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UNA HISTORIA DE LOCOS

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Une histoire de fou
  • Producción
    Agat Films, Cie (Francia, 2015)
  • Dirección
    Robert Guédiguian
  • Guión
    Robert Guédiguian, Gilles Taurand
  • Fotografía
    Pierre Milon
  • Música
    Alexandre Desplat
  • Montaje
    Bernard Sasia
  • Distribuidora
    Golem
  • Estreno
    24 Marzo 2017
  • Intérpretes
    Simon Abkarian (Hovannès Alexandrian), Ariane Ascaride (Anouch, su mujer), Grégoire Leprince-Ringuet (Gilles Teissier), Syrus Shahidi (Aram Alexandrian), Razane Jammal (Anahit), Robinson Stévenin (Soghomon Tehlirian), Siro Fazlian (Arsinée, la madre d'Anouch).

historia2Armenios exiliados. 

Robert Guédiguian, al que podemos calificar del «Ken Loach francés», no abandona su Marsella natal para contar la historia de los refugiados armenios que, después de la Primera Guerra Mundial, se dispersaron por Europa y América huyendo del genocidio perpetrado por los turcos y, poco más tarde, por los soviéticos. El pueblo armenio ha sufrido a lo largo de la historia numerosas persecuciones y exterminios por tener vecinos muy poderosos que han pretendido apoderarse de sus tierras y sus gentes, conocidas en el mundo entero por su laboriosidad y talento mercantil. De mayoría cristiana, aunque de diferentes confesiones, se calcula que hay más de diez millones de armenios fuera de su país, donde algunos ya alcanzan la cuarta o quinta generación.

La cuestión más candente, que sigue sin resolverse, es el reconocimiento por parte de Turquía de la matanza de millón y medio de sus naturales a manos del ejército turco bajo la excusa de que, al ser cristianos, se habían aliado con Rusia contra los otomanos. Parece claro que estamos ante un genocidio, pues los ataques no fueron contra militares sino contra la población civil. Se pretendía acabar con ellos que vivían en una parte muy grande y rica de la península de Anatolia de la que fueron prácticamente exterminados o forzados al exilio.

El director armenio-francés, pues es descendiente de refugiados, sitúa la acción de esta historia enloquecida en su Marsella natal, en el seno de la familia Alexandrian, compuesta por el matrimonio, dos hijos y la suegra del marido, comerciantes en grano y especias. La trastornada anciana, que fue violada múltiples veces por soldados turcos, no deja de alentar en sus nietos el odio hacia los que perpetraron tan atroz atropello. Será el chico, Aram, quien decida pasar a la acción formando parte de lo que se llamó el Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia (ASALA), dedicado inicialmente a atentar contra embajadores y autoridades turcas en el extranjero con la finalidad de que se reconociera el genocidio de 1915-1916 y reivindicar la independencia de su país entonces convertido en una república más de la Unión Soviética.

Aram acciona una bomba contra el embajador en París. En el atentado es víctima colateral un joven ciclista que pasaba por allí. Se trata de Gilles, que resulta gravemente herido en sus piernas, que le quedan paralizadas de por vida. A partir de este momento y con la intervención de Anouch, la madre del activista, seguimos los pasos de su rehabilitación y relación con la familia de Aram. A medida que el damnificado va conociendo los pormenores de la historia reciente de Armenia y la situación de sus refugiados, Aram empieza a distanciarse a su vez de la línea dura de la organización terrorista, que pretende seguir y aumentar los atentados con víctimas inocentes para que el mundo conozca así la tragedia del pueblo armenio.

La historia del film tiene su origen, en parte, en el caso real del periodista gallego José Antonio Gurriarán, víctima accidental del doble atentado cometido en Madrid por armenios en 1980. Gurriarán quiso conocer a los autores y consiguió entrevistarse con ellos en el Líbano. De su investigación se hizo eco en su libro La bomba (1982) y, recientemente, escribió otro sobre el tema bajo el título de Armenios, el genocidio olvidado (2009).

La guerra de los locos no es de las obras más brillantes de la ya larga carrera de Guédiguian. Nadie pone en cuestión su interés por hacerse eco de la resistencia clandestina armenia, pero se nota de lejos que no comulga con la línea del grupo activista ASALA, por otra parte, fraccionado en diversas facciones, como suele ocurrir con quienes operan en la ilegalidad. El mismo título califica a los activistas armenios de locos. Le interesa mucho más, y se nota, el tema de Gilles, es decir, del inocente que quiere encontrar un modo de reconciliarse con su agresor. A él dedica la segunda parte del film que, con ser asunto de gran envergadura, tiene un tratamiento poco convincente y nada arriesgado.

El prólogo del film, rodado en un espléndido blanco y negro fotográfico, cuenta la insólita absolución, por un jurado de alemanes, del armenio Tehlirian que en 1920 mató de un tiro en la nuca al embajador turco en Berlín y se declaró en el juicio autor del disparo. Quizás la mala conciencia de los germanos, aliados con los otomanos en la Primera Guerra Mundial durante el genocidio, inclinó la balanza a su favor. Lo cierto es que este preámbulo es lo mejor de Una historia de locos, que mucho abarca y poco aprieta en su larga duración.

Como siempre en los filmes de Guédiguian la protagonista es Ariane Ascaride, mujer en la vida real del director. No se luce especialmente, aunque sea quizás la apuesta más sólida de todo el reparto. El argumento y los personajes flojean y eso se nota también en la interpretación. En fin, un film malogrado a pesar de estar imbuido de las mejores intenciones.

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