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EN LA VÍA LÁCTEA

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Producción
    BN Films / Pinball London (Serbia, México, Estados Unidos, Reino Unido, 2016)
  • Dirección
    Emir Kusturica
  • Guión
    Dunja Kusturica, Emir Kusturica
  • Fotografía
    Martin Sec
  • Música
    Stribor Kusturica
  • Montaje
    Svetolik Zajc
  • Distribuidora
    Surtsey
  • Estreno
    14 Julio 2017
  • Duración
    125 min.
  • Intérpretes
    Monica Bellucci, Emir Kusturica, Sergej Trifunovic, Miki Manojlovic, Bajram Severdzan, Maria Darkina

enlavia2Kusturica se hace mayor

            En el contexto más hostil, desde la dictadura comunista de Yugoslavia a las guerras de los Balcanes de la última década del siglo pasado, el cine de Emir Kusturica (Sarajevo, 1954) destacaba por su humor vitalista y rompedor, su capacidad para la caricatura amable, el sainete –más que el esperpento- a cargo de tipos entrañables y la narrativa anárquica y generosa en situaciones surrealistas. Un cine antiintelectual y festivo, de espíritu gamberro, con ganas de insuflar vitalismo en medio de las disputas pueblerinas o de la guerra más cruel. El cliché de que los cineatas del Este son muy serios se hace añicos con tipos como Kusturica, su compatriota Dusan Makavejev o los checos Jiri Menzel y Jan Sverak.

No tiene tras de sí una gran filmografía –apenas una decena de largometrajes y otras piezas menores- probablemente porque también se ha dedicado a la música, habiendo liderado una banda de rock de proyección internacional. Pero no cabe duda de su personalidad desde sus inicios en los ochenta con Papá está en viaje de negocios (1984) y El tiempo de los gitanos (1988) –que ha tenido una versión de ópera punk- a las que hay que sumar, al menos, Underground (1995), Gato negro, gato blanco (1998) y La vida es un milagro (2004), todos ellos títulos muy difundidos gracias a la proyección otorgada por los festivales internacionales de primer rango en que han participado habitualmente.

Esta Vía Láctea puede hacer referencia, como en Buñuel, al Camino de Santiago como itinerario espiritual en busca de la paz o del sentido de la vida, pues algo de esto plantea la fábula protagonizada por Kosta (Emir Kusturica); pero más bien renueva el de la comedia de Leo McCarey La vía láctea (The Milky Way, 1936) al situar en el centro a un lechero que ve su vida trastocada por un incidente, en lo que también coincide Kosta. En un primer segmento, Kosta va con su mula, sus bidones militares llenos de leche y un paraguas que parece destinado a la protección mágica de balas y granadas. Es un tiempo de guerra donde los gansos acaban en una bañera llena de sangre de matanza, los paisanos de la resistencia confían en una próxima tregua y Milena espera casarse con Kosta.

Todos los planes se desbaratan con la llegada de Nevesta (Monica Bellucci), una enigmática refugiada que llega como prometida de Zaga, el hermano de Milena. Desde el primer encuentro Kosta se ve atraído por ella. Efectivamente se produce un alto el fuego y las dos novias preparan sus trajes nupciales, pero unos soldados vestidos de negro y llegados en un helicóptero siembran el terror en la aldea; a duras penas quedan como únicos supervivientes que emprenden una peligrosa huida seguidos de cerca por esos violentos soldados, provistos de lanzallamas con que arrasar sin piedad cuanto se mueva. Esa huida lleva a los enamorados a un paraíso que sólo se hace realidad en sus deseos inmarcesibles.

Kusturica filma una fábula en dos tiempos; el primero entronca con su cine de humor, gentes dislocadas por las situaciones, elementos fabulosos y, sobre todo, el papel de los animales (halcón amigo, serpiente salvadora, gansos que preludian la violencia). Todo resulta vitalista y caótico, pero siempre esperanzado. A partir de los soldados de negro, el relato deja de ser coral y estar enriquecido con muchos flecos para centrarse en la huida de la pareja de Nevesta y Kosta; los dos tienen que esconderse en las montañas áridas o sumergirse en el río; Kosta queda malherido y ella le carga en su espalda… todo un calvario de supervivencia. Cuando consiguen un “lugar en el mundo”, con la cabañita junto al río, sobreviene una destrucción inexplicable. Se simplifica la narración y el humor sigue presente, aunque superado por la fantasía y los elementos surrealistas que coexisten con una realidad muy identificable, como todo el episodio de las ovejas en el campo de minas o los soldados persiguiendo mariposas blancas. En el epílogo, quince años después, Kostas se ha retirado como un monje, ordeña las cabras y construye un espacio con piedras sagradas que quiere conjurar todas las desgracias.

En la vía láctea no es una película fácil porque el Kusturica más conocido y apreciado da paso a otro más maduro, que trata de buscar más las emociones y el equilibrio afectivo que la diversión pícara o el placer de la caricatura. La abundancia de exteriores, los planos aéreos y el rol de los animales subrayan la condición frágil de los seres humanos, su ubicación a la intemperie y el azar que les puede llevar a situaciones contrapuestas, de la risa al llanto. Creo que esta evolución es muy consecuente, pero me temo que en cuanto creación artística ofrezca menos interés y novedad; y el posible trasfondo religioso queda como un apunte demasiado elemental. En todo caso, una obra interesante que adquiere mayor elocuencia si se pone en diálogo con el resto de la carrera de Emir Kusturica. Ahora lo que toca es una nostalgia del paraíso que, por más que se nos niegue su realidad, resulta insoslayable en su deseo. 

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