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CONVENCION EN CEDAR RAPIDS

Escrito por FMB

Comedia de cine independiente agradable de ver

La filmografía del portorriqueño Miguel Arteta (n. 1965), desarrollada tanto en el cine como en la televisión norteamericanos, se caracteriza en el primer apartado por unas películas de producción independiente y de planteamientos honestos. Se dio a conocer con Los Angeles gigoló (Star Maps, 1997), sobre los sueños frustrados y la cruda realidad que descubre un adolescente mejicano que quiere triunfar en Hollywood, y después con The Good Girl (2001), donde Jennifer Aniston encarnaba a una dependienta de supermercado desgraciada en amores. Inéditos se hallan en nuestras pantallas sus otros dos largos, Chuck & Buck (2000) y Youth in Revolt (2009).

Son filmes agridulces, historias de gente sin historia, de personajes que nadan a contracorriente en paisajes grises, justo los que no interesan a los estudios de Hollywood. Esos mismos planteamientos, aunque desarrollados con mucho más humor, son los que ofrece esta comedia nada desdeñable que arranca en un pueblo perdido de Wisconsin, probablemente cercano al terruño donde vivía la Dorothy de El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939); uno de tantos situado en el Medio Oeste, donde todo el mundo se conoce, los tratos se sellan con un apretón de manos y los coches paran en los pasos de cebra. Ed Elms -uno de los amiguetes de Resacón en Las Vegas (The Hangover, 2009)- es un afable agente de seguros cuyo jefe le encarga acudir a una convención de la empresa en Cedar Rapids (Iowa), una vez que el compañero que habitualmente solía ir ha sido encontrado muerto en circunstancias poco acordes con la moral por allí imperante de puertas para afuera. Su misión será revalidar el galardón con el que la delegación se ha alzado en los últimos años. El ingenuo pueblerino, soltero y treintañero, con sus jerseys de rombos y calzoncillos oceán –probablemente Perdición (Double Indemnity, 1944) tampoco se encuentre entre sus películas favoritas-, se ve metido entonces en los agitados días de la reunión, llenos de alcohol, sexo, drogas, prostitutas, sobornos…, toda una aventura que va a trastocar su concepción de la vida y en la que marcha acompañado de otros tres agentes: un afroamericano sensato y benevolente (Isiah Whitlock Jr.,), un fanfarrón que es su polo opuesto (John C. Reilly, estupendo como siempre) y una chica (Anne Heche) que todos los años aprovecha esas fechas fuera del hogar para tomarse un respiro familiar, algo parecido a lo que hacía Vera Farmiga en Up In The Air (2009). El jefe supremo (Kurtwood Smith) es ese mago de Oz que lidera la compañía como si fuera una iglesia ajena a los escándalos, aunque como siempre los manejos corruptos se esconden tras las fachadas, algo con lo que se va a topar el Simplicissimus que llega desde la aldea.

Rodada por motivos fiscales en Ann Arbor (Michigan), la cinta es un buen ejemplo de ese cine independiente cada vez más raro de ver en el panorama estadounidense. Se apoya en un guión bien llevado (obra del semidebutante Phil Johnston, nacido en Iowa), que pone en pie con gracia un retrato tanto del "Midwestern", sin caer en los tópicos sobre las patochadas del "nerd", como del ambiente que se respira en esas convenciones. También en los otros dos puntales de toda buena comedia, unos actores sólidos -aunque Sigourney Weaver es demasiado para el papel tan pequeño que tiene, que parece arañado de La última película (The Last Picture Show, 1971) de Peter Bogdanovich, dejando con ganas de saber más sobre lo que ha sido su vida-, y un trabajo de dirección donde Arteta se halla inspirado a la hora de lograr el tono tragicómico adecuado, con un cierto aroma al cine de Frank Capra. Agradable de ver, la película proporciona unas cuantas risas legítimas, lo que en estos tiempos donde triunfan las comedias groseras es de destacar.

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