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FENCES

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Producción
    Paramount Pictures / Scott Rudin Productions (Estados Unidos, 2016)
  • Dirección
    Denzel Washington
  • Guión
    August Wilson, a partir de su obra de teatro.
  • Fotografía
    Charlotte Bruus Christensen
  • Música
    Marcelo Zarvos
  • Montaje
    Hughes Winborne
  • Distribuidora
    Paramount Pictures
  • Estreno
    24 Febrero 2017
  • Duración
    139 min.
  • Intérpretes
    Denzel Washington (Troy Maxson), Viola Davis (Rose Maxson), Stephen Henderson (Jim Bono), Jovan Adepo (Cory), Russell Hornsby (Lyons), Mykelti Williamson (Gabriel), Saniyya Sidney (Raynell), Lesley Boone (pastor).

fences2Cercados con o sin cerca 

Adaptación de una obra de teatro que Denzel Washington interpretó en Broadway en 2010 y ahora dirigida y protagonizada por él mismo, llega con la fuerza de su buena dramaturgia, con unos diálogos estupendos y un mensaje diáfano: la vida llena de dificultades de una familia afroamericana a mitad del pasado siglo en una ciudad norteña de Estados Unidos.

Troy Maxson tiene cincuenta y dos años, trabaja de peón en un camión municipal de la basura, y arrastra… una fuerte frustración. Fue un gran jugador de baseball en su juventud, aunque en la segunda liga, la de los negros, pues no se permitían entonces personas de color en las competiciones principales. Se retiró poco antes de que la prohibición se levantara y le ha quedado la sensación de que hubiera sido rico si le hubieran permitido jugar de profesional en primera división. Ahora su ilusión máxima es pasar de recogedor de cubos y bolsas a conductor del camión, pero ese puesto lo ocupan solo blancos.

Vive con su esposa Rose en al arrabal «negro» de la ciudad. Tiene de ella un hijo adolescente, Cory, empeñado en emular a su padre en el manejo del bate y proclive a aceptar la oferta de un ojeador que le ofrece jugar con una universidad. Troy le insiste en que se deje de deporte y apriete los codos. También tiene un hijo mayor, de una unión anterior, Lyons, ya talludito, que le visita periódicamente para sablearle unos dólares. Es músico de jazz, pero no hace carrera.

La desvencijada casa que habitan tiene un pequeño terreno en rededor y Rose está empeñada en que Troy construya una valla que lo cerque. La construcción de esa empalizada (a ella alude el título del film y de la obra de teatro en que se inspira) se levanta al ritmo con que avanza la acción de la película. No les aísla de su entorno, porque la discriminación que padecen no se remedia poniendo una pared de por medio.

Troy, por otra parte, en un parlanchín incontinente al modo de esos raperos que enhebran frase tras frase sin darse respiro. La principal víctima de su locuacidad es un compañero de oficio, Bono, que a pesar de ser blanco, trabaja con él en la trasera del camión de la basura. Otra fuente de preocupación es su hermano Gabriel que, lisiado de guerra, ha perdido el juicio, vaga de aquí para allá sin encontrar acomodo en ningún sitio. Y, por último, para rematar el desastre vital, cae en brazos de una amante más joven, a la que deja embarazada.

El fuerte de la película es la excelente interpretación de todos los actores, empezando por Denzel Washington y teniendo su culmen en Viola Davis, como Rose, que le roba al protagonista la escena más dramática del film, aquella en que él le confiesa su infidelidad. Con una sobriedad de gestos considerable, pero con un dominio facial y corporal igualmente notables, llena con su presencia y actuación los momentos en que interviene. Para perpetuar la discriminación con los afroamericanos la Academia norteamericana ha considerado la actuación protagónica de Viola Davis como de reparto y la han nominado en esta categoría.

Han coincidido Loving, Moonlight, El nacimiento de una nación y Fences en cartelera. Pintan un panorama sombrío por no decir tétrico sobre la democracia americana de la que alardearon tanto como si fuera el mejor sistema político que ha habido y habrá. Un sistema que seguía tratando a las personas de color o mestizas como seres inferiores, indignas de rozarse siquiera con los blancos hasta en el mismísimo retrete, y no digamos en autobuses, trenes, escuelas, universidades o restaurantes. Fueron víctimas de vejaciones y horribles transgresiones de los derechos humanos que se perpetraron con total impunidad hasta bien entrado el siglo XX. Recuérdese que los derechos civiles para esta parte de la población se ganaron a finales de los sesenta y la década de los setenta, y al precio de mucha sangre derramada.

El film acusa a ratos el origen teatral, pero lo camufla muy bien por la viveza de los diálogos y el aprovechamiento bastante inteligente de los espacios cotidianos donde se condensa la acción y la pasión del film. El director y actor llevaba una década sin ponerse tras la cámara (ésta es su tercera película) y ha optado por un estilo lo más diáfano posible, sin efectismos, sin golpes de efecto, pero rico en detalles. No sermonea sino que presenta los hechos brutos para que el buen entendedor saque sus conclusiones.

La película es así testimonio verosímil de una segregación que fomentaron y toleraron los ciudadanos de un país que oficialmente se declara creyente en Dios y cristiano en su inmensa mayoría. Una vergüenza porque abarcó todas las esferas de la vida humana: vivienda, trabajo, estudios, derechos cívicos (como el sufragio o el matrimonio interracial), religión y una cultura (perdóneseme el uso de esta noble palabra) que daba por hecho la inferioridad de seres humanos basándose únicamente en su pigmento epidérmico. 

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