.

ALIEN: COVENANT

Escrito por Diego Salgado
  • Producción
    Twentieth Century Fox Film Corporation / Scott Free Productions / Brandywine Productions (Estados Unidos, 2017)
  • Dirección
    Ridley Scott
  • Guión
    John Logan, Dante Harper, Jack Paglen, Michael Green
  • Fotografía
    Dariusz Wolski
  • Música
    Jed Kurzel
  • Montaje
    Pietro Scalia
  • Distribuidora
    20th Century Fox
  • Estreno
    12 Mayo 2017
  • Duración
    123 min.
  • Intérpretes
    Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, Danny McBride, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Amy Seimetz, Callie Hernandez, Benjamin Rigby, Alexander England, Uli Latukefu, Tess Haubrich, Guy Pearce, Noomi Rapace, James Franco

alien2Aportación recomendable al universo Alien

A sus ochenta años, el director británico Ridley Scott parece haber renunciado por fin a esquivar la larga sombra artística que han arrojado sobre el conjunto de su carrera su segundo y su tercer largometraje, Alien (1979) y Blade Runner (1982). A Scott no le han faltado ni desempeños ni éxitos durante su trayectoria posterior, como atestiguan una veintena de realizaciones entre las que destacan, por unos u otros motivos, La sombra del testigo (1987), Thelma & Louise (1991), Gladiator (2000), Hannibal (2001), Black Hawk Derribado (2001), El reino de los cielos (2005), El consejero (2013) y Marte (2015). Pero resulta innegable que Alien y Blade Runner se han erigido en canon sobre el que ha pivotado la valoración de sus restantes películas, y las comparaciones han estado lejos de ser favorables para estas. A la postre, vía la recuperación de una y otra marca de prestigio por una industria del cine más temerosa del riesgo que nunca, Scott ha decidido no eludir más, mirar de frente, aquellos dos trabajos de antaño, para tasar, actualizar y reformular sus brillantes legados estéticos y argumentales.

En la aún inédita Blade Runner 2049 (2017), Scott ha ejercido únicamente como productor ejecutivo. En las dos precuelas de Alien hasta el momento, Prometheus (2012) y su continuación, Alien: Covenant, se ha implicado también a niveles de temas y de realización. El hecho de que esta última recurra en numerosos aspectos a Alien –desde los títulos de crédito iniciales a la banda sonora, pasando por su atmósfera sombría y unos últimos minutos que se erigen en remix del filme de 1979–, basta para delatar lo fallido de su antecesora: Prometheus trató de reinventar el universo de los terroríficos xenomorfos de doble mandíbula apelando a texturas digitales tan vistosas como estériles, y a unas inquietudes filosóficas de muy poco fuste bajo las apariencias, que no permitían además soslayar la falta de respeto de sus artífices por mecanismos elementales de la ficción. Alien: Covenant es más prudente, sobria y rigurosa. Si se quiere, hasta conservadora. Lo que, a pesar de provocar una cierta decepción, en especial cuando su renuncia a lo planteado por Prometheus deviene actitud servil hacia Alien, acaba por saldarse en una mejor película; no solo más inmersiva y terrorífica, sino con la capacidad de albergar especulaciones de mayor calado.

La acción se desarrolla en el año 2104. Una nave de colonos, la Covenant, en viaje estelar hacia un destino habitable remoto, abandona su trayectoria preestablecida cuando intercepta señales en apariencia humanas procedentes de un planeta desconocido. Los tripulantes de la Covenant, entre quienes se encuentra el androide Walter (Michael Fassbender) –idéntico al David que formó parte de la expedición de la Prometheus–, emprenden la exploración del lugar a fin de localizar el origen de la señal. Pero pronto dan con una forma de vida agresiva que dispone de sus cuerpos sin piedad. En este sentido, la película no escapa en ningún momento a los condicionantes narrativos de la franquicia, de los que se ha abusado a lo largo de cuarenta años en unas cuantas secuelas y derivados de Alien, no ya en forma de películas, sino de videojuegos, novelas, cómics y juegos de rol. Con los adornos que se quieran, todos los episodios se articulan en torno a la eliminación progresiva de los personajes humanos, en este caso los miembros de la Covenant, a manos de las monstruosas criaturas basadas en los diseños de H.R. Giger, y mutaciones diversas de las mismas.

Sin embargo, en esta ocasión, el aluvión de muertes tiene un efecto emocional en el espectador superior a lo acostumbrado, dado que los protagonistas no es tanto un grupo de trabajadores como una gran familia, integrada a su vez por parejas sentimentales. Algo que otorga al signo de sus desventuras un cariz trágico, desesperado, que incide en el talante existencialista de que están haciendo gala estas precuelas de Alien. En efecto, no nos hallamos ante ejercicios de terror y ciencia ficción con impacto visceral, dirigido al inconsciente, como sucedía en Alien o sus primeras continuaciones. Con mayor o menor fortuna, estas aproximaciones a la serie de un Ridley Scott en la vejez aspiran a elaborar discursos lúcidos, nada complacientes, sobre la fugacidad de la existencia humana, el impulso fáustico de la creación, y el descubrimiento terrible de que nuestros logros no procuran en última instancia alivio ninguno a nuestra frágil condición, sino que sirven al objetivo irreverente de honrar la expresión de la vida en sí, en todo su esplendor y toda su crueldad.

En su prólogo, y, sobre todo, a partir de la entrada en escena de un personaje familiar para el seguidor de la saga, Alien: Covenant prima sobre cualquier otra consideración esas reflexiones, que presentan por añadidura aristas autobiográficas. Scott, en sus mejores momentos uno de los estetas más inspirados del Hollywood contemporáneo, transforma la segunda mitad del metraje en una regresión fascinante hacia los orígenes de las constantes neoclásicas y románticas de su cine, así como de la ciencia ficción como género. Estrategia que acaba por llevarle hasta la novela de Mary Shelley Frankenstein (1818), de la que su película es una de las interpretaciones más radicales vistas en mucho tiempo, y hasta los grabados de Francisco de Goya, John Martin y Gustave Doré; artistas cuya desazón ante las imposturas de la modernidad, los espejismos del progreso, los monstruos que engendra la razón abandonada al sueño, halla réplica cómplice en las imágenes de Alien: Covenant.

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.