.

CONTRACORRIENTE

Escrito por J.L. Sánchez Noriega

Honesta, desigual, primeriza, pero con interés

Esta primera película del director Javier Fuentes-León viene avalada por un notable catálogo de premios de pequeños festivales dedicados al cine independiente, siendo el galardón del público de Sundance el más preciado. En efecto, se trata de una película con todas las características como para triunfar en ese circuito: una obra pequeña, procedente de una cinematografía tercermundista, aunque apoyada por dos países europeos, ambientada en un entorno de sociedad un tanto primitiva y con un tema de actualidad susceptible de denuncia o, al menos, de polémica.

Fuentes-León aborda la cuestión de la tolerancia hacia la orientación homosexual en el contexto de un lugar de la costa norte del Perú, en el seno de una aldea de pescadores aglutinados en una comunidad cristiana que constituye tanto un espacio de celebración y cooperación como un referente moral. Y la película se hace simpática –independientemente de los valores cinematográficos- por esa pretensión desarrollada sin grandilocuencia, prácticamente como algo muy natural. No obstante, no ayuda demasiado la voluntad de transparencia, de llegar a públicos muy diversos, y dejar muy clara la cuestión mediante un lenguaje audiovisual que coloca cada elemento en su lugar, con innecesarios énfasis; como tampoco una forma de filmar desnudos o secuencias de sexo explícito que, para el gusto de hoy, parece excesivamente pudorosa.

El director maneja bien los componentes melodramáticos, lo que contribuye a revalidar la muy rica tradición latinoamericana en ese género, en un argumento que básicamente viene a remozar el trío sentimental por la vía de la irrupción de un amante masculino del esposo de una pareja (de ordinario era una tercera la que irrumpía como amante del varón). Miguel y Mariela son un joven matrimonio que espera felizmente su primer retoño en una casita pobre al borde del mar. Pero Miguel mantiene una relación sentimental con Santiago, un pintor y fotógrafo llegado de la ciudad y convertido en elemento bohemio en el pueblo. En el desarrollo narrativo de esa situación se introduce un elemento propio del realismo mágico: Santiago fallece ahogado pero su alma no descansará hasta que no sea debidamente despedido, según costumbre del lugar. A Miguel se le aparece y, aunque al principio le incomoda, pronto descubre la ventaja de mantener el trío a salvo gracias a que continúa con su esposa y con la presencia virtual pero muy física de su amante. La situación se quiebra cuando aparece el cadáver y se plantea el entierro, a la vez que en el pueblo se hace pública la relación prohibida homosexual.

En el tramo final la película se ralentiza y abunda en explicitaciones innecesarias; tampoco ayuda la banda sonora con canciones al borde de la cursilería. Mejor partido se saca al espacio físico y humano de la aldea de pescadores en un lugar aún sin prostituir por esa plaga contemporánea que llamamos turismo: un lugar de atractivo innegable, pero tampoco mitificado, como prueba la denuncia de los prejuicios y la tradición homófona que ya no son de recibo hoy en día. Honesta, desigual, primeriza, pero con interés, Contracorriente es un título a tener en cuenta, aunque no nos descubra nada nuevo, ni en el tema tratado ni en cuanto propuesta cinematográfica.

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.