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DÉJAME SALIR

Escrito por Francisco M. Benavent
  • Titulo Original
    Get Out
  • Producción
    Sean McKittrick, Jason Blum, Edward H. Hamm Jr., Jordan Peele (Blumhouse Prods./ QC Entertainment/ Monkeypaw Prods.) para Universal Pictures (EE.UU., 2017).
  • Dirección
    Jordan Peele
  • Guión
    Jordan Peele
  • Fotografía
    Toby Oliver
  • Música
    Michael Abels
  • Montaje
    Gregory Plotkin
  • Distribuidora
    Universal
  • Estreno
    19 Mayo 2017
  • Duración
    104 min.
  • Intérpretes
    Daniel Kaluuya (Chris Washington), Allison Williams (Rose Armitage), Bradley Whitford (Dean Armitage), Caleb Landry Jones (Jeremy Armitage), Catherine Keener (Missy Armitage), Lil Rel Howery (Rod Williams), Erika Alexander (Detective Latoya), Marcus Henderson (Walter), Betty Gabriel (Georgina), Richard Herd (Roman Armitage), Stephen Root (Jim Hudson), Lakeith Stanfield (Andrew Logan King), Ashley LeConte Campbell (Lisa Deets), John Wilmot (Gordon Greene), Caren Larkey (Emily Greene).

dejamesalir2Parábola sobre el menosprecio y la discriminación

            Chris y Rose forman una pareja interracial. El, un joven fotógrafo afroamericano de 26 años, sale con la chica desde hace unos meses. Aprovechando un fin de semana, van en coche hasta la lujosa finca campestre donde viven los padres de ella, momento éste de conocer a los futuros suegros temido por todo varón con independencia del color de su piel. Estos no saben nada del novio, y menos aún que un negro es quien pretende a la niña de sus ojos, aunque eso no debería ser problema para un matrimonio de ideas y profesiones liberales, respectivamente un neurocirujano y una psiquiatra especialista en hipnosis. Y así es, los Armitage acogen al joven con afecto y comprensión en esa inmensa "plantación colonial" donde el vecino más cercano se encuentra al otro lado del lago. Pero todo empieza a resultar raro, percibiendo Chris signos inquietantes, sea el comportamiento lobotomizado de los criados (negros), o el de los amigos colindantes que llegan a la fiesta en coches oscuros y con vestimentas de idéntico color. En particular, la situación empieza a desfondarse (literalmente) cuando la doctora lo somete de improviso a una sesión de hipnosis con el pretexto de que deje de fumar, tratamiento que hace revivir los fantasmas del pasado en el subconsciente de ese muchacho huérfano. Cuando a la mañana siguiente despierta, piensa que todo ha sido una pesadilla, pero ésta no ha hecho más que comenzar.

Déjame salir se inicia como un remedo de Adivina quien viene esta noche (1967), o incluso de Los padres de ella (2000), aunque pronto se transforma en un filme de terror digno de las páginas de Edgar Allan Poe o de las películas de Vincent Price. Apartándose de la casquería y las truculencias habituales, se nutre de muchos títulos memorables del género y acaba por erigirse en una parábola subversiva sobre las tensiones raciales existentes en los EE.UU. Deja ver que alguien con talento ha meditado cuidadosamente las labores de guión y dirección, siendo éste el afroamericano Jordan Peele (Nueva York, 1979), quien curiosamente hasta el momento se ha movido en el campo de la comedia televisiva haciendo "sketches" cómicos para MADtv o el programa "Key & Peele" de Comedy Central.

El que sea en principio un thriller angustioso donde no faltan las pinceladas de humor no debe resultar extraño, ya que ambos tratamientos pueden compartir territorio común, y si no que se lo pregunten a Polanski o a John Carpenter. A pesar de algunas imperfecciones (un par de sustos de campanazo o cierta previsibilidad en el desarrollo), Jordan Peele demuestra ser un buen conocedor de los clásicos del horror, en particular aquellos cuyo protagonista se ve metido en la tela de araña de una conjura que pretende atraparlo para la causa o para la obra. La semilla del diablo (1968) o Las esposas de Stepford (1975), ambas basadas en novelas de Ira Levin, son plantillas evidentes (a las que además se hacen guiños), aunque también El mensajero del miedo (1962), La noche de los muertos vivientes (1968), El quimérico inquilino (1976), ¡Están vivos! (1988), Society (1999), etc.

Bajo esos esquemas de género, y ahí su historia resulta más original, lo que hace Peele es poner en suerte el tema del racismo, adentrándose en la perversidad que cualquier suburbio acaudalado de los EE.UU. puede ocultar. Lejos de estar ante rednecks sureños, miembros del Ku Klux Klan o neonazis que no ocultan sus intenciones, el director satiriza bien lo que sus compatriotas denominan "el liberalismo del Ala Oeste", los blancos de clase media cuyas buenas intenciones sobre las minorias étnicas no se corresponden a la hora de la verdad con su verdadera moral ("tenéis buenas intenciones pero ni idea de lo que la gente real experimenta"). Como en las mejores cintas de serie B –sin olvidar las "blaxploitation movies" de los setenta, y en particular si hablamos de transplantes Cambio de mente (1969) o Experimento diabólico (1972)-, su película encierra toda una parábola sobre el menosprecio y la discriminación, silente en el mejor de los casos, que los afroamericanos han sufrido y siguen sufriendo, basándose según ha dicho en experiencias personales, aunque no autobiográficas.

La secuencia de obertura marca el tono al respecto, y resume bien los temores de cualquier persona de color cuando da un paseo nocturno por el vecindario "equivocado" (lo mismo que a la inversa) y éstos se confirman. La población negra es el 16% en los EE.UU., pero el porcentaje de desaparecidos asciende en su caso al 34%. El momento en que Chris se ve cayendo al pozo (el sunken place) como en una pesadilla es igualmente paradigmático sobre esa marginación. Hay luego citas sobre Barack Obama (el primer presidente negro del país, cuya labor está siendo hoy demolida por su sucesor, el inefable Donald Trump), el atleta Jesse Owens (su medalla de oro en las Olimpiadas germanas de 1936: Roman Armitage, el abuelo de la chica, no pudo clasificarse para la carrera), el golfista Tiger Woods, la alegoría de los detestables ciervos... La causticidad de su apólogo deja a títulos recientes -Precious (2008), Criadas y señoras (2011), 12 años de esclavitud (2013), Selma (2014), Straight Outta Compton (2015), Loving (2016), Figuras ocultas (2016), El nacimiento de una nación (2016), Fences (2016), El héroe de Berlín (2016), Moonlight (2016)…- como ejemplo de esos buenos sentimientos de los que hacen gala los WASP. Todo ello sin olvidar la polémica del "So White" en los Oscar y aquí frase con la que se alude al grupo de invitados blancos que se van a subastar al joven.

El británico Daniel Kaluuya es quien interpreta a ese atribulado protagonista, extraño en el paraíso al que los acontecimientos sobrepasan -empezando por que eligió un mal día para tomar el té y dejar de fumar- y cuyos apropiados ojos grandes, parecidos a los del guardián negro del vudú en Yo anduve con un zombie (1943), transmiten la desesperación que siente a la vez que son objeto codiciado. A los futuros suegros (es un decir), prototipo de los blancos supuestamente liberales que han votado a Obama y que se enorgullecen de puertas para afuera de la igualdad racial, los incorporan Catherine Keener y Bradley Whitford, no estando elegidas al azar sus profesiones, ni tampoco su apellido, Armitage, homenaje al bibliotecario de H.P. Lovecraft que salía en Terror en Dunwich (1969). Como la novia, Allison Williams es el cebo tan hermoso como maligno, encarnando el sueño al que aspiran muchos afroamericanos: salir con una mujer blanca. En el reparto secundario también se encuentran Caleb Landry Jones (Jeremy, su hermano mayor, un bala perdida con coche blanco y casco, además de "hereu" del quirófano), Marcus Henderson y Betty Gabriel (el jardinero y la mucama), Lakeith Stanfield (Andre Hayworth, secuestrado al comienzo y vestido luego como un negrito del XIX; previene a Chris con el "¡Escápate!" del título original, invertido y suavizado por el español), Lil Rel Howery (el "segurata" del aeropuerto, escudero del protagonista que proporciona algunas de las líneas más divertidas, advirtiendo eso del Don’t go to a white girl’s parents’ house), etc.

Rodada casi sin efectos especiales y en apenas un mes por las tierras sureñas de Alabama (el policía que acude tras el accidente con el ciervo deja claro cuál es el lugar de un negro por allí), la película ha contado con un reducido presupuesto de cuatro millones y medio de dólares. Jordan Peele la ha coproducido, y no estará arrepentido, ya que su comedia de los terrores ha ingresado 190 en las taquillas mundiales, pulverizando la rentabilidad que durante dos décadas ha ostentado El proyecto de la bruja de Blair (1999). Hijo de madre blanca y padre negro, y casado con una actriz blanca (a la conoció después de escribir el guión, según ha manifestado para que no haya equívocos), su "ópera prima" transmite buenas sensaciones, las mismas de otros debutantes que luego han confirmado su valía. A M. Night Shyamalan, que no es el caso, seguro que le hubiera gustado firmarla. Como en el caso de El sexto sentido (1999), conviene verla dos veces y darse cuenta de todos los detalles que en una primera visión pasan inadvertidos. 

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