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La comunidad afroamericana en el cine de la era Obama

Escrito por Julio Vallejo Herán

Criadas-y-senorasCualquiera puede ser presidente de Estados Unidos. Esa vieja creencia se ha trasmitido casi como si fuera un mantra de generación en generación en el país de las barras y estrellas. No obstante, muchos creían que esa máxima solamente se cumpliría con la población blanca. La llegada a la Casa Blanca en 2008 de Barack Obama, hijo de un economista keniata y una antropóloga estadounidense, supuso, por tanto, un gran triunfo de la comunidad afroamericana, que tradicionalmente ha estado discriminada en ámbitos de la vida política, económica y social. El séptimo arte, espejo más o menos deformado de la realidad, ha aprovechado precisamente los dos mandatos del primer presidente negro de los Estados Unidos para mostrar el duro camino que ha atravesado la población afroamericana para lograr que uno de los suyos gobernara los destinos de un país que todavía es mayoritariamente blanco.

El propio Obama ha sido el protagonista de dos retratos cinematográficos que, curiosamente, han llegado al final de su mandato y se centran en sus años de formación. Hay tanto en Michelle & Obama, la peculiar visión de la primera cita del mandatario con la que se convertiría en su esposa, como en Barry, biopic de su etapa como universitario estrenado en el Festival de Toronto y distribuido internacionalmente por la plataforma de Netflix, un deseo de mostrarnos un modelo a seguir por los más jóvenes que se aleje un tanto del estereotipo negativo del hombre negro violento, machista y adicto a todo tipo de vicios. El mandatario se encuentra perfilado en ambos filmes como un hombre carismático, inteligente, comprometido con su tiempo y tolerante. Lo mismo se puede decir de su consorte, dibujada en el filme que recoge el encuentro romántico con el que se convertiría en su esposo como una mujer luchadora, nada cursi y muy segura de sí misma, lejos de la típica chica sumisa que acepta todo lo que dice su pareja.

Curiosamente, la posición de los máximos gobernantes norteamericanos en su relación con el racismo ha sido otro tema recurrente. En Lincoln, Steven Spielberg abordaba el proceso que llevó al decimosexto presidente de Estados Unidos a terminar con la esclavitud, mientras que El mayordomo nos enseñaba la posición de varios inquilinos del Capitolio respecto a la comunidad negra y los avances en los derechos civiles a través de un sirviente que trabajó con ellos durante varias décadas.

El papel de la mujer dentro de la comunidad es otro de los asuntos recurrentes dentro de los ocho años en la era Obama. Quizá la cinta más popular sea Criadas y señoras, relato de las penurias de un grupo de empleadas negras en el sur de Estados Unidos durante los convulsos años sesenta, época en la que se empezaban a derribar las barreras segregacionistas. Formalmente se asemeja a un cuidado telefilme de lujo repleto de buenas interpretaciones y pone de manifiesto las injusticias que sufrieron unas mujeres condenadas a aguantar los excesos de sus jefas blancas y obligadas a ser despreciadas por muchas personas que habían ayudado a criar. Deja constancia del egoísmo de una población caucásica claramente racista que trató con sumo desprecio a todos aquellos que sustentaron una vida de privilegios. La visión feminista de la lucha de las sucesoras de los esclavos africanos en Estados Unidos queda también reflejada en Figuras ocultas, drama de superación que plasma la colaboración femenina de varias mujeres negras en la carrera espacial norteamericana durante la Guerra Fría. Esta aseada producción, dirigida con sosa corrección por Theodore Melfi, refleja la doble discriminación de unas ciudadanas que tuvieron que superar barreras raciales por pertenecer a una minoría y ser féminas. Un desprecio que se extendía incluso a los hombres de su misma etnia, que no podían asumir que las mujeres pudieran ser eminentes matemáticas. Ese machismo del hombre negro aparece también en Fences, adaptación al cine de la obra teatral de August Wilson dirigida y protagonizada por Denzel Washington. La trama nos presenta a un cincuentón en crisis que no duda en ser infiel a su pareja casi como un derecho adquirido por ser un varón que lucho por salir de la extrema pobreza, fracasó como jugador de béisbol y logró un puesto de conductor en el servicio de recogida de basuras, una plaza que solamente podían ocupar individuos blancos. Como en tantas ocasiones a lo largo de la humanidad, los logros de una comunidad suelen comenzar a visibilizarse en el sector masculino del grupo, aunque tardan en llegar a unas mujeres que –como la esposa encarnada por Viola Davis en el largometraje– se tienen que contentar con mantenerse en un segundo término como apoyo de los hombres en sus sueños de realización y cargar con gran parte de las responsabilidades familiares.

moonlight3El cine estadounidense del periodo comprendido entre 2008 y comienzos del 2017 nos ha enseñado también la existencia de personas discriminadas dentro de aquellos grupos desfavorecidos socialmente. Precious, por ejemplo, nos mostró los problemas que puede suponer en Estados Unidos ser no solamente una persona negra, sino también mujer, seropositiva, pobre, analfabeta y obesa. De la misma manera,Moonlight, ganadora del premio Óscar a la Mejor Película, dejó patente el drama de ser un joven sensible y gay en un entorno marginal negro donde el modelo es el propio de un hombre duro, promiscuo y claramente heterosexual. Sin embargo, si en algo se han caracterizado gran parte de las películas sobre la comunidad afroamericana ha sido por su interés en popularizar ciertos aspectos de la Historia. Selma nos recordó la marcha que representantes de diversos grupos sociales, encabezados por el reverendo Martin Luther King, para pedir la regularización del voto negro, mientras que el director Jeff Nichols reconstruyó sin subrayados innecesarios en Loving el caso del matrimonio interracial que acudió a los tribunales para poder vivir en su localidad natal, acabando así con las leyes que prohibían bodas de personas de distintas etnias.

Dentro de esta particular reivindicación de la memoria histórica hay que destacar las cintas que han indagado en aspectos menos conocidos del pasado. Así, por ejemplo, Los hombres libres de Jones relataba cómo granjeros sureños y esclavos lograron vivir en igualdad en una zona de Misisipi durante y después de la Guerra de Secesión. También desvelaba un aspecto oscuro de la Historia de Estados Unidos12 años de esclavitud, la particular odisea de un afroamericano libre que fue capturado y obligado a trabajar en condiciones infrahumanas en diversas plantaciones. Un decorado, el de los latifundios esclavistas, que la cinta de Steve McQueen comparte con El nacimiento de una nación, sangriento drama firmado y protagonizado por Nate Parker que recrea la revuelta de criados en el estado de Virginia en 1831. El tono combativo de este largometraje recuerda en muchos aspectos al de gran parte de la filmografía de Spike Lee. Precisamente el director de la popular Haz lo que debas ha pasado un tanto desapercibido en este periodo, donde ha realizado numerosos telefilmes y documentales centrados en ídolos de la comunidad negra como el boxeador Mike Tyson o el cantante Michael Jackson. No obstante, cabe señalar dos obras significativas como Chi-Raq, adaptación muy libre de Lisístrata que reflexionaba sobre la violencia y el racismo en Estados Unidos, o Miracle at St. Anna, que contaba la historia de cuatro soldados afroamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Un aspecto éste, el de la participación de los sucesores de los esclavos en conflictos bélicos, que retoma Red Tails, cinta que deja constancia de la importancia de la participación de un grupo de pilotos negros en la contienda iniciada en 1939.

Incluso Quentin Tarantino, un cineasta que se ha ganado la animadversión de Spike Lee por su frecuente uso de la expresión nigger (negrata), se ha preocupado de abordar la cuestión racial en dos westerns. Django desencadenado nos presentaba como héroe a un esclavo norteamericano en tiempos previos a la Guerra de Secesión, mientras que en Los odiosos ocho abordaba de forma más o menos tangencial las consecuencias y los rencores que generó aquella contienda a través de la figura de un cazarrecompensas de tez marrón que sirvió en el bando de la Unión.

Otro subgénero abordado por el séptimo arte de este periodo ha sido el biopic de personajes de piel oscura que marcaron la cultura popular y el deporte en Estados Unidos. El héroe de Berlín, por ejemplo, dejó constancia de los problemas que tuvo que superar el atleta Jesse Owens antes y durante su participación en las Olimpiadas que se celebraron en la capital alemana durante el periodo nazi. No obstante, quizá los retratos que más han predominado hayan sido los correspondientes a músicos negros. I Feel Good-La historia de James Brown, particular resumen de la tumultuosa existencia del autor de Night Train, reflejaba cómo el cantante se abrió camino en los Estados Unidos durante un periodo fundamental en la lucha por los derechos civiles, mientras que Miles Ahead, atípico perfil del mítico Miles Davis, mostraba que un afroamericano podía ser detenido en los años cincuenta del siglo XX casi por el mero hecho de serlo.

No obstante, sobresale el homenaje a Nina Simone, una de las grandes vocalistas y pianistas negras del siglo XX y persona comprometida con su comunidad, como dejó constancia en canciones del calibre de Four Women, su versión de Strange Fruit o To Be Young, Proud and Gifted (Ser joven, orgulloso y con talento), fences3himno de la lucha de los derechos civiles. Su presencia en las bandas sonoras de cintas como Barry o El nacimiento de una nación, un errática biografía (Nina) y dos documentales, What Happened, Miss Simone? o The Amazing Nina Simone, han dejado constancia de la vida de una mujer marcada por la imposibilidad de convertirse en concertista clásica a causa del color de su piel.

El género documental también ha abordado la cuestión negra desde diferentes puntos de vista. Así Ava DuVernay, no por casualidad directora de la citada Selma, analiza en Enmienda XIII, un documental distribuido por la plataforma audiovisual Netflix, la criminalización de los negros en Estados Unidos. Igualmente reivindicativo resulta I am not your negro, centrado en el escritor James Balwin y el activismo de aquellos descendientes de los esclavos que vinieron de África, u O.J,: Made in America, trabajo ganador del premio Óscar acerca del polémico exjugador de fútbol americano O.J. Simpson. Una historia que tiene su particular complemento en la serie de ficción American Crime Story: The People vs O.J. Simpson, que mostraba el juicio donde el popular deportista fue juzgado por los asesinatos de su esposa y un amigo de ésta.

La denominada pequeña pantalla también ha aportado su granito de arena a la causa afroamericana. Además de una nueva versión de la mítica Raíces, que recoge la vida de un esclavo desde África a las plantaciones de Estados Unidos, se han producido una serie protagonizada por un superhéroe negro (Luke Cage), otra –Bessie– que resume la agitada existencia de Bessie Smith, una de las reinas del blues, y dos –Atlanta y The get down– centradas en la música negra y el hip hop.. Todos los títulos citados son un ejemplo de un audiovisual estadounidense empeñado en dejar constancia de la importante aportación de los afroamericanos a Estados Unidos y de las muchas trabas de todo tipo que han tenido que pasar para llegar a una situación que todavía dista de ser la de plena igualdad con los blancos, aunque también se encuentre muy lejos de la que tuvieron en un pasado relativamente cercano. 

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