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MAUDIE, EL COLOR DE LA VIDA

Escrito por Julio Vallejo Herán
  • Titulo Original
    Maudie
  • Producción
    H Is 4 Productions, Landscape Entertainment, Painted House Films, Parallel Film Productions, Rink Rat Productions, Screen Door, Small Shack Productions, Solo Productions, Storyscape Entertainment (Canadá-Irlanda, 2016)
  • Dirección
    Aisling Walsh
  • Guión
    Sherry White
  • Fotografía
    Guy Godfree
  • Música
    Michael Timmins
  • Montaje
    Stephen O'Connell
  • Distribuidora
    Karma Films
  • Estreno
    23 Junio 2017
  • Duración
    115 min.
  • Intérpretes
    Sally Hawkins (Maud Lewis), Ethan Hawke (Everett Lewis), Kari Matchett (Sandra), Gabrielle Rose (Tía Ida), Zachary Bennet (Charles Dowley), Billy MacLellan (Frank Davis), Greg Malone (Sr. Hill)

maudie2Sensible historia de amor y superación. 

La vida de la pintora Maud Lewis parece pensada para ser llevada a la gran pantalla. Aquejada de artritis reumatoide desde muy joven, la original creadora no se dejó amilanar por sus limitaciones físicas y logró llamar la atención de la comunidad artística sin desplazarse prácticamente de South Ohio, una pequeña localidad de la región canadiense de Nueva Escocia. Su estilo naif era reflejo del particular mundo interior de una mujer que supo sobreponerse tanto a la condescendencia de su tía y de su hermano como al desprecio de su marido, un pescador hosco que tuvo que reconocer el talento de una persona que comenzó trabajando para él como criada y terminó convirtiéndose en su esposa.

Con este material, la irlandesa Aisling Walsh, experta directora de televisión y autora de la poco memorable Los niños de San Judas, podría haberse decantado por el típico filme de superación. No obstante, con ayuda de un sensible guion de Sherry White, va más allá de las convenciones para ofrecer una obra que trata de explicar en imágenes la mirada de una artista única y mostrar la atípica relación sentimental de la protagonista con un hombre tosco y casi analfabeto que, al igual que ella, era un marginado. Se plasma de manera clara que el optimismo de Maud quedaba reflejado en unos cuadros luminosos, de trazos casi infantiles y repletos de color que idealizaban la vida de la propia pintora, que estuvo prácticamente recluida en una pequeñísima casa en medio del campo durante varias décadas. Sus obras, tanto aquellas de pequeñísimo formato como las más grandes, eran ilustraciones encantadoramente ingenuas de un día a día que su autora veía a través de una pequeña ventana, que enmarcaba ya desde un primer momento unos trabajos que lograron llamar la atención de la crítica y del propio presidente estadounidense Richard Nixon.  

Se constata, además, la importancia del arte como vía de escape a una realidad dura que puede transformarse, gracias a la particular sensibilidad del autor, en un mundo casi idílico. El principal ejemplo lo tenemos en la casa que compartió la pintora con su pareja, que pasó de ser una pequeña choza gris a convertirse en un acogedor hogar de cuento. Sin embargo, dejando a un lado las consideraciones meramente creativas, Maudie destaca también por mostrar una historia de amor muy alejada de cursilerías. La directora refleja sin paños calientes la durísima vida en común de ambos, dos seres que parecían más unidos en un principio por su mutuo empeño de salir adelante ante la adversidad que por una atracción mutua. Vista con los ojos de un individuo del siglo XXI, el comportamiento del esposo de la artista, un hombre que no dudó en denigrarla durante años, podría ser considerada como el propio de un maltratador. Sin embargo, queda claro desde un principio las taras emocionales de un pobre diablo criado en un orfanato al que costaba expresar sus sentimientos más tiernos. El mérito de Maud fue defenderse de sus ataques demostrando su valía como persona y lograr que el tipo desagradable que la contrató casi como una esclava terminará enamorándose y realizando las tareas domésticas para que ella pudiera dedicarse plenamente a su labor como pintora cuando alcanzó cierto reconocimiento.  

Walsh consigue emocionar sin excesivos subrayados y sacando partido de la dura belleza del paisaje de Nueva Escocia, ensalzado por la artista canadiense en sus cuadros, y el trabajo de su pareja de actores protagonistas. La británica Sally Hawkins inyecta la energía necesaria a una mujer que supo poner buena cara al mal tiempo. En ciertos momentos, su personaje parece una variación de aquel que interpretara en Happy, un cuento sobre la felicidad, cinta de Mike Leigh donde daba vida a una incansable optimista. Por su parte, el estadounidense Ethan Hawke imprime cierta ternura a ese marido rudo de acciones reprobables que acabó sintiendo verdadero cariño por la mujer que despreció en un principio. 

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