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GUARDIÁN Y VERDUGO

Escrito por Pedro Miguel Lamet
  • Titulo Original
    Shepherds and Butchers
  • Producción
    Distant Horizon, Videovision Entertainment, Sudáfrica-Estados Unidos, 2016 .
  • Dirección
    Oliver Schmitz
  • Guión
    Brian Cox, basado en la novela del mismo nombre de Chris Marnewick.
  • Fotografía
    Leah Striker
  • Música
    Paul Hepker
  • Montaje
    Grégoire Hetzel
  • Distribuidora
    Filmax
  • Estreno
    12 Mayo 2017
  • Duración
    115 min.
  • Intérpretes
    Steve Coogan (Johan Webber), Garion Dowds (Leon Labuschagne), Andrea Riseborough (Kathleen Marais), Robert Hobbs (Pierre De Villiers), Deon Lotz (Warrant Officer), Rautenbach Brett Williams (Jugador de tennis) , Carel Nel (Karel Niemand), Lauren Steyn (Liesl Weber), Matthew Dylan Roberts (Oficial de investigación)

guardian2Riguroso y original alegato contra la pena de muerte.

El género judicial se ha revelado en los últimos años como una valiosa y eficaz forma de captar al espectador, a través de un thriller servido por lo general en montaje paralelo: el juicio en tiempo real, y los hechos delictivos en oportunos saltos atrás que van desvelando los nuevos descubrimientos de la trama a modo de cajas chinas. Se trata, por tanto, de una fórmula frecuente y ya casi tópica, pero que suele dar buenos resultados. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, la diferencia radica en su impostación psicológica, la denuncia política y su compromiso moral, que pasan por encima de todo componente meramente policiaco.

Nos encontramos en Pretoria, la Sudáfrica del apartheid de 1978. León, un agobiado funcionario de prisiones, regresa a su casa en medio de la noche lluviosa, después de una traumatizante jornada de trabajo en el corredor de la muerte. Acosado por una furgoneta en un descampado asesina a siete personas, componentes de un equipo deportivo, sin otro motivo aparente que la descarga de su estrés. Los datos que prueban la culpabilidad del cruel asesinato no pueden ser más evidentes. Sin embargo, el abogado que asume la defensa, Jon Webber, firme defensor de la abolición de la pena de muerte, enfoca el proceso desde una óptica sorprendente: la destrucción psicológica del acusado a causa de la terrible experiencia de ser al mismo tiempo “guardián y verdugo”, o, más literalmente, según el título original del film, “pastor y carnicero”.

Basada en hechos reales: en 164 ejecuciones en Pretoria, en las cuales los guardias que las llevaban a cabo eran la mayoría jóvenes que no superaban los 20 años de edad y sufrían graves traumas al asistir a los ahorcamientos, cabe destacar que la mayoría de los ejecutados eran negros muy pobres. En esta adaptación cinematográfica de la novela de Chris Marnewick del mismo título, el guion de Brian Cox opta por una trayectoria lineal del transcurso del juicio que va recuperando las dramáticas escenas que han marcado la vida del joven funcionario de prisiones.

En realidad, el film de Oliver Schmitz (Paris, je t'aime) pivota básicamente en dos interpretaciones, sobre todo la de Steve Coogan, el abogado, una especie de llanero solitario idealista que se enfrenta a todo, incluso a la propia lógica del sistema judicial establecido, y la del reo León, que encarna Garion Dowds. El resultado no es una obra de arte, pero si un film riguroso, dotado de buen ritmo, que viene a ser una crónica viva, nada efectista, de una descarnada realidad histórica que duró hasta que el genial Mandela abolió en Sudáfrica la pena de muerte.

Es cierto, como ha apuntado algún sector de la crítica, que la realización puede ser algo tosca o elemental, cercana al telefilm, pero eso no  quita fuerza ni credibilidad a la obra, que es de lo que se trata. Más allá de cualquier otro sucedáneo de mero interés policíaco, Guardián y verdugo es un drama moral de denuncia que relata fehacientemente hechos espeluznantes en un entorno geográfico y político donde, por cierto, la humanidad ha tenido ocasión de experimentar una transformación considerable. Prueba una vez más que la utopía y el cambio de las estructuras son posibles.Ha obtenido el premio del público en la sección Panorama del último Festival de Cine de Berlín y también ha sido seleccionado en varios festivales internacionales.

 Por otra parte, supone la introducción en un veredicto de sutiles motivaciones psicológicas que escapan a hechos materialmente probatorios. Este juicio, que descolocó a jueces y levantó todo un escándalo en la opinión pública, muy bien reflejado en la dinámica establecida entre el abogado y la fiscal del film, aporta un paso cualitativo en el derecho penal: el sistema puede destruir tanto o más al ser humano que el asesino. También se añade a una serie de películas, entre ellas la impecable  Pena de muerte y otros recientes alegatos contra la pena capital que están en la memoria de todos. A ello hay que sumar en la realización y la elegancia de los componentes del tribunal una sobriedad muy británica que aumenta la credibilidad del film.

Una prueba de la importancia de aquellos pasos es lo afirmado por Amnistía Internacional con motivo del intento de expulsión de Sudáfrica de unas personas que en 2012 podían se ejecutadas en el exterior: "La sentencia dictada por el Tribunal Constitucional confirma que un Estado que ha abolido la pena de muerte no puede entregar a una persona a otro Estado si existe un peligro real de que se le imponga la pena de muerte. El Tribunal Constitucional es digno de elogio por adoptar constantemente una postura de principios contra la pena de muerte. Además, el Constitucional ha vuelto a demostrar una independencia judicial ejemplar". Solo por esta mentalidad creada en un país donde los negros eran discriminados por el hecho de serlo, vale la pena ver esta original y valiente película.

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