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LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

Escrito por Diego Salgado
  • Titulo Original
    War for the Planet of the Apes
  • Producción
    20th Century Fox / Chernin Entertainment (Estados Unidos, 2017)
  • Dirección
    Matt Reeves
  • Guión
    Mark Bomback y Matt Reeves a partir de la novela de Pierre Boulle
  • Fotografía
    Michael Seresin
  • Música
    Michael Giacchino
  • Montaje
    William Hoy y Stan Salfas
  • Distribuidora
    20th Century Fox
  • Estreno
    12 Julio 2017
  • Duración
    142 min.
  • Intérpretes
    Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn, Judy Greer, Gabriel Chavarria, Max Lloyd-Jones, Terry Notary, Sara Canning, Ty Olsson, Devyn Dalton

guerrasimios2La pregunta sobre la inteligencia de los no humanos 

Como apreciará por sí mismo el espectador, en especial ante sus últimos minutos, esta tercera entrega de la relectura por 20th Century Fox de la serie de ciencia ficción producida en los años setenta por el propio estudio, supone una clausura evidente al arco dramático planteado en El origen del planeta de los simios (2011) y desarrollado en El amanecer del planeta de los simios (2014). El primer filme contaba cómo el chimpancé César y otros primates con cuya inteligencia se había experimentado, lograban escapar de zoos y laboratorios y convertían un espacio natural próximo a San Francisco en su hogar. En el segundo, los seres humanos habían de lidiar con la supremacía creciente de los simios, y con la pandemia mundial derivada de una mutación imprevista de la fórmula empleada para aumentar el coeficiente intelectual de los animales. En La guerra del planeta de los simios, el antagonismo entre nuestra especie, al borde de la extinción, y la liderada por César, ha desembocado en guerra abierta. Un coronel renegado del ejército estadounidense y sus hombres se infiltran en la morada de los primates, y causan una masacre. Los animales inician un éxodo hacia otro lugar seguro, pero César no capitanea su larga marcha. Prefiere quedarse atrás y luchar contra el militar. En parte, porque comprende que, mientras no sean derrotados, el humano y las tropas a su cargo serán una continua amenaza. En parte, porque desea vengarse…

El quid argumental de La guerra del planeta de los simios reside, pues, en la duda acerca de si otro ser vivo puede adquirir la inteligencia del ser humano, y soslayar en el proceso las vertientes menos recomendables de la misma, las tendencias crueles y maquiavélicas. Una tesis de sumo interés que, sin embargo, no se materializa en imágenes con la convicción deseada, como ya sucedía en El amanecer del planeta de los simios, asimismo coescrita y realizada por Matt Reeves. Frente al equilibrio entre formas y discurso que caracterizó El origen del planeta de los simios, obra de Rupert Wyatt, sus dos secuelas han apostado por primar la retórica; por aunar brillantes efectos especiales y prédicas de alto voltaje sentimental, hasta devenir superproducciones importantes, fatigosas para empezar en sus metrajes, que se han dejado por el camino la naturalidad y el alcance como relatos. Algo que se agrava ahora por tratarse de un mero corregido y aumentado de su antecesora, ser una película muy similar en lo tocante a su estructura; y por apelar a niveles escenográficos y de atmósfera a Apocalypse Now (1979), como ha hecho también en 2017 otro título con simio como protagonista, Kong: La Isla Calavera, sin que en uno y otro caso el recurso creativo –como se ve, muy obvio– haya tenido trascendencia más allá del guiño pop.

El primer plano de la cinta, en el que Matt Reeves, uno de los directores estadounidenses de hoy más atentos a los potenciales del lenguaje cinematográfico, hace gala de innegable virtuosismo al trazar una panorámica morosa sobre los cascos de un grupo de soldados que se acercan con sigilo a posiciones enemigas –cascos adornados hasta lo paródico con todo tipo de consignas contra los simios–, expone de inmediato lo que será la propuesta: una suma de géneros –bélico, de aventuras, hasta carcelario– operada en clave de representación espectacular, con ecos emocionales y referenciales primarios, y en la que rige la hiperinflación del signo sobre su contenido. Así, los lances sucesivos de César, que le llevan a adoptar a regañadientes a una niña humana o a organizar una fuga masiva de simios capturados por los militares, agotan su impacto nada más concluir cada una de las secuencias, a pesar de los esfuerzos casi desesperados por transmitir algo más. El desenlace mismo, que, como apuntábamos al inicio, intenta servir de colofón, no a este filme en concreto, sino a toda una trilogía, fracasa hasta cierto punto en sus connotaciones alegóricas –el alba de un nuevo Jardín del Edén en el que no existe un dios guardián– y en su empeño por hacer de César el protagonista de una gran novela.

Lo que le ha ocurrido al primate rebelde tras El origen del planeta de los simios carece de relieve, su evolución en tanto criatura de ficción ha sido insustancial a partir de entonces. Resulta más fructífero considerarle depositario de otro progreso: el de los efectos digitales –motivo esencial a la hora de justificar esta recreación de la saga original–, perfeccionados episodio a episodio hasta hacer de los ojos de César testimonio privilegiado de los avances en la búsqueda de un rostro virtual emancipado de su arquetipo material; de una imagen susceptible de alumbrar expresiones deudoras en su integridad, no del ser humano que presta hoy por hoy a tal efecto sus gestos y movimientos –en esta serie, Andy Serkis–, como de programas informáticos que dejarán de precisar con el tiempo de la captura fotográfica de actores para generar píxeles elocuentes. Aunque se hable a menudo de otras en base apenas a detalles, la resonancia política más pertinente de La guerra del planeta de los simios y sus predecesoras atañe a la equiparación entre la libertad que adquieren los animales en la ficción, y la que propicia la tecnología. Si, cuando termina la película, César cede algún testigo provechoso al futuro, es el relacionado con una conquista artística en marcha que puede cifrar desde ya en la existencia de este personaje un gran paso adelante.

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