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SAFARI

Escrito por Julio Vallejo Herán
  • Producción
    Ulrich Seidl Film Production (Austria, 2016).
  • Dirección
    Ulrich Seidl
  • Guión
    Veronika Franz y Ulrich Seidl
  • Fotografía
    Wolfgang Thaler
  • Montaje
    Christof Schertenleib Christoph Brunner, Andrea Wagner
  • Distribuidora
    Noucinemart
  • Estreno
    17 Marzo 2017
  • Duración
    90 min
  • Intérpretes
    Gerald Eichinger, Eva Hofmann, Manuel Eichinger, Tina Hofmann, Manfred y Inge Ellinger, Marita y Volker Neemann, Markolf Schmidt, Eric Müller.

safari2Hiriente retrato del capitalismo europeo.

El director Ulrich Seidl se ha convertido en un retratista muy crítico y sumamente irónico de la próspera Europa, especialmente de su Austria natal. Tanto sus documentales, su género preferido, como su obra de ficción, dejan al descubierto los males de un viejo continente que ha enarbolado el denominado estado del bienestar como una consigna, pero en el que reina la infelicidad, el egoísmo y las injusticias sociales. Los protagonistas de las películas del autor de En el sótano tienen algo de patéticos y de víctimas, aunque también sean en parte verdugos.

En Safari, Seidl retoma uno de sus temas favoritos: las relaciones entre los  países desarrollados y aquellos más desfavorecidos. Recordemos que Amor, una de sus títulos más conocidos, abordaba las desventuras de una oronda señora de mediana edad de turismo sexual en un estado africano, mientras que Import/Export no enseñaba dos ejemplos de las migraciones entre las zonas pudientes y aquellas otras menos desarrolladas.   

En esta ocasión, se centra en la caza que practican muchos europeos en países africanos ricos en especies exóticas, pero bastante pobres en otros aspectos materiales. Como ya es habitual, el cineasta no subraya las imágenes y declaraciones de los protagonistas con comentarios propios. Eso no quiere decir que no realice una particular crítica, aunque lo haga principalmente utilizando en su mayoría imágenes estáticas, uno de los rasgos fundamentales realizador, que encuentran en la cuidada composición del plano su particular efecto especial.

Los cazadores protagonistas aparecen entrevistados en salones repletos de cabezas de animales capturados en sus particulares cacerías. Hay algo de mirada de entomólogo en la visualización de estas entrevistas. Parecen encerrados en una vitrina junto a sus piezas de caza como si fueran raros especímenes dispuestos para su estudio. Ellos mismos, con sus pueriles palabras, denotan su falta de sensibilidad ecológica, su ignorancia y un racismo que pretenden ocultar de la manera más torpe posible. Así, entre otras “perlas”, podemos escuchar que los negros solamente corren cuando quieren, que cazando determinados animales se hace un favor a la especie o una conversación de besugos sobre las bondades del filete de alce frente al de vaca. Seidl se limita a ofrecer las opiniones de estos individuos, supuestamente pertenecientes a las élites, con un tono neutro. No obstante, la mayoría de ellas resultarán indignantes y sonrojantes para cualquier espectador medianamente sensible e informado.

El realizador tampoco deja pasar la ocasión de enseñarnos el patetismo y la tristeza de estos ciudadanos europeos que parecen realizarse con la práctica de la caza. Así, observamos cómo una madre le recomienda a su hija matar a un animal como remedio para solucionar sus problemas de baja autoestima o a esa misma progenitora describir el histerismo que le invade cada vez que se cobra una pieza. Lo mismo se puede decir de los planos que muestran de manera burlona a una pareja de abuelos obesos tomando el sol o al marido de ese matrimonio pasando las horas aburrido apalancado en su particular puesto de caza, bebiendo cerveza y eructando constantemente. También se pone de manifiesto el egoísmo de estos ciudadanos europeos y las desigualdades que existen con los nativos que les ayudan en sus tareas depredadoras. Así, mientras los cazadores caucásicos se divierten con la captura de las piezas y posando para los retratos con los animales muertos, los sirvientes tienen que afrontar la durísima carga de trocear y despellejar las piezas. Frente a los lujosos y coloridos salones donde aparecen los cazadores junto a sus trofeos, el cineasta opone los planos de los criados en sus pobres casas y junto a los desperdicios de las presas que sus jefes blancos mataron ese día. A este respecto resultan todavía más sangrantes las imágenes donde estos africanos aparecen junto a una hilera de cabezas disecadas. Se muestra así que estas personas son tan víctimas como los animales exóticos de un sistema capitalista donde el dinero lo es todo y las consideraciones morales y éticas poco cuentan en la mayoría de las ocasiones. 

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