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LADY MACBETH

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Producción
    Protagonist Pictures / Sixty Six Pictures (Reino Unido, 2016)
  • Dirección
    William Oldroyd
  • Guión
    Alice Birch, según la novela de Nikolai Leskov.
  • Fotografía
    Ari Wegner
  • Música
    Dan Jones
  • Montaje
    Nick Emerson
  • Distribuidora
    Betta Pictures
  • Estreno
    28 Abril 2017
  • Duración
    89 min.
  • Intérpretes
    Florence Pugh (Katherine), Christopher Fairbank (Boris), Cosmo Jarvis (Sebastian), Naomi Ackie (Anna), Paul Hilton (Alexander), Golda Rosheuvel (Agnes), Bill Fellows (Dr. Bourdon), Ian Conningham (detective Logan).

lady2De víctima a victimaria

Basado en Lady Macbeth de Mtsensk, un relato que el escritor ruso Nikolai Leskov publicó en 1865, la trama se ha situado en la Inglaterra rural de mediados del siglo XIX. Es la historia de Katherine, una joven «comprada» para esposa del hijo del dueño de unas minas, ya mayor, que se inquieta por la falta de descendencia de su único heredero. Pero éste se niega a consumar el matrimonio y somete a su mujer a una serie de humillaciones y desprecios. Más aún, se ausenta prácticamente del hogar conyugal, una casona de terratenientes de origen campesino, enriquecidos por la explotación minera de sus tierras. Tampoco el suegro para mucho en casa. Así que se ve sola, abandonada y encerrada en medio de la nada, pues el entorno, boscoso o baldío, no le ofrece ningún aliciente.

El acicate lo encuentra en un mozo de cuadra, al que sorprende con sus compañeros tratando de abusar de su doncella negra. Empieza con él una relación amorosa de fuerte contenido erótico que le lanza a tratar de conseguir como sea hacerse dueña y señora de la hacienda, librándose sin escrúpulos de marido y suegro y de cuantos se oponen a su designio.

De víctima a victimaria, Catherine pretende alzarse con la propiedad y el dominio de su familia política gracias al hijo que lleva en su seno y que es un bastardo concebido con su amante. ¡Qué importa! Una vez que el poder está en tus manos reinas y dispones a tu antojo. Katherine se queda sola, pero ya estaba sola desde el momento en que su marido la repudia casi mirarla.

Esta tragedia de corte shakespeariano (el título recuerda a la maligna esposa del asesino del rey Duncan) no gustará demasiado a cierto público porque vuelve traer a escena a una mujer egoísta, perversa, capaz de los peores crímenes con tal de salirse con la suya y vengarse de quienes la han tratado como un mueble más. Su retrato, a pesar de la pasión amorosa que muestra por el palafrenero, no puede ser más que la de una mujer desdichada que en circunstancias insoportables opta por no resignarse a ser un objeto sin función en el viejo caserón. Pero a costa de no dejar títere con cabeza y haciendo gala de una frialdad aterradora.

Pronto aprende Katherine que la relación con los subalternos ha de estar presidida por el despotismo y la tiranía. Poner a cuatro patas a una criada porque han desaparecido las botellas de vino conduce más adelante a que la protagonista «sacrifique» a su amante y sirvienta con tal de descargar los asesinatos en hombros ajenos. Los condena sin que ni un solo músculo de su cara muestre compasión alguna.

William Oldroyd debuta en la dirección con aplomo. No es una ópera prima cualquiera. Goza de una puesta en escena muy pensada y, a ratos, brillante. Los interiores de la casa tienen una sobriedad de motivos que no hace justicia a los habituales excesos del atrezo de los films británicos de época. Aquí impera la sobriedad, propia de unos latifundistas avaros y calculadores, pero los escasos elementos (puertas, ventanas, escaleras, chimeneas, chaise-longues, butacas, alcobas, etc.) del decorado «visten» de manera harto eficaz este drama y lo dotan de un empaque que nada tiene que envidiar a esos recargados espacios con los que nos deleitan los escenógrafos de la época victoriana. Aquí esos objetos no son un adorno sino piezas del relato.

Por otra parte, la alternancia de planos generales, fijos, frontales (que recuerdan a la estética japonesa de su cine clásico) con otros, cámara en mano (por ejemplo, en la frustrada noche de bodas), expresa el territorio ambiguo en el que se sitúa la acción. De un lado, la inestabilidad en ciertas escenas y la resolución en otras (por ejemplo, la bofetada que recibe de su suegro en contrapicado). El cielo de la marisma yerma por la que pasea la protagonista siempre está amenazada por un cielo plomizo que a veces retumba y amenaza con tormenta. No hay prácticamente música en el film excepto en el final cuando ya Katherine ha logrado su propósito y espera el nacimiento del bastardo que heredará la hacienda familiar.

Tiene otra ventaja. Dura exactamente noventa minutos. Como las viejas películas. Eso hace que el estatismo formal de algunos momentos no resulte pesado, sino que expresa muy bien la actitud inflexible de la que se convertirá, con sus malas artes, en dueña de la casa y heredad. Excelente igualmente la dirección de actores (y la elección del reparto). Todos encarnan con su tipo el personaje que representan, y todos ofrecen una interpretación convincente sin necesidad de gestos retorcidos o muecas innecesarias. Destaca con luz propia Florence Pugh pero el resto también brilla a gran altura.

A pesar de la tragedia inmisericorde que se nos cuenta, disfruté estéticamente de la película. E incluso un segundo visionado mejora la apreciación, porque me ha permitido descubrir aspectos que antes no advertí. Estamos, pues, ante una primera obra más que notable. 

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