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LA CHICA DESCONOCIDA

Escrito por Pedro Miguel Lamet
  • Titulo Original
    La fille inconnue
  • Producción
    Canal+, Radio Télévision Belge Francophone (RTBF), France 2 Cinéma, Eurimages, Vlaams Audiovisueel Fonds, Les Films du Fleuve, Le Tax Shelter du Gouvernement Fédéral de Belgique, Archipel 35, Casa Kafka Pictures, Savage Film, Ciné+, La Wallonie, France Télévisions, VOO, BE TV (Francia-Bélgica, 2016)
  • Dirección
    Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne
  • Guión
    Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne
  • Fotografía
    Alain Marcoen
  • Montaje
    Marie-Hélène Dozo
  • Distribuidora
    Wanda
  • Estreno
    03 Marzo 2017
  • Duración
    113 min.
  • Intérpretes
    Adele Haenel (Jenny Davin), Jérémie Renier ( El padre de Bryan), Olivier Gourmet (Julien), Fabrizio Rongione (Doctor Riga), Thomas Doret (Lucas), Christelle Cornil (La madre de Bryan)

chica2Conversión a la ética solidaria desde la cotidianidad.

¡Qué difícil es contemplar lo pequeño, lo oculto, lo soterrado de la vida humana! Quizás por eso una gran parte de la crítica acusa a Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne de haber bajado el listón en este último film y hasta lleguen a calificarlo de un malogrado thriller, sin haberse enterado de qué va en realidad La chica desconocida.

Los hermanos Dardenne, que se llevan  entre sí tres años de edad  (1951-1954) y se  denominan a sí mismos “una persona con cuatro ojos”, comenzaron con documentales y no dieron el salto a la fama y el reconocimiento de la crítica internacional hasta diez años después con La promesa, su tercer largometraje; aceptación  que se consolidó con Rosetta, película ganadora de la Palma de Oro en la edición número 52 del Festival de Cannes, y con su segunda Palma de Oro por El niño, obteniendo, también, entre otros, el gran premio del Jurado por El niño de la bicicleta. En todas sus películas hay una mirada ético-social sobre nuestro mundo y una sensibilidad hacia lo menudo, lo marginal, lo pequeño, además de un trabajo previo muy minucioso en la pre-realización.

A la jovencísima doctora Jenny, médica de familia en una pequeña consulta de barrio, le cambia la vida no contestar un día al telefonillo. La llamada había sonado justo después de cumplirse el horario de trabajo. Profesional responsable, atenta y cuidadosa en el trato con los enfermos, está a punto de ser promocionada a una clínica mejor y acaba de tener un pequeño conflicto con su joven médico pasante, Julien, por el hecho de que éste se deja impactar por un niño que sufre un ataque, involucrándose empáticamente y no adoptando la necesaria distancia propia de su trabajo. Por el interrogatorio de la policía, que acude a investigar a su consulta, sabe que la persona que llamó al portero automático era una joven negra inmigrante que aparece muerta junto al puerto, y que llamó a la consulta una sola vez como atestigua la telecámara del inmueble.

El hecho produce tal impacto en el alma de Jenny que se siente responsable e inicia una investigación urbana por su cuenta, más que para encontrar el culpable para dar nombre, identidad, raíces a la desconocida y  también a su sepultura. De manera que Jenny llega a recibir amenazas y avisos de la policía, sin que nada de eso le arredre en su valiente decisión.

            El film transcurre muy en la línea cotidiana de la estética francesa de la nouvelle vague y del ir y venir, salir y entrar, a lo Eric Rhomer. Solo que aquí, más que la palabra, domina el lenguaje del rostro de Jenny, encarnado por una Adèle Haenel, que deslumbra por su naturalidad y potencia interior. Porque lo mejor de esta película aparece dentro. Por fuera todo es cotidiano, como tomar la temperatura a un enfermo o bajar y subir del coche. Desde fuera solo vemos una Jenny preocupada por ocuparse responsablemente de su profesión incluso con una aparente frialdad, consciente de que trata seres humanos y que su tiempo es secundario. Hasta el desenlace resultaría desde esta óptica incluso vulgar, sin efectismo alguno. Precisamente porque a sus autores no les  importa el thriller puesto que el suspense es interno,  sino lo que está sucediendo en el alma de Jenny que vibra con una emoción ética, que ha experimentado desde una anécdota, un descuido, la profunda conversión al otro, precisamente a una desconocida, una de las inmigrantes que no cuentan para la medicina, el trabajo, la sociedad, el mundo de hoy;  una prostituta innominada y perdida en una ciudad de Centroeuropa. Es verdad que el film adolece de mayor profundización psicológica, porque en realidad deconocemos quién es en la intimidad Jenny. Pero eso es algo que, en realidad, no importa, pues quiere ser cine-ojo, testimonio, una cierta mirada neorrealista desde fuera de unos hechos que, en el fondo, poseen alma.

Es posible que los hermanos Dardenne hayan tocado en su último film algunos registros nuevos, como cierto suspense psicológico y un cine más contemplativo, del que pudo haber ya semillas en Dos días y una noche. Pero, lejos de producir una obra de tesis o un sermón sobre la tragedia de los inmigrantes, consiguen encontrar el impulso ético en el seguimiento a pie de calle a través de un relato sencillo y hasta vulgar, cuyo profundo secreto es la coherencia interna de una profesional de la medicina, que descubre su vocación personalizada, dentro de contención y soledad, hacia el servicio comunitario, sin distinción de razas o posesión de documentos. Como la Samantha de El niño de la bicicleta, a la que una casualidad puede cambiar la vida.

Lejos pues de ser un cambio de orientación y menos aún un retroceso en la trayectoria de Jean-Pierre y Luc, La chica desconocida es, si acaso, una apuesta más profunda y sutil –y también difícil de apreciar por un espectador al uso- de estos realizadores, que, como han hecho constar en sus recientes declaraciones, muestran su preocupación por el rumbo involucionista que, contra sus valores fundacionales,  está emprendiendo en el plano ético y social la Europa de ahora mismo.

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