doble o triple moral y derroche de picardía. Su método consiste en nunca desalentarse y siempre observar los fallos del entorno, para usarlos en provecho propio. Así llegará, de ratero a millonario, de aparente burgués a aparente dictador; de pretendido liberal a colaborador con los nazis; de mujeriego empedernido a casarse con una chica “sudete” de familia alemana y temple nazi. Sus fracasos acaban en triunfos. Sólo al fin de su vida, ya durante la etapa comunista, cambiarán las tornas y él aterrizará quince años en una cárcel por haber ganado otros tantos millones de maneras muy equívocas. Al recobrar la libertad exterior, busca la interior en un pueblo perdido, precisamente abandonado por los nazis y no reconstruido. Allí encontrará a la mujer que le haga meditar sobre su propia vida, desde perspectivas más auténticas que las que hasta entonces había experimentado.

Desde el punto de vista cinematográfico, el relato está espléndidamente concebido como fruto de una experiencia artística extraordinaria. El enfoque de este aventura vital con su ascensión y caída, es totalmente retrospectivo. A lo largo del mismo se recogen numerosos momentos históricos significativos de cada etapa sociopolítica. La habilidad y la capacidad de síntesis son tan acertadas, que no existen puntos muertos en los relatos sucesivos, donde alternan dramatismo y rutina; tragedia y comedia, la anécdota inverosímil, aunque desgraciadamente real, y el gris diario de la vida rural o urbana. El temple general del film es, como en otras obras del mejor Menzel, de un profundo humanismo y gran concentración artística. Son muy significativas, por ejemplo, varias secuencias eróticas, tanto de la etapa burguesa, como especialmente de la nacionalsocialista, donde alternan el ridículo, la picardía y el cinismo, a veces al borde de la “exhibición”. Con todo, el buen gusto formal no llega a lesionarse demasiado. Las difíciles interpretaciones, tanto del pícaro protagonista en sus etapas juvenil y anciana encarnadas respectivamente por Ivan Bayner y Oldrich Kaser, como de la actriz alemana Julia Jentsch y la mayoría del reparto secundario, son de gran calidad y cumplen bien su cometido.

Sin duda estamos, como en otros casos, ante una clara obra de análisis crítico y cine comprometido. Sin embargo, el director sabe alternar entre el estilo refinado y el popular, dentro de un clima que oscila entre el cinismo, la picardía y los toques cómicos, hasta finos y elegantes. Los golpes de humor ayudan a la crítica social según las normas de la comedia clásica en su versión centroeuropea, propia del autor que ha ido acumulando a lo largo de una difícil existencia, incontables experiencias trágicas y cómicas y que sabe expresarlas, tanto para el público en general. como para la crítica exigente. A esto se debe tal vez diversos premios nacionales conseguidos en la República checa, como en el de la prensa internacional, en el Festival de Berlin (2007).

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