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STEFAN ZWEIG, ADIÓS A EUROPA

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Stefan Zweig: Farewell to Europe
  • Producción
    X-Filme Creative Pool / Idéale Audience / Maha Productions (AUSTR-ALE-FR, 2016)
  • Dirección
    Maria Schrader
  • Guión
    Maria Schrader, Jan Schomburg
  • Fotografía
    Wolfgang Thaler
  • Música
    Tobias Wagner
  • Montaje
    Hansjörg Weißbrich
  • Distribuidora
    Caramel Films
  • Estreno
    21 Abril 2017
  • Duración
    106 min.
  • Intérpretes
    Josef Hader (Stefan Zweig), Aenne Schwarz (Lotte Zweig), Barbara Sukowa (Friderike Zweig), Lenn Kudrjawizki (Samuel Malamud), Charly Hübner (Emil Ludwig), Matthias Brandt (Ernst Feder).

stefan2El infortunio de un humanista.

Stefan Zweig, uno de los grandes literatos del siglo XX, autor de novelas tan populares como Carta de una desconocida o Veinticuatro horas en la vida de una mujer, biografías famosas (María Antonieta, Fouché, María, reina de Escocia) y numerosas obras de carácter histórico entre las que sobresale Momentos estelares de la humanidad, ha sido llevado al cine y a la televisión en numerosísimas ocasiones. Sin embargo, como autor ha sido casi olvidado por los editores actuales.

Maria Schrader (n. en Hamburgo, 1965), tras su carrera como actriz, se ha pasado a escribir y dirigir cine. Para su segundo largometraje ha elegido unas cuantas escenas de los últimos años del escritor vienés, unidas por un común denominador: su exilio. Huyó relativamente pronto del nazismo por su condición de judío y su humanismo que se daba de bruces con el régimen genocida y fanático de Hitler. Como todo refugiado, a pesar de ser muy bien acogido en Brasil, se sintió cada vez más inseguro y, con la caída de Singapur en manos japonesas, temió que el fascismo violento se extendiera por el mundo entero. A los sesenta años se suicidó con su segunda esposa para no contemplar lo que creía el fin de la libertad y de la democracia.

Hay que alabar el gusto exquisito de María Schrader para elegir unos cuantos momentos de la penúltima etapa vital del escritor y condensar en ellos el pensamiento, el temperamento, la actitud y los dilemas morales que ensombrecieron sus años postreros. Propensa al plano secuencia, la directora abre majestuosamente el film con el banquete que en Río de Janeiro le brindan las autoridades locales después de pronunciar una conferencia. Vemos los últimos preparativos de las camareras, el despliegue de los sirvientes a las órdenes del maestresala, la entrada y colocación de los invitados, los discursos preliminares en un solo, largo y bellísimo plano presidido por un exuberante centro floral.

A esta imagen en profundidad de campo corresponde igualmente el plano final que cierra el film, en el que, sin mostrarnos directamente al matrimonio difunto, los vemos en el espejo de cuerpo entero de un armario que se abre y cierra por exigencias narrativas. En dicho plano-secuencia se condensa y concentra el llanto de los amigos, el dolor de los criados, la consternación de las autoridades, las pesquisas de la policía y el forense. La brillantez cinematográfica amortigua no poco la pesadumbre del penoso desenlace. Un brioso colofón a una obra que denuncia la intolerancia y el bien distinto trato que dieron unos países a los necesitados de visados para huir de los nazis. Algo muy parecido, por desgracia, a lo que está ocurriendo en la actualidad con los fugitivos del cercano Oriente, víctimas de prolijos trámites burocráticos que los deja en muchas ocasiones sin el necesario asilo.

Bien interpretado por todo el reparto, sobresale la escena de Nueva York que protagoniza Barbara Sukova como la primera esposa del escritor. Se nota que los dirige una profesional del oficio.Josef Hader, que se parece bastante a Zweig, ofrece una actuación algo débil, no tanto por falta de recursos cuanto, tal vez, porque debía mostrar que su personaje estaba entrando en una depresión que lo llevaría a despedirse de este mundo antes de tiempo.

Hay momentos en que pueden pesar un poco algunos largos parlamentos programáticos del escritor, pero son explicables por su condición de intelectual. Por otra parte, no son abstrusos sino acordes con su prosa siempre sencilla y amena que carecía de todo engolamiento. No sé si este juicio benévolo lo hago por haber sido un admirador de Stefan Zwieg, cuya biografía del infame Fouché considero la mejor que he leído. De cualquier forma, pienso que el austriaco es un literato injustamente olvidado y que la película de Schrader bien merece un visionado. 

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