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DINERO FÁCIL

Escrito por Francisco M. Benavent

Relato plausible, cercano y realista, provisto de una gran intensidad dramática

La novela negra nórdica se ha puesto de moda tras los éxitos conseguidos por Stieg Larsson y su chica tatuada en la trilogía "Millennium", o Henning Mankell y su atormentado comisario Kurt Wallander. Puntualmente llevadas a la pantalla, son historias cuyo fondo destila un sentimiento de malestar, de que bajo esas arcadias escandinavas extremadamente avanzadas algo maligno se incuba. Asesinatos como el de Olof Palme en 1986 o la reciente matanza perpetrada por un monstruo como Anders Breivik recuerdan a estos efectos que la realidad suele superar a la ficción.

Dinero fácil es un thriller ambientado en los bajos fondos de la capital sueca, adaptación de la novela de gran éxito (cuatrocientas mil copias sólo en su país y otras tantas en el extranjero) que el abogado y después escritor Jens Lapidus (Estocolmo, 1974) publicó en 2006, recogiendo en ella "documentadamente y sin exageraciones" su amplia experiencia profesional en los juzgados holmienses. Su relato de crimen y codicia discurre por los mismos callejones de los clásicos y el propio autor ha confesado su predilección por el estilo violento de James Ellroy. Se evidencia que el lado oscuro de la naturaleza humana no varía con el tiempo, acentuándose incluso en momentos como el presente, donde documentales como Vamos a hacer dinero (Let’s Make Money, 2008) o Inside Job (2010) han constatado que la grave crisis económica que atravesamos debe mucho a la ambición por hacerse rico rápidamente y a cualquier precio de unos cuantos sinvergüenzas.

J.W. es un estudiante de económicas en Estocolmo que se codea con la flor y nata de la burguesía del país: fiestas lujosas, coches caros, chicas esbeltas. Procedente de una modesta familia provinciana a la que dejó atrás, es inteligente -aunque no del todo listo- y posee una buena presencia, pero su problema es que ni tiene dinero ni pertenece a ese cerrado círculo social que muestra sin ningún pudor sus extravagancias (antes, por el contrario, era de mal gusto hacer ostentación de la riqueza). El indispensable sustento monetario para su tren de vida lo obtiene trapicheando para Abdulkarim, un traficante de drogas. El resto son apariencias: cambiar los botones a la camisa para que parezca de marca o aparcar su destartalado coche fuera de las mansiones para que no sea visto. Como Tom Ripley en el país del Gran Gatsby, este joven arribista está dispuesto a olvidar sus escrúpulos para tener, como todos, un trozo del pastel, esos fajos de billetes que desfilan despreocupados ante sus Ray-Ban, pudiendo así medrar sin complejos y aspirar a la bella Sophie.

La oportunidad se le presenta cuando Abdulkarim lo requiere para que dé cobijo a Jorge, su socio, un traficante chileno de cocaína que se ha escapado de la cárcel. La banda va a introducir en Suecia un gran alijo procedente de Alemania y habrá que blanquear las ganancias. Los conocimientos financieros de J.W. y un banco en apuros cuyo dueño intenta evitar la quiebra son la solución. Pero unos hampones serbios, liderados por Radovan y su lugarteniente Mrado, también desean su parte del festín y declaran la guerra al clan. El ambicioso como en el fondo ingenuo corderito se ha metido en un bosque lleno de manadas de lobos, y pronto va a perder no sólo su inocencia.

La cinta la dirige Daniel Espinosa, nacido en las cercanías de Estocolomo en 1977 de padre chileno. Estudió cine en Dinamarca y lleva ya firmados dos largos. No consigue una obra innovadora ni descollante dentro del género, espejo crítico que refleja el lado más sombrío de la sociedad, pero sí un relato plausible, cercano y realista, provisto de una gran intensidad dramática tomada de los postulados del cine Dogma tan en boga actualmente en las cinematografías nórdicas –algo que formalmente suele venir acompañado de un cierto desaliño visual. Destacan los apuntes tocantes a la infancia cuyas cicatrices dejan marcado de por vida, personajes duales que no son ni blancos ni negros al cien por cien, o el retrato reconocible de una podredumbre cuyo olor todos tratan de esconder: arriba y abajo de la escala social unos y otros asientan sus negocios sobre la misma inmundicia, sólo que los poderosos han alcanzado ya una hipócrita respetabilidad social y los mafiosos aspiran a ello. Coppola lo sintetizó muy bien con aquello de la "Fundación Vito Corleone".

Sin caer en los tópicos del cine negro de Hollywood, la película ofrece un estilo ágil y nervioso, apoyándose en la fotografía semidocumental de Aril Wretblad, en la subyugante banda musical de Jon Ekstrand y sobre todo en un reparto muy bien escogido. Empezando por ese protagonista que vende su alma al diablo, deslumbrado por un dinero que no es tan fácil, un J.W. de esos que cualquiera ha conocido en la carrera. O ese matón eslavo de mirada alobada que tiene que hacerse cargo de la custodia de su pequeña hija, como Jean Reno hacía con Natalie Portman en El profesional (Leon) (Léon, 1994). También Jorge, un superviviente nato que siempre cae de pie y que lleva bolsas de El Corte Inglés. Sophie, que no es la típica rubia vacua y tiene otra película detrás. El presidente del banco, que quiere su parte del botín sin hacerle ascos al color del dinero. Unos sicarios que dan perfectamente el tipo, creíbles y sin caer en la caricatura. O esos pijos bonitos cuya vida va de fiesta en fiesta, que clasifican a los demás en tres tipos de personas ("los estupendos que llevan buenos zapatos y tienen una actitud correcta, los inseguros de clase baja que no saben cual es su sitio y los repugnantes que se quitan los zapatos y se deslizan con sus calcetines sudados").

De momento la Warner Bros. ya ha comprado los derechos para hacer una nueva versión "Made in USA" con el guaperas de Zac Efron en el papel de J.W., no por ser los guardianes del mejor cine negro, sino una vez que comprobaron que las recaudaciones de la película habían superado en Suecia a las de Avatar (2009). Por su parte, y tras "Nunca la jodas" (Aldrig Fucka Upp, 2008), historia similar sobre los tentáculos de las mafias yugoeslavas en Suecia que ya ha entrado en producción, Lapidus espera terminar un tercer libro para completar lo que llama la Trilogía Negra de Estocolmo. 

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