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DOÑA CLARA (AQUARIUS)

Escrito por Ernesto Pérez Morán
  • Titulo Original
    Aquarius
  • Producción
    CinemaScópio Produções / SBS Productions (Brasil, 2016)
  • Dirección
    Kleber Mendonça Filho
  • Guión
    Kleber Mendonça Filho
  • Fotografía
    Pedro Sotero, Fabricio Tadeu
  • Montaje
    Eduardo Serrano
  • Distribuidora
    Avalon
  • Estreno
    10 Marzo 2017
  • Duración
    140 min.
  • Intérpretes
    Sonia Braga, Jeff Rosick, Irandhir Santos, Maeve Jinkings, Julia Bernat, Carla Ribas, Fernando Teixeira, Rubens Santos, Humberto Carrão

donaclara2Acoso inmobiliario a una jubilada 

         El segundo largometraje del brasileño Kleber Mendonça Filho –crítico ya veterano, director de cortometrajes y guionista– tras la premiada O Som ao Redor (2012) cuenta la historia de doña Clara, una mujer de armas tomar, ya abuela y afincada en el apartamento donde vio a sus hijos crecer. Unos hijos que ahora le insisten para que venda el piso a una inmobiliaria que pretende derribar el edificio para construir uno nuevo y más lujoso. Doña Clara se resiste. Aun siendo ya la única inquilina del bloque. Aun teniendo que aguantar que la constructora la presione organizando fiestas y hasta misas en los pisos superiores. Aun sabiendo que su seguridad se ve comprometida por vivir en un edificio fantasma. Si no la dejan dormir, hace llamar a un joven para que la consuele, destapa una botella de vino y pone la música a tope.

         El filme aparece dividido en tres partes (que no se corresponden con la típica estructura de planteamiento, nudo y desenlace): “El cabello de Clara”, “El amor de Clara” y “El cáncer de Clara”. No se preocupen, no hemos hecho eso que ahora llaman un spoiler. El largometraje comienza con una secuencia hablando de los problemas médicos de la tal Clara, mientras celebran, aún jóvenes, el cumpleaños de la tía Lucía, que servirá de referente a la protagonista años después y que protagoniza una divertida escena en la que, mientras sus nietos leen una oda a su vida con motivo de su onomástica, ella recuerda cuando su pareja le hacía sexo oral sobre el chifonier que ahora preside un salón abarrotado con motivo del homenaje.

         Ese mueble servirá de lanzadera temporal cuando lo volvamos a ver en el piso de Doña Clara en el presente, como objetualización simbólica del pasado. Un pasado al que la protagonista se aferra, gracias a distintos objetos bastante tópicos, por cierto: los discos de vinilo que escucha, las fotos que atesora con mimo o el cartel de Barry Lyndon que preside el salón… todo ello frente a los mp3 de las nuevas generaciones, los ávidos móviles con los que captan cualquier celebración o el cine convertido en tienda de electrodomésticos. Cuando un día su sobrino la visita, ella se lo lleva a la casa de una amiga a celebrar otro cumpleaños y un plano general captará la vetusta vivienda con unos modernos edificios al fondo, devorándola compositivamente.

         La frialdad con la que trata el hecho de que Doña Clara tuviese una mastectomía y la escena en la que ella se defiende de la insistencia de sus hijos quedan como elementos ciertamente interesantes en una película donde la presencia y el talento de Sonia Braga destacan sobre algunas irregularidades –la insistencia en el uso del zoom, el estilo anacrónico de los flashbacks– y cierta atonía en los acontecimientos y estereotipia en las situaciones.

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