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Choque de titanes

Escrito por Diego Salgado

Guerra Fria - PortadaChoque de Titanes: 50 películas fundamentales sobre la Guerra Fría, de Antonio José Navarro, UOC, Barcelona, 2017, 220 pp.

Hace unas semanas, indicábamos a propósito de otro volumen de la colección Filmografías esencialesEn busca de lo real: 50 documentales esenciales, de Jordi Revert– el reto tan complejo bajo las apariencias que afrontan la editorial UOC y los autores coordinados por Jordi Sánchez-Navarro: aunar lo didáctico y el ensayismo de fondo a la hora de analizar un determinado registro o movimiento cinematográfico, mediante el repaso sistemático a medio centenar de títulos representativos de sus claves.

El desafío es si cabe mayor en el caso del libro ahora reseñado, decimonoveno de la colección. La Guerra Fría no es, a diferencia de lo que sucedía en entregas anteriores, un género codificado –como el western, el musical o la ciencia ficción–, un tema –el periodismo, la medicina, la ciudad–, una tendencia cultural –el rock, las adaptaciones literarias, la pintura en el cine– o un periodo temporal tan amplio como para derivar en concepto –la Edad Media, la antigüedad, lo histórico–. Como indica su título completo, Choque de titanes se centra en un periodo tan definido y cercano a nosotros como es el que va de manera aproximada desde 1947, recién concluida la Segunda Guerra Mundial, hasta 1989, en que cae el Muro de Berlín; cuatro décadas en las que Estados Unidos y la extinta Unión Soviética midieron sus fuerzas sobre el tablero de la geoestrategia mundial, con la amenaza perpetua del empleo por las partes en conflicto de un armamento nuclear capaz de acabar con la vida en nuestro planeta. En palabras del autor de Choque de Titanes, Antonio José Navarro, “la Guerra Fría puede considerarse el enfrentamiento más largo de la historia de la humanidad, y el de mayor magnitud, ya que prácticamente ningún país del mundo escapó a su nefasto influjo y el combate alcanzó, incluso, el espacio exterior” (p. 12).

Una época insólita desde nuestra perspectiva de incertidumbres absolutas. Las escaladas de tensión fueron continuas –Crisis de Berlín (1948), Guerra de Corea (1950-1953), sublevación popular en Hungría (1956), ubicación de misiles soviéticos en Cuba (1959), intervenciones militares estadounidenses en Vietnam y Camboya, Guerra de Afganistán (1979-1989) –, hasta el punto de parecer asegurada en más de una ocasión la destrucción mutua. Y, al mismo tiempo, llegó a vivirse por entonces una situación de estabilidad a la sombra de los bloques enfrentados que, hoy por hoy, añoran más de uno y dos intelectuales y ciudadanos de ciertas edades: durante su visita a España en noviembre de 2017 con motivo de una retrospectiva de su obra organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el periodista y documentalista británico Adam Curtis no dudaba en afirmar que el final de la Guerra Fría supuso “que el poder dejase de estar asociado a los políticos, se hiciese más difuso y nadie volviese a estar seguro de dónde reside. La clase política cambió, dejó de tener el control y se convirtió, junto a los financieros, los psicólogos y los sociólogos, en gerente de una realidad que colapsó a su vez con la Gran Recesión de 2008”.

El impacto cultural de aquel pulso de cuarenta años entre las dos superpotencias fue, obviamente, enorme, tanto como para dar lugar a un estado global del espíritu muy reconocible. Y el cine, quizá la expresión artística e industrial más significativa del siglo XX, desempeñó un papel social, propagandístico y fiscalizador sustancial para reflejar y tasar dicho impacto. El análisis metódico de esa confluencia abrumadora de política, paranoias colectivas y séptimo arte ha sido encomendado con buen criterio a Navarro, uno de los críticos de cine con discursos más rotundos e influyentes en el panorama de la cinefilia española contemporánea, amén de apasionado experto en las relaciones del medio con los marcos históricos en que es producido, como han demostrado muchos de sus escritos y trabajos de coordinación y, en especial, su libro en solitario previo, ya de referencia: El imperio del miedo: El cine de horror norteamericano post 11-S (2016).

En Choque de Titanes: 50 películas fundamentales sobre la Guerra Fría, Navarro se adapta a la estructura requerida por la colección: preámbulo sincrético –dividido en apartados de títulos tan ilustrativos como Tácticas fílmicas, El cine como arma ideológica, Propaganda vs. cultura popular y Esbozo de una cronología–, y estudio de los títulos escogidos. Pero no renuncia en ningún momento a su idiosincrasia ensayística. Lo ponen de manifiesto una y otra vez los argumentos desplegados en sus entradas sobre las películas en concreto: en la correspondiente a El mensajero del miedo (1962), por ejemplo, destaca la “surreal textura narrativa de la película” (p. 111), que revela cómo la virulencia anticomunista en la Norteamérica de los años cincuenta y primeros sesenta sublimaba profundos abismos psicológicos en los que se sacudían y agitaban el matriarcado, las tendencias incestuosas, los complejos edípicos… recordemos cómo exponía Navarro en El imperio del miedo: El cine de terror norteamericano post 11-S que “los constructos racionales de cada sociedad constituyen un intento de gestionar nuestra secreta vida interior, consciente y, al mismo tiempo, subconsciente (...) que llena la vida de algo numinoso” (p. 44). Y lo ponen de manifiesto también las páginas introductorias; véanse sus apreciaciones en las páginas 15-17 a propósito de los géneros cinematográficos y las retóricas fílmicas impulsadas por el poder, cuyos efectos, plagados por otro lado de disonancias perceptivas para el público, pasaron en el caso del cine producido tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética por “articular una sucesión de imágenes distorsionadas de la realidad a fin de crear lo que se denomina falsa conciencia, un patrón de pensamiento y comportamiento unidimensional que trascendiera el discurso y se convirtiera en modo de vida” (p. 17).

Las diferentes estrategias empleadas por la industria cinematográfica de cada bloque –la seducción y el entretenimiento en el norteamericano, por lo general el didáctico y el ideológico en el soviético– también son objeto de atención en el prólogo y, por supuesto, en la selección cronológica de películas, que arranca con Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques (Lev Kulechov, 1924), pionero “ejercicio de propaganda ácidamente paródico en torno a los prejuicios estadounidenses hacia la revolución de octubre de 1917”, y concluye de forma ingeniosa con El puente de los espías (Steven Spielberg, 2015), thriller de espionaje que ejemplifica para Navarro –en un texto, por cierto, soberbio– lo perseguido por él mismo en su libro: “restaurar el ambiente, la textura” de la Guerra Fría, pero “desde una distancia cultural que permite encriptar diversas reflexiones al respecto”. Entre el filme de Kulechov y el de Spielberg, clásicos como Ninotchka (1939) y Ultimátum a la Tierra (1951); reivindicaciones como La sombra del zar amarillo (1969) y Salvador (1986); títulos a descubrir, o a redescubrir desde una óptica más fundamentada, como Tchapaief, el guerrillero rojo (1934), The Communist (1958) y Coordinates of Death (1985); y hasta ausencias atrevidas, como ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964) y La vida de los otros (2006), a favor de elecciones no tan obvias: My Son John (1952), la producción española Murió hace quince años (1954), la surcoreana Silmido (2003). Un libro riguroso, muy aconsejable. 

 

Índice

Choque de Titanes (p. 11)

 

LAS PELÍCULAS (pp. 33-212)

Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques (1924

Tchapaief, el guerrillero rojo (1934)

Ninotchka (1939)

Mission to Moscow (1943)

El telón de acero (1948)

Vstrecha na Elbe (Meeting on the Elbe) (1949)

Zagovor Obrechyonnykh (Conspiracy of the Dammed) (1950)

Ultimátum a la Tierra (1951)

I Was a Communist for the FBI (1951)

My Son John (1952)

La guerra de los mundos (1953)

Fugitivos del terror rojo (1953)

Prisoner of War (1954)

Murió hace 15 años (1954)

La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)

En el ojo del huracán (1956)

Kommunist (Communist) (1958)

La balada del soldado (1959)

Una bala sin nombre (1959)

Rojo atardecer (1959)

Uno, dos, tres (1961)

El mensajero del miedo (1962

Escape from East Berlin (1962)

Desde Rusia con amor (1963 

Su excelencia el embajador (1963)

Siete días de mayo (1964 

Punto límite (1964 

El espía que surgió del frío (1965)

Estado de alarma (1965)

¡Que vienen los rusos! (1966)

Boinas verdes (1968)

La sombra del zar amarillo (1969 

Topaz (1969 

Atrapados en el espacio (1969)

La carta del Kremlin (1970)

Hearts and Minds (1974)

Meteoro (1979 

Salvador (1982)

The Atomic Cafe (1982)

Amanecer rojo (1984)

Rambo: Acorralado parte II (1985 

Koordinaty smerti (Coordinates of Death) (1985)

Soviet, la respuesta (1987)

Danko: Calor rojo (1988)

La bestia de la guerra (1988)

La caza del Octubre Rojo (1990)

Matinee (1993)

Trece días (2000)

Silmido (2003

El puente de los espías (2015)

 

Bibliografía (pp. 213-217

Índice de películas (pp. 219-220)

 

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