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LA VIDA DE CALABACÍN

Escrito por Julio Vallejo Herán
  • Titulo Original
    Ma vie de Courgette
  • Producción
    Rita Productions, Blue Spirit Animation, Gébéka Films, KNM, Radio Télévision Suisse (RTS), SRG SSR idée suisse, Rhône-Alpes Cinéma, France 3 Cinéma, Hélium Films, Office Fédéral de la Culture, Cinéforom, Loterie Suisse Romande, Eurimages, Canal+, France Télévisions, Ciné+, Centre National de la Cinématographie (CNC), Indie Sales Company, Indie Invest, Suissimage, Région Rhône-Alpes, Département de la Charente, Région Poitou-Charentes (Suiza-Francia, 2016)
  • Dirección
    Claude Barras
  • Guión
    Céline Sciamma, basado en el libro Autobiografía de un Calabacín, de Gilles Paris
  • Fotografía
    David Toutevoix
  • Música
    Sophie Hunger
  • Montaje
    Valentin Rotelli
  • Distribuidora
    Ver Cine/ La Aventura Audiovisual
  • Estreno
    24 Febrero 2017
  • Duración
    66 min.
  • Intérpretes
    Animación con las voces (v.o.) de Gaspard Schlatter (Calabacín), Sixtine Murat(Camille)Paulin Jaccoud (Simon), Michel Vuillermoz (Raymond), Raul Ribera (Ahmed), Estelle Hennard (Alice), Elliot Sanchez (Jujube), Lou Wick (Béatrice), Brigitte Rosset (Tante Ida), Natacha Varga-Koutchoumov (Madre de Calabacín), Monica Budde (Mme Papineau), Adrien Barazzone (Mr. Paul), Véronique Montel (Rosy), Romane Cretegny (Fillette), Evelyne Bouvier (Madre de Fillette)

calabacin2La dura existencia de un niño en stop-motion.

La directora y guionista francesa Céline Sciamma se ha especializado en mostrar el drama que conlleva crecer, especialmente si se vive en circunstancias que hacen aún más difícil esa etapa de la vida. Sus trabajos abordan la formación de la identidad en unos seres todavía muy maleables. Elementos que están presentes en sus películas como directora, donde destacan Tomboy o Girlhood (La banda de chicas), o su libreto para Cuando tienes 17 años, cinta firmada por André Techiné. Con estos antecedentes no es extraño que el director Claude Barras, responsable de cortos como Chambre 69o Le génie de la boîte de raviolis, la llamara para ofrecerle la adaptación de Autobiografía de un Calabacín, novela escrita por Gilles París que aborda la complicada existencia de un pequeño que es llevado a un orfanato después de la muerte de su madre. El texto ya había conocido una versión para la televisión con el título de C'est mieux la vie quand on est grand, aunque ésta es la primera vez que se lleva a la gran pantalla utilizando la animación stop-motion.

Sin lugar a dudas, uno de los aciertos de La vida de Calabacín es el tono que han elegido Barras y Sciamma para contar en imágenes las peripecias de un crío que tendrá que aprender a vivir sin sus progenitores. Se opta por mostrar la historia sin recurrir a excesos escabrosos, aunque sin obviar los abusos y los dramas que han sufrido el protagonista y el resto de chavales que viven en el centro de menores. Se adopta una posición cercana a la forma de pensar y expresarse de los pequeños, adecuando el lenguaje al utilizado por muchos preadolescentes, pero reflejando que los niños saben perfectamente lo que ocurre a su alrededor, aunque encuentren explicaciones distintas a las de los adultos. Barras subraya más si cabe la visión infantil del filme al recurrir a un diseño de personajes tan aparentemente sencillo como encantador, que pone de manifiesto el cariño que los responsables del largometraje sienten por sus pequeños héroes.

Por otra parte, aunque no eluden el drama de los menores que viven en el hospicio, los creadores huyen en numerosas ocasiones de la lágrima fácil. Incluso momentos verdaderamente traumáticos, como la muerte de la madre del protagonista, están plasmados en pantalla de una manera casi tragicómica. También se evita caer en la más deleznable de las cursilerías al enseñarnos la historia de amor preadolescente entre el protagonista y una niña del orfanato que no teme decir lo que piensa. No hay en este romance excesos de carantoñas y sí mucha comprensión mutua. Otra muestra de la sutilidad del largometraje es su forma de plasmar sin apenas palabras la tristeza que los niños sienten ante la ausencia de sus progenitores. Lo hace acudiendo en ocasiones más a las imágenes que a los diálogos, como ocurre en el caso del personaje de Calabacín. Sabemos de la idealización de un padre ausente porque aparece dibujado como un superhéroe en una cometa, mientras que el recuerdo de la madre, una mujer alcohólica, queda simbolizado en una lata de las cervezas que solía beber.

Igualmente valiente es su visión sobre la tutela de los adultos y la estancia en los orfanatos. Aunque la cinta no cuestiona que los menores deban crecer un hogar, pone en duda que cualquiera sea válido, especialmente cuando los derechos de los niños son vulnerados, y dibuja una existencia en las instituciones públicas no tan terrible como se han encargado de enseñarnos en gran parte de las películas. Por si fuera poco, a pesar de su escasa duración, el largometraje lanza una mirada nada optimista sobre el mundo adulto, como demuestra la soledad del agente de policía que simpatiza con Calabacín, la amargura de la madre del protagonista o la maldad que emana de esa tía que quiere hacerse cargo de la novia del personaje principal por las ayudas económicas que puede recibir. En definitiva, La vida de Calabacín, justa ganadora del premio al mejor largometraje de animación en los European Film Awards y los César del cine francés,  es un excelente y emotivo filme de animación para niños  que contiene más de un mensaje para aquellos hombres y mujeres que una vez fueron “esos locos bajitos” que cantara Joan Manuel Serrat en una de sus más famosos temas. 

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