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LOS DEMONIOS

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Les démons
  • Producción
    Les Films de L'Autre (Canadá, 2015)
  • Dirección
    Philippe Lesage
  • Guión
    Philippe Lesage
  • Fotografía
    Nicolad Canniccioni
  • Distribuidora
    Compacto
  • Estreno
    05 Mayo 2017
  • Duración
    118 min.
  • Intérpretes
    Édouard Tremblay-Grenier (Félix), Pier-Luc Funk (Ben), Vassili Schneider (François), Sarah Mottet (Emmanuelle), Laurent Lucas (Marc), Pascale Bussières (Claire), Victoria Diamond (Rebeca), Yannick Gobeil-Dugas (Mathieu), Alfred Poirier (Alexandre), Mathis Thomas (Patrick), Théodore Pellerin (David).

demonios2Las tribulaciones de un preadolescente. 

Este film refleja las angustias y ambigüedades de los niños de diez años que ya han dejado de serlo, pues el mundo está ya, para ellos, llenos de preguntas y cuestiones cuyas respuestas desconocen o las barruntan, pero sin atinar siempre con su significado. Se asoman al universo adulto, pero todavía con una mirada infantil que no encuentra explicación para ciertos hechos, que les sorprenden y, otras veces, les atraen.

Félix, a pesar de su nombre, no es nada feliz. Está enamoradísimo de Rebeca, su profesora de formación física, que ni siquiera adivina el amor de su alumno. Teme que su padre tenga una aventura con la madre de su mejor amigo. Cuenta con dos hermanos mayores que cuidan de él con verdadero afecto e incluso son confidentes benévolos de las penas y dudas del benjamín de la casa. Es capaz de gastar bromas pesadas a los más pequeños y débiles que él, pero necesita meterse en la cama de sus padres cuando el pánico le asalta de noche.

Por la vecindad ronda un joven pedofilo que, además, mata a sus víctimas. Es el vigilante de la piscina municipal que frecuenta nuestro protagonista y los compañeros de su escuela. Es una historia que no hace al caso y que tiene demasiado espacio en el film. Podría haberse omitido sin que nada se resintiera pero, junto al sida y la homosexualidad, es uno de los terrores que asaltan a nuestro protagonista. Representa un peligro cierto en medio de tantos miedos infundados.

Nuestro héroe, que todavía juega con los play mobil y se agarra a su osito en momentos de miedo, comienza ante nuestros ojos el camino hacia la pubertad, una adolescencia que se adivina será mucho más tranquila de lo que él teme. Tiene a su favor muchos apoyos para que esa transición se haga con éxito. La escena final del baño en el lago así nos lo preanuncia.

La realización del canadiense Philippe Lesage, que debuta como director de cine de ficción con Los demonios, demuestra que conoce el oficio pues es autor de largometrajes documentales que han merecido muy buenas críticas y premios en festivales. Quizás esa procedencia le faculta para dar a este film un aire más bien reposado, ya que la cámara –a menudo en mano– sigue a los personajes y, en especial, al protagonista en largas tomas en trávelin de acompañamiento. Se recrea tal vez demasiado en ellas lo que prolonga innecesariamente la duración y lentifica el relato. Es probable que pretenda expresar que el tiempo para Félix transcurre de manera diferente que para nosotros, adultos, pero a veces produce el efecto no deseado de preguntarnos por la longitud de esos planos.

Lesage cuenta a su favor con un intérprete magnífico en el chico Édouard Tremblay-Grenier, que borda su papel de niño con los ojos repentinamente abiertos a las personas y cosas que pueblan su mundo. Su curiosidad se aúna a la inquietud por no saber todavía interpretar en su verdadero sentido gestos y actitudes de los adultos, que le suscitan continuos interrogantes, algunos de ellos relacionados con los síntomas del crecimiento que él mismo experimenta. Llama la atención que los dos hermanos mayores sustituyan prácticamente a la madre a la hora de guiar al pequeño de la casa por el camino de la adolescencia. Los restantes miembros del reparto cumplen a satisfacción con su cometido. Y dan credibilidad a las situaciones. Más aún, aguantan el tipo con soltura en esos planos largos que a veces son un desafío para actores con corta experiencia. La fotografía también cumple con notable. No tanto la música que a veces suena impostada y demasiado explícita en el tono que se quiere dar a las secuencias que cuentan con ella.

En suma, una obra interesante, quizás un poco lastrada por la duración excesiva de algunos planos, pero que merece la pena verse a pesar de abordar un tema del que el cine se ha ocupado numerosísimas veces. Pero todos sabemos que no hay ninguna adolescencia que sea idéntica a la de los demás. De eso viven tantísimas obras de ficción lo mismo literarias que audiovisuales.

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