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CUANDO ELLA ME ENCONTRÓ

Escrito por Pedro Miguel Lamet

Nueva mirada sin brillantez sobre la crisis femenina de los cuarenta.

Hay películas incatalogables en cuanto a su género. Tal es el caso de Cuando ella me encontró, que no es comedia, ni drama, ni melodrama, ni tragicomedia, sino algo indefinible  que se queda a medio camino de todo. La oscarizada actriz Helen Hunt, después de algunos años dedicada al teatro, empuña por primera vez la manivela como realizadora en esta adaptación de la novela del mismo nombre de Elinor Lipman, un proyecto desde años acariciado y que no había podido llevar a cabo porque los derechos estaban en poder de otros productores que nunca realizaron la película.

April Epner (Helen Hunt) es una maestra de Nueva York de origen judío en plena crisis meridiana, que vive un momento crucial en su vida. En pocos días su marido (Matthew Broderick) la abandona, fallece su madre adoptiva y, de pronto, de forma sorprendente aparece su madre biológica (Bette Midler), que resulta ser una famosa presentadora de un programa de entrevistas en la televisión. Al mismo tiempo irrumpe como pretendiente el padre de uno de sus alumnos (Colin Firth) que, aturdido ante la confusión de April, no sabe a qué atenerse. La película, que comienza y termina con una oración judía, viene a centrarse en la búsqueda de identidad de esta cuarentona que siente, además del vacío afectivo, la urgente necesidad de ser madre, al mismo tiempo que duda de aquella que se le presenta como auténtica madre.
 
La actriz, convertida en directora, asegura haber “puesto todo aquello en lo que creo en la película. No me importa nada más. Está todo allí”. Juego de sentimientos en el laberinto de amores que son, no son o lo parecen, el film se decanta por defender la maternidad por encima de todo, entre personajes inmaduros que son meramente abocetados en torno al eje de la película, la personalidad de April, excelentemente interpretada por la escuálida Helen Hunt, que se consagró con Mejor imposible (Oscar a la mejor actriz de 1997) o Cadena de favores, y que ya se revelara en su espectro más cómico en la serie televisiva Mad about you (“Loco por ti”, serie de 164 episodios, que mereció cuatro premios Emy) junto a Paul Reiser. En realidad, es el único personaje bien dibujado, que Helen, a pesar de ser contraria a la tesis de interpretar un papel cuando se dirige una película, quiso encarnar desde el primer momento, retocando para ello un guión en el que tuvo que hacer cambios a la novela para readaptarlo a su edad actual. Muy bien secundado, eso sí, por Bette Midler.
 
 Los demás son estereotipos: el marido inmaduro, el eterno adolescente y el resto de la comparsa. Película pues de un solo personaje que tiene una virtud: moverse con  naturalidad y autenticidad en un mundo de mujeres y sentimientos, y que pivota en el diálogo desenfadado y una dirección lineal, sin sorpresas. El humor, su faceta de comedia, no llega a hacer saltar la carcajada, ni su drama a provocar las lágrimas. Detrás puede intuirse un trasfondo de ideas muy de la mujer de edad media americana y sus valores, donde la religiosidad, la importancia de los afectos y el papel del hijo marcan la pauta de su cosmovisión tradicional. Film, no obstante, con aspectos originales y libres en su realización conversacional y primaria –con tropiezos de guión-, que interesa en la medida que bucea en la psicología de una mujer media de la calle, ni fea ni guapa, ni lista ni tonta, atrapada por la vida. Valioso en sus aspectos humanos y cierta autenticidad desenfadada rompedora, puede complacer y dejar indiferente sin llegar a entusiasmar.

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