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BABY DRIVER

Escrito por Maria Vives
  • Producción
    Big Talk Productions / Media Rights Capital / TriStar Productions / Working Title Films, Reino Unido-Estados Unidos, 2017.
  • Dirección
    Edgar Wright
  • Guión
    Edgar Wright
  • Fotografía
    Bill Pope
  • Música
    Steven Price y varios
  • Montaje
    Jonathan Amos
  • Distribuidora
    Sony
  • Estreno
    07 Julio 2017
  • Duración
    115 min.
  • Intérpretes
    Ansel Elgort (Baby), Kevin Spacey (Doc), Lily James (Deborah), Jon Bernthal (Griff), Eiza González (Darling), Jon Hamm (Buddy), Jamie Foxx (Bats), Flea (Eddie).

baby2El chico que hablaba poco y conducía rápido

Baby Driver abre con una secuencia de prodigiosa rapidez coreografiada al ritmo de la música. En la fuga tras un atraco, Baby, un chico de cara inocente y actitud ausente y concentrada solo en sus auriculares y el volante, ejecuta una impresionante carrera para llevar a unos atracadores fuera del alcance de la policía. El espectáculo ha comenzado: Baby conduce —y vive— siempre al ritmo de la música: soul rítmico con arreglos de batería, country, jazz, pop, rock and roll… Incluso por las cintas cassettes que almacena en su casa se puede adivinar que al chico también le van Chopin y la música clásica.

Y es que, nos va explicando Edgar Wright, Baby disimula con el sonido de las canciones los acúfenos que atormentan sus oídos tras un accidente en el que murieron sus padres. Unos flashbacks muy medidos nos muestran a su madre, cantante, maltratada por el padre de Baby. Y que el accidente lo marcó tanto que, cuando alguno de la banda mata por accidente a alguien, Baby entra en shock y se bloquea.

Nos encontramos con una de esas películas que provocan una identificación fuerte con el protagonista. Y no solo porque Baby sea reconcentrado, sensible y honrado —todo lo que le permite la deuda que tiene que saldar con Doc, un criminal que trabaja siempre con distintas bandas, pero que lo tiene de amuleto—, sino porque Edgar Wright nos hace ver el mundo desde su mirada y sus oídos. Tanto que todo parece bailar al ritmo de la música que escucha Baby: los coches, la policía, todo cuanto compone el mundo entra en una coreografía espectacular que acompasa la vida entera. Los escasos momentos en que la música para, los acúfenos nos atormentan también a nosotros. Y la chica de sus sueños —porque Wright, como lo ha demostrado en sus otras producciones, es profundamente romántico— entra en su vida sirviendo como camarera en el mismo bar donde trabajaba su madre y, cómo no, al ritmo de una canción. Y es que el amor en Baby Driver es baile, ritmo, música… Y lo es también la acción: vean, si no, las escenas a las que acompaña Easy, de Lionel Ritchie; la loca persecución al ritmo de The Champs tocando Tequila, o el clímax con Brighton Rock, de Queen, con un solo de Brian May a la guitarra que parecería compuesto para la escena. Y Baby Driver, de Simon y Garfunkel, que da nombre a la historia y al protagonista.

            Baby Driver es puro espectáculo visual y rítmico, entretenimiento del bueno. A los que les va la música, les será muy difícil mantenerse quietos en sus asientos: Baby ha cogido el volante y se dispone a pinchar sus discos…

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