.

7 VÍRGENES

Escrito por Pedro Sangro

Una visión rasposa y poliédrica de una cámara inquieta que mira personajes ignorados.

Tras las estimulantes “El factor pilgrim” (2000) y “El traje” (2002), Alberto Rodríguez (esta vez trabajando sin la codirección de Santiago Amodeo) se coloca de nuevo tras las cámaras para obsequiarnos con una película dura y arriesgada. Aunque puede que el tono escogido le condene a la inevitable comparación con el grupo de directores emparentados con ese cine bautizado como “realismo social” (León de Aranoa, Mañas, Zambrano, etc.), la tremenda propuesta nihilista que dibuja en “7 vírgenes” le confiere, más allá de cualquier encasillamiento, un respeto como director de cine capaz de lanzar una mirada propia sobre el mundo. Para los tiempos que corren, no es poco.
 
No sé si “social”, pero realismo sí que hay en el film, y a raudales. Desde los primeros minutos, es tal la dosis de fragmentos de vida dramatizada remendados en imágenes que el espectador llega a olvidar, por momentos, que está viendo algo escrito en un guión e interpretado por un puñado de actores. No en vano, muchos de ellos son desconocidos, jóvenes elegidos entre los miles de aspirantes que abarrotan los institutos de barrio propios del universo andaluz decadente y marginal que la cinta elige para situar los acontecimientos.
 
Para meternos en harina, Rodríguez, de forma eficaz, utiliza un macguffin argumental que echa a andar a sus personajes: la boda de Santacana (Vicente Romero), el hermano de Tano (Juan José Ballesta), permite a este último regresar a su barrio y disfrutar de un permiso de fin de semana fuera de las puertas del reformatorio en el que está confinado. Esta excusa narrativa nos arroja a un apocalíptico escenario (y sin embargo, presente a la vuelta de la esquina de cualquier ciudad española) gobernado por niños que se tienen que hacer adultos demasiado rápido; un mundo violento en el que los afectos familiares casi han sido extinguidos y el único calor humano proviene de la pandilla. Allí, Tano disfrutará de su efímera libertad junto a su amigo Richi (Jesús Carroza), se verá obligado a revisar el motor que soporta su relación de pareja con su novia Patri (Alba Rodríguez), e iniciará un viaje sin retorno en el que se verá obligado a despojarse de la inocencia para siempre.
 
A pesar del riesgo que supone, la apuesta por caras nuevas en el reparto no ha podido salir mejor, ya que la interpretación de todos los chicos, piedra angular que soporta la verdad de la película, saca sobresaliente en frescura, fuerza y cuidado. Jesús Carroza, sobre todo, despunta como actor novel aportando al personaje de Richi algo que sólo la virginidad y la inexperiencia profesional pueden convertir en solidez y sentimiento en la pantalla. Junto a él, un extraordinario Juan José Ballesta (Tano) confirma que ha sabido crecer con el cine español, y que su “bola” no era una creación accidental de niño prodigio condenada a marchitarse con los años. Entre los dos, orquestan un juego de miradas y silencios que combina armoniosamente, por difícil que pueda parecer, con los crudos diálogos que sueltan por sus bocas: escatológicos, ordinarios y duros como la vida misma. Entendiéndose a la perfección, la entrega y confianza del dueto en el impecable trabajo de dirección acaba emocionando al personal al trazar a la perfección los rasgos que definen un sentimiento universal tan sencillo, pero a veces tan puñetero, como es el de la amistad.
 
Justamente, es la historia de amistad entre ambos personajes a la que más desarrollo argumental se le presta en la película. Y sin embargo, son el resto de premisas dramáticas apuntadas (a veces se trata de simplemente de tramas contadas en off, trazos de personajes tangenciales, o inclusión de escenas autocomplacientes de intensa fuerza poética) las que proporcionan la coherencia final necesaria para poder hablar de una obra sólida, que navega en todos sus frentes a favor del mismo fin.
 
Demoledor es, por ejemplo, el momento en el que Santacana (soberbia criatura construida por Vicente Romero) se hunde al reconocer su cobardía vital, sentado en actitud patética en el water de su casa; poderoso es el momento, silente y reflexivo, en el que Tano admira (y secretamente envidia) la renuncia a la libertad de su hermano, que de forma triste y resignada se retira temprano de su propia boda para hacerse cargo de la abuela; bella e intensa es, también, la escena en la que Tano y Richi sueñan con un futuro mejor en los andamios de un edificio en construcción (hermosa metáfora de la famélica estabilidad propia de su situación actual); acongojante es, por último, el pasaje que sitúa a Tano contra la espada y la pared, forzándole a participar en un ajuste de cuentas callejero que le puede acarrear consecuencias funestas.
 
El compromiso de considerar el cine como un filtro hipnótico que obligue al espectador a recordar (y no a olvidar, como les gustaría a los que entienden las sombras de la pantalla únicamente en su dimensión mercantil), confiere a “7 vírgenes” el mérito de rasgar la pantalla para reclamar, agónicamente, nuestra atención frente a una visión rasposa y poliédrica de una cámara inquieta que mira a unos personajes ignorados por la sociedad. Como dice su director “para la mayor parte de la gente, los protagonistas de esta película no existen. Forman parte de una realidad localizada en la sección de sucesos; un accidente geográfico inexplorado y ajeno a la clase media de cualquier país”. Es por eso quizás, por lo que, como entes de ficción, los pobladores de esta historia nos resultan extraños e incómodos, amenazadores desde la pantalla, y pensamos que en cualquier momento pueden saltar de la misma para zarandearnos y ajustar cuentas con nosotros.
 
Ni siquiera el desenfocado fotograma congelado que detiene el relato (aunque no lo clausura) es suficiente para devolvernos a nuestra realidad cotidiana al terminar la representación. Sólo unos minutos después de caminar por la calle y respirar el aire a bocanadas, fuera ya de la sala, uno trata de convencerse de que lo que ha visto es, con toda seguridad, una ficción.

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.